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Lamentaciones

Lamentaciones 2

1 ¡Tan grande ha sido el enojo del Señor,

que ha oscurecido a la bella Sión!

Ha derribado la hermosura de Israel,

como del cielo a la tierra;

ni siquiera se acordó, en su enojo,

del estrado de sus pies.

2 El Señor no ha dejado en pie

ni una sola de las casas de Jacob;

en un momento de furor ha destruido

las fortalezas de la bella Judá;

ha echado por tierra, humillados,

al reino y sus gobernantes.

3 Al encenderse su enojo, cortó de un tajo

todo el poder de Israel.

Nos retiró el apoyo de su poder

al enfrentarnos con el enemigo;

¡ha prendido en Jacob un fuego

que devora todo lo que encuentra!

4 El Señor, como un enemigo,

tensó el arco, afirmó el brazo;

igual que un adversario,

destrozó lo que era agradable a la vista;

como un fuego, lanzó su enojo

sobre el campamento de la bella Sión.

5 El Señor actuó como un enemigo:

destruyó por completo a Israel;

derrumbó todos sus palacios,

derribó sus fortalezas,

colmó a la bella Judá

de aflicción tras aflicción.

6 Como un ladrón, hizo violencia a su santuario;

destruyó el lugar de las reuniones.

El Señor hizo que en Sión se olvidaran

las fiestas y los sábados.

En el ardor de su enojo,

rechazó al rey y al sacerdote.

7 El Señor ha rechazado su altar,

ha despreciado su santuario;

ha entregado en poder del enemigo

las murallas que protegían la ciudad.

¡Hay un griterío en el templo del Señor,

como si fuera día de fiesta!

8 El Señor decidió derrumbar

las murallas de la bella Sión.

Trazó el plan de destrucción

y lo llevó a cabo sin descanso.

Paredes y murallas, que él ha envuelto en luto,

se han venido abajo al mismo tiempo.

9 La ciudad no tiene puertas ni cerrojos:

¡quedaron destrozados, tirados por el suelo!

Su rey y sus gobernantes están entre paganos;

ya no existe la ley de Dios.

¡Ni siquiera sus profetas tienen

visiones de parte del Señor!

10 Los ancianos de la bella Sión

se sientan silenciosos en el suelo,

se echan polvo sobre la cabeza

y se visten de ropas burdas.

Las jóvenes de Jerusalén

agachan la cabeza hasta el suelo.

11 El llanto acaba con mis ojos,

y siento que el pecho me revienta;

mi ánimo se ha venido al suelo

al ver destruida la ciudad de mi gente,

al ver que hasta los niños de pecho

mueren de hambre por las calles.

12 Decían los niños a sus madres:

«¡Ya no tenemos pan ni vino!»

Y caían como heridos de muerte

por las calles de la ciudad,

exhalando el último suspiro

en brazos de sus madres.

13 ¿A qué te puedo comparar o asemejar,

hermosa Jerusalén?

¿Qué ejemplo puedo poner para consolarte,

pura y bella ciudad de Sión?

Enorme como el mar ha sido tu destrucción;

¿quién podrá darte alivio?

14 Las visiones que tus profetas te anunciaron

no eran más que un vil engaño.

No pusieron tu pecado al descubierto

para hacer cambiar tu suerte;

te anunciaron visiones engañosas,

y te hicieron creer en ellas.

15 Al verte, los que van por el camino

aplauden en son de burla;

silban y mueven burlones la cabeza,

diciendo de la bella Jerusalén:

«¿Y es esta la ciudad a la que llaman

la máxima belleza de la tierra?»

16 Todos tus enemigos

abren la boca en contra tuya.

Entre silbidos y gestos de amenaza, dicen:

«La hemos arruinado por completo.

Este es el día que tanto esperábamos;

¡por fin pudimos verlo!»

17 El Señor llevó a cabo sus planes,

cumplió su palabra.

Destruyó sin miramientos

lo que mucho antes había resuelto destruir,

permitió que el enemigo se riera de ti

y puso en alto el poderdel adversario.

18 ¡Pídele ayuda al Señor,

bella ciudad de Sión!

¡Deja correr de día y de noche

el torrente de tus lágrimas!

¡No dejes de llorar,

no des reposo a tus ojos!

19 Levántate, grita por las noches,

grita hora tras hora;

vacía tu corazón delante del Señor,

déjalo que corra como el agua;

dirige a él tus manos suplicantes

y ruega por la vida de tus niños,

que en las esquinas de las calles

mueren por falta de alimentos.

20 Mira, Señor, ponte a pensar

que nunca a nadie has tratado así.

¿Tendrán acaso las madres

que comerse a sus niños de pecho?

¿Tendrán los sacerdotes y profetas

que ser asesinados en tu santuario?

21 Tendidos por las calles

se ven jóvenes y ancianos;

mis jóvenes y jovencitas

cayeron a filo de espada.

En el día de tu ira, heriste de muerte,

¡mataste sin miramientos!

22 Has hecho venir peligros de todos lados,

como si acudieran a una fiesta;

en el día de tu ira, Señor,

no hubo nadie que escapara.

A los que yo crié y eduqué,

el enemigo los mató.

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Lamentaciones

Lamentaciones 3

1 Yo soy el que ha experimentado el sufrimiento

bajo los golpes de la furia del Señor.

2 Me ha llevado a regiones oscuras,

me ha hecho andar por caminos sin luz;

3 una y otra vez, a todas horas,

descarga su mano sobre mí.

4 Ha hecho envejecer mi carne y mi piel,

ha hecho pedazos mis huesos;

5 ha levantado a mi alrededor

un cerco de amargura y sufrimientos;

6 me ha hecho vivir en las sombras,

como los que murieron hace tiempo.

7 Me encerró en un cerco sin salida;

me oprimió con pesadas cadenas;

8 aunque grité pidiendo ayuda,

no hizo caso de mis ruegos;

9 me cerró el paso con muros de piedra,

¡cambió el curso de mis senderos!

10 Él ha sido para mí como un león escondido,

como un oso a punto de atacarme.

11 Me ha desviado del camino, me ha desgarrado,

¡me ha dejado lleno de terror!

12 ¡Tensó el arco y me puso

como blanco de sus flechas!

13 Las flechas lanzadas por el Señor

se me han clavado muy hondo.

14 Toda mi gente se burla de mí;

a todas horas soy el tema de sus burlas.

15 El Señor me ha llenado de amarguras;

amarga es la bebida que me ha dado.

16 Me estrelló los dientes contra el suelo;

me hizo morder el polvo.

17 De mí se ha alejado la paz

y he olvidado ya lo que es la dicha.

18 Hasta he llegado a pensar que ha muerto

mi firme esperanza en el Señor.

19 Recuerdo mi tristeza y soledad,

mi amargura y sufrimiento;

20 me pongo a pensar en ello

y el ánimo se me viene abajo.

21 Pero una cosa quiero tener presente

y poner en ella mi esperanza:

22 El amor del Señor no tiene fin,

ni se han agotado sus bondades.

23 Cada mañana se renuevan;

¡qué grande es su fidelidad!

24 Y me digo: ¡El Señor lo es todo para mí;

por eso en él confío!

25 El Señor es bueno con los que en él confían,

con los que a él recurren.

26 Es mejor esperar en silencio

a que el Señor nos ayude.

27 Es mejor que el hombre se someta

desde su juventud.

28 El hombre debe quedarse solo y callado

cuando el Señor se lo impone;

29 debe, humillado, besar el suelo,

pues tal vez aún haya esperanza;

30 debe ofrecer la mejilla a quien le hiera,

y recibir el máximo de ofensas.

31 El Señor no ha de abandonarnos

para siempre.

32 Aunque hace sufrir, también se compadece,

porque su amor es inmenso.

33 Realmente no le agrada afligir

ni causar dolor a los hombres.

34 El pisotear sin compasión

a los prisioneros del país,

35 el violar los derechos de un hombre

en la propia cara del Altísimo,

36 el torcer la justicia de un proceso,

son cosas que el Señor condena.

37 Cuando algo se dice, cuando algo pasa,

es porque el Señor lo ha ordenado.

38 Tanto los bienes como los males

vienen porque el Altísimo así lo dispone.

39 Siendo el hombre un pecador,

¿de qué se queja en esta vida?

40 Reflexionemos seriamente en nuestra conducta,

y volvamos nuevamente al Señor.

41 Elevemos al Dios del cielo

nuestros pensamientos y oraciones.

42 Nosotros pecamos y fuimos rebeldes,

y tú no perdonaste.

43 Nos rodeaste con tu furia, nos perseguiste,

¡nos quitaste la vida sin miramientos!

44 Te envolviste en una nube

para no escuchar nuestros ruegos.

45 Nos has tratado como a vil basura

delante de toda la gente.

46 Todos nuestros enemigos

abren la boca en contra de nosotros;

47 temores, trampas, destrucción y ruina,

¡eso es lo que nos ha tocado!

48 Ríos de lágrimas brotan de mis ojos

ante la destrucción de mi amada ciudad.

49 Lloran mis ojos sin descanso,

pues no habrá alivio

50 hasta que el Señor del cielo

nos mire desde lo alto.

51 Me duelen los ojos hasta el alma,

por lo ocurrido a las hijas de mi ciudad.

52 Sin tener ningún motivo,

mis enemigos me han cazado como a un ave;

53 me enterraron vivo en un pozo,

y con una piedra taparon la salida.

54 El agua me ha cubierto por completo,

y he pensado: «Estoy perdido.»

55 Yo, Señor, invoco tu nombre

desde lo más profundo del pozo:

56 tú escuchas mi voz,

y no dejas de atender a mis ruegos.

57 El día que te llamo, vienes a mí,

y me dices: «No tengas miedo.»

58 Tú me defiendes, Señor, en mi lucha,

tú rescatas mi vida.

59 Tú ves, Señor, las injusticias que sufro,

¡hazme justicia!

60 Tú ves sus deseos de venganza

y todos los planes que hacen contra mí.

61 Escucha, Señor, sus ofensas

y todos los planes que hacen contra mí;

62 las habladurías de mis enemigos,

que a todas horas hablan en contra mía.

63 ¡Mira cómo en todas sus acciones

soy objeto de sus burlas!

64 Dales, Señor, su merecido,

dales lo que sus hechos merecen.

65 Enduréceles el entendimiento,

y pon sobre ellos tu maldición.

66 Persíguelos con furia, Señor,

¡haz que desaparezcan de este mundo!

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Lamentaciones 4

1 ¡Cómo se ha empañado el oro!

¡Cómo perdió su brillo el oro fino!

¡Esparcidas por todas las esquinas

están las piedras del santuario!

2 Los habitantes de Sión, tan estimados,

los que valían su peso en oro,

ahora son tratados como ollas de barro

hechas por un simple alfarero.

3 Hasta las hembras de los chacales dan la teta

y amamantan a sus cachorros,

pero la capital de mi pueblo es cruel,

cruel como un avestruz del desierto.

4 Tienen tanta sed los niños de pecho

que la lengua se les pega al paladar.

Piden los niños pan,

pero no hay nadie que se lo dé.

5 Los que antes comían en abundancia,

ahora mueren de hambre por las calles.

Los que crecieron en medio de lujos,

ahora viven en los muladares.

6 La maldad de la capital de mi pueblo

es mayor que el pecado de Sodoma,

la cual fue destruida en un instante

sin que nadie la atacara.

7 Más blancos que la nieve eran sus hombres escogidos,

más blancos que la leche;

su cuerpo, más rojizo que el coral;

su porte, hermoso como el zafiro.

8 Pero ahora se ven más sombríos que las tinieblas;

nadie en la calle podría reconocerlos.

La piel se les pega a los huesos,

¡la tienen seca como leña!

9 Mejor les fue a los que murieron en batalla

que a los que murieron de hambre,

porque estos murieron lentamente

al faltarles los frutos de la tierra.

10 Con sus propias manos,

mujeres de buen corazón cocieron a sus hijos;

sus propios hijos les sirvieron de comida

al ser destruida la capital de mi pueblo.

11 El Señor agotó su enojo,

dio rienda suelta al ardor de su furia;

le prendió fuego a Sión

y destruyó hasta sus cimientos.

12 Jamás creyeron los reyes de la tierra,

todos los que reinaban en el mundo,

que el enemigo, el adversario,

entraría por las puertas de Jerusalén.

13 ¡Y todo por el pecado de sus profetas,

por la maldad de sus sacerdotes,

que dentro de la ciudad misma

derramaron sangre inocente!

14 Caminan inseguros, como ciegos,

por las calles de la ciudad;

tan sucios están de sangre

que nadie se atreve a tocarles la ropa.

15 «¡Apártense, apártense —les gritan—;

son gente impura, no los toquen!»

«Son vagabundos en fuga —dicen los paganos—,

no pueden seguir viviendo aquí.»

16 La presencia del Señor los dispersó,

y no volvió a dirigirles la mirada.

No hubo respeto para los sacerdotes

ni compasión para los ancianos.

17 Con los ojos cansados, pero atentos,

en vano esperamos ayuda.

Pendientes estamos de la llegada

de un pueblo que no puede salvar.

18 Vigilan todos nuestros pasos;

no podemos salir a la calle.

Nuestro fin está cerca, nos ha llegado la hora;

¡ha llegado nuestro fin!

19 Más veloces que las águilas del cielo

son nuestros perseguidores;

nos persiguen por los montes,

¡nos ponen trampas en el desierto!

20 Preso ha caídoel escogido del Señor,

el que daba aliento a nuestra vida,

el rey de quien decíamos:

«A su sombraviviremos entre los pueblos.»

21 ¡Ríete, alégrate, nación de Edom;

tú que reinas en la región de Us!

¡También a ti te llegará el trago amargo,

y quedarás borracha y desnuda!

22 Tu castigo ha terminado, ciudad de Sión;

el Señor no volverá a desterrarte.

Pero castigará tu maldad, nación de Edom,

y pondrá al descubierto tus pecados.

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Lamentaciones

Lamentaciones 5

1 Recuerda, Señor, lo que nos ha pasado;

míranos, ve cómo nos ofenden.

2 Todo lo nuestro está ahora en manos de extranjeros;

ahora nuestras casas son de gente extraña.

3 Estamos huérfanos, sin padre;

nuestras madres han quedado como viudas.

4 ¡Nuestra propia agua tenemos que comprarla;

nuestra propia leña tenemos que pagarla!

5 Nos han puesto un yugo en el cuello;

nos cansamos, y no nos dejan descansar.

6 Para llenarnos de pan, tendemos la mano

a los egipcios y a los asirios.

7 Nuestros padres pecaron, y ya no existen,

y nosotros cargamos con sus culpas.

8 Ahora somos dominados por esclavos,

y no hay quien nos libre de sus manos.

9 El pan lo conseguimos a riesgo de la vida

y a pesar de los guerreros del desierto.

10 La piel nos arde como un horno,

por la fiebre que el hambre nos causa.

11 En Sión y en las ciudades de Judá,

mujeres y niñas han sido deshonradas.

12 Nuestros jefes fueron colgados de las manos,

los ancianos no fueron respetados.

13 A los hombres más fuertes los pusieron a moler;

los jóvenes cayeron bajo el peso de la leña.

14 Ya no hay ancianos a las puertas de la ciudad;

ya no se escuchan canciones juveniles.

15 Ya no tenemos alegría en el corazón;

nuestras danzas de alegría acabaron en tristeza.

16 Se nos cayó de la cabeza la corona;

¡ay de nosotros, que hemos pecado!

17 Por eso tenemos enfermo el corazón;

por eso se nos nubla la vista.

18 El monte Siónes un montón de ruinas;

en él van y vienen las zorras.

19 Pero tú, Señor, por siempre reinarás;

¡siempre estarás en tu trono!

20 ¿Por qué has de olvidarnos para siempre?

¿Por qué has de abandonarnos tanto tiempo?

21 ¡Haznos volver a ti, Señor, y volveremos!

¡Haz que nuestra vida sea otra vez lo que antes fue!

22 Pero tú nos has rechazado por completo;

mucho ha sido tu enojo con nosotros.

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Ezequiel

Ezequiel 1

Visión del trono de Dios

1-3 Yo, el sacerdote Ezequiel, hijo de Buzí, estaba un día a orillas del río Quebar,en Babilonia, entre los que habían sido llevados al destierro. En esto se abrió el cielo,y vi a Dios en una visión. Era el día cinco del mes cuarto del año treinta,cinco años después que el rey Joaquín había sido llevado al destierro.El Señor puso su mano sobre mí.

4 Entonces vi que del norte venía un viento huracanado; de una gran nube salía un fuegocomo de relámpagos, y en su derredor había un fuerte resplandor.En medio del fuego brillaba algo semejante al metal bruñido,

5 y en el centro mismo había algo parecido a cuatro seres con aspecto humano.

6 Cada uno de ellos tenía cuatro caras y cuatro alas;

7 sus piernas eran rectas, con pezuñas como de becerro, y brillaban como bronce muy pulido.

8-9 Además de sus cuatro caras y sus cuatro alas, estos seres tenían manos de hombre en sus cuatro costados, debajo de sus alas. Las alas se tocaban unas con otras. Al andar, no se volvían, sino que caminaban de frente.

10 Las caras de los cuatro seres tenían este aspecto: por delante, su cara era la de un hombre; a la derecha, la de un león; a la izquierda, la de un toro; y por detrás, la de un águila.

11 Las alasse extendían hacia arriba. Dos de ellas se tocaban entre sí, y con las otras dos se cubrían el cuerpo.

12 Todos caminaban de frente, y no se volvían al andar. Iban en la dirección en que el poder de Dios los llevaba.

13 El aspecto de los seres era como de carbones encendidos, o como de algo parecido a antorchasque iban y venían en medio de ellos; el fuego era resplandeciente, y de él salían relámpagos.

14 Los seres iban y venían rápidamente, como si fueran relámpagos.

15 Miré a aquellos seres y vi que en el suelo, al lado de cada uno de ellos, había una rueda.

16 Las cuatro ruedas eran iguales y, por la manera en que estaban hechas, brillaban como el topacio. Parecía como si dentro de cada rueda hubiera otra rueda.

17 Podían avanzar en cualquiera de las cuatro direcciones, sin tener que volverse.

18 Vique las cuatro ruedas tenían sus aros, y que en su derredor estaban llenas de reflejos.

19 Cuando aquellos seres avanzaban, también avanzaban las ruedas con ellos, y cuando los seres se levantaban del suelo, también se levantaban las ruedas.

20 Los seres se movían en la dirección en que el poder de Dios los impulsaba, y las ruedas se levantaban junto con ellos, porque las ruedas formaban parte viva de los seres.

21 Cuando los seres se movían, se movían también las ruedas, y cuando ellos se detenían, las ruedas también se detenían; y cuando los seres se levantaban del suelo, también las ruedas se levantaban con ellos, porque las ruedas formaban parte viva de los seres.

22 Por encima de sus cabezas se veía una especie de bóveda, brillante como el cristal.

23 Debajo de la bóveda se extendían rectas las alas de aquellos seres, tocándose unas con otras. Con dos de ellas se cubrían el cuerpo.

24 Y oí también el ruido que hacían las alas cuando avanzaban: era como el ruido del agua de un río crecido,como la voz del Todopoderoso,como el ruido de un gran ejército. Cuando se detenían, bajaban las alas.

25 Y salió un ruido de encima de la bóveda que estaba sobre la cabeza de ellos.

26 Encima de la bóveda vi algo como un trono que parecía de zafiro,y sobre aquella especie de trono había alguien que parecía un hombre.

27 De lo que parecía ser su cintura para arriba, vi que brillaba como metal bruñido rodeado de fuego,y de allí para abajo vi algo semejante al fuego. En su derredor había un resplandor

28 parecido al arco iris cuando aparece entre las nubes en un día de lluvia. De esta manera se me presentó la gloria del Señor.Al verla, me incliné hasta tocar el suelo con la frente.

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Ezequiel

Ezequiel 2

Dios llama a Ezequiel

Luego oí una voz

1 que me decía: «Tú, hombre,ponte de pie, que te voy a hablar.»

2 Mientras esa voz me hablaba, entró en mí el poder de Diosy me hizo ponerme de pie.Entonces oí que la voz que me hablaba

3 seguía diciendo: «A ti, hombre, te voy a enviara los israelitas, un pueblo desobediente que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus antepasados se han levantado contra mí hasta este mismo día.

4 También sus hijos son tercos y de cabeza dura.Pues te voy a enviar a ellos, para que les digas: “Esto dice el Señor.”

5 Y ya sea que te hagan caso o no,pues son gente rebelde, sabrán que hay un profeta en medio de ellos.

6 Tú, hombre, no tengas miedo de ellos ni de lo que te digan, aunque te sientas como rodeado de espinos o viviendo entre alacranes. No tengas miedo de lo que te digan ni te asustes ante la cara que pongan, por muy rebeldes que sean.

7 Tú comunícales mis palabras, ya sea que te hagan caso o no, pues son muy rebeldes.

8 Atiende bien lo que te digo, y no seas rebelde como ellos. Abre la boca y come lo que te voy a dar.»

9 Entonces vi una mano extendida hacia mí, la cual tenía un escrito enrollado.

10 La mano lo desenrolló delante de mí. Estaba escrito por ambos lados: eran lamentos, ayes de dolor y amenazas.

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Ezequiel 3

1 Entonces me dijo: «Tú, hombre, cómete este escrito,y luego ve a hablar a la nación de Israel.»

2 Abrí la boca y él me hizo comer el escrito.

3 Luego me dijo: «Trágate ahora este escrito que te doy, y llena con él tu estómago.»

Yo me lo comí, y me supo tan dulce como la miel.

4 Entonces me dijo: «Ve y comunica al pueblo de Israel lo que tengo que decirle.

5 Yo no te envío a un pueblo que habla una lengua complicada o difícil de entender, sino al pueblo de Israel.

6 No te envío a naciones numerosas que hablan idiomas complicados o difíciles, que tú no entenderías. Aunque, si yo te enviara a esos pueblos, ellos te harían caso.

7 En cambio, el pueblo de Israel no va a querer hacerte caso, porque no quiere hacerme caso a mí. Todo el pueblo de Israel es terco y de cabeza dura.

8 Pero yo voy a hacerte tan obstinado y terco como ellos.

9 Voy a hacerte duro como el diamante, más duro que la piedra. No les tengas miedo, ni te asustes ante la cara que pongan, por muy rebeldes que sean.»

10 Luego me dijo: «Escucha atentamente todo lo que te voy a decir, y grábatelo en la memoria.

11 Ve a ver a tus compatriotas que están en el destierro y, ya sea que te hagan caso o no, diles: “Esto dice el Señor.”»

12 Entonces el poder de Dios me levantó, y detrás de mí oí un fuerte ruido, como de un terremoto, al levantarsede su sitio la gloria del Señor.

13 El ruido lo hacían las alas de los seres al rozarse unas con otras, y las ruedas que estaban junto a ellos; el ruido era como el de un gran terremoto.

14 El poder de Dios me levantó y me sacó de allí, y yo me fui triste y amargado, mientras el Señor me agarraba fuertemente con su mano.

15 Y llegué a Tel Abib, a orillas del río Quebar, donde vivían los israelitas desterrados, y durante siete días me quedé allí con ellos, sin saber qué hacer ni qué decir.

Dios pone a Ezequiel como centinela

16 Al cabo de los siete días, el Señor se dirigió a mí, y me dijo:

17 «A ti, hombre, yo te he puesto de centinela para el pueblo de Israel. Cuando yo te comunique algún mensaje, deberás anunciárselo de mi parte, para que estén advertidos.

18 Puede darse el caso de que yo pronuncie sentencia de muerte contra un malvado; pues bien, si tú no le hablas a ese malvado y le adviertes que deje su mala conducta para que pueda seguir viviendo, él morirá por su pecado, pero yo te pediré a ti cuentas de su muerte.

19 Si tú, en cambio, adviertes al malvado y él no deja su maldad ni su mala conducta, él morirá por su pecado, pero tú salvarás tu vida.

20 También puede darse el caso de que un hombre recto deje su vida de rectitud y haga lo malo, y que yo lo ponga en peligro de caer; si tú no se lo adviertes, morirá. Yo no tomaré en cuenta el bien que haya hecho, y morirá por su pecado, pero a ti te pediré cuentas de su muerte.

21 Si tú, en cambio, adviertes a ese hombre que no peque, y él no peca, seguirá viviendo, porque hizo caso de la advertencia, y tú salvarás tu vida.»

Ezequiel se queda mudo

22 El Señor puso allí mismo su mano sobre mí, y me dijo: «Levántate y sal a la llanura, que allí te voy a hablar.»

23 Yo me levanté y salí a la llanura, y allí vi la gloria del Señor, como la había visto a orillas del río Quebar. Me incliné hasta tocar el suelo con la frente,

24 pero el poder de Dios entró en mí y me hizo poner de pie. Entonces el Señor me habló de esta manera: «Ve y enciérrate en tu casa.

25 Mira, te van a atar con cuerdas, de manera que no podrás salir y estar con el pueblo.

26 Además yo voy a hacer que tu lengua se te quede pegada al paladar y que te quedes mudo. No podrás reprenderlos, aunque son un pueblo rebelde.

27 Pero cuando yo quiera decirte algo, te devolveré el habla, y entonces les dirás: “Esto dice el Señor.” El que quiera oír, oirá, pero el que no quiera, no oirá. Porque son un pueblo rebelde.

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Ezequiel 4

Ezequiel anuncia el ataque a Jerusalén

1 »Y tú, hombre, toma un adobe, ponlo delante de ti y dibuja sobre él la ciudad de Jerusalén.

2 Luego rodéala de ejércitos y de instrumentos de asalto, construye un muro a su alrededor, y también una rampa, para que se vea como una ciudad sitiada.

3 Toma en seguida una lámina de hierro y ponla entre ti y la ciudad, como si fuera una muralla, y colócate frente a la ciudad, como si la estuvieras atacando. Esto servirá de señal a los israelitas.

4 »Y tú te acostarás sobre el lado izquierdo, y echarás sobre ti la culpa del pueblo de Israel. Tendrás que estar acostado sobre ese lado, llevando sobre ti su culpa

5 trescientos noventa días, o sea, un día por cada año de culpa de Israel.

6 Cuando hayas cumplido ese tiempo, te acostarás sobre el lado derecho y echarás sobre ti la culpa del reino de Judá durante cuarenta días. Un día por cada año de culpa.

7 Luego te volverás hacia Jerusalén, rodeada de enemigos; te desnudarás el brazo y hablarás en mi nombre contra ella.

8 Mira, te voy a atar con cuerdas, para que no te puedas volver de un lado a otro hasta que completes los días en que debes estar sufriendo.

9 »Toma en seguida un poco de trigo, cebada, mijo y avena, y también habas y lentejas; mézclalo todo en una sola vasija y haz con ello tu pan. Eso es lo que comerás durante los trescientos noventa días que estarás acostado sobre el lado izquierdo.

10 Tomarás tu comida a horas fijas, en raciones de un cuarto de kilo por día;

11 el agua la tomarás también a horas fijas, en raciones de medio litro por día.

12 Tu comida será una torta de cebada, cocida en fuego de estiércol humano, y la prepararás donde la gente te vea.»

13 Luego añadió el Señor: «Comida impura como esa es la que tendrán que comer los israelitas en los países a donde los voy a desterrar.»

14 Yo le contesté: «Pero, Señor, yo nunca en mi vida he tocado nada impuro;nunca he comido carne de un animal muerto por sí solo, o despedazado por las fieras, ni he probado nunca carne impura.»

15 Entonces él me dijo: «Bueno, te permito que uses estiércol de vaca en vez de estiércol humano, para cocer tu pan.»

16 Después me dijo: «Voy a hacer que falten alimentos en Jerusalén. La comida estará racionada, y la gente se la comerá con angustia; el agua estará medida, y la beberán llenos de miedo.

17 Les faltará agua y comida, y unos a otros se mirarán llenos de miedo. Y por sus pecados se irán pudriendo en vida.»

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Ezequiel 5

1 El Señor me dijo: «Ahora, hombre, toma un cuchillo afilado como navaja de afeitar, y rápate la cabeza y la barba.Toma luego una balanza, y divide tu pelo en tres partes.

2 Cuando termine el ataque a la ciudad, quema una de las tres partes del pelo en medio de la ciudad; toma después un cuchillo, y corta otra de esas tres partes de pelo alrededor de la ciudad, y la parte restante lánzala al viento. Yo iré detrás de la gente de la ciudad, con una espada en la mano.

3 Toma unos cuantos de aquellos pelos, y átalos en el borde de tu vestido.

4 Toma luego unos pocos de ellos, y échalos al fuego para que se quemen. De allí saldrá fuego contra todo el pueblo de Israel.

5 »Yo, el Señor, lo digo: Ahí está Jerusalén. Yo fui quien la puso en medio de los pueblos y naciones.

6 Pero ella se rebeló contra mis leyes y mandatos, y ha resultado peor que los pueblos y naciones a su alrededor, pues no obedece mis leyes ni sigue mis mandatos.

7 »Por eso yo, el Señor, lo digo: Ustedes han sido más rebeldesque los pueblos que los rodean, y no han seguido mis mandatos; ni siquiera han cumplido las leyes de los pueblos que los rodean.

8 Por eso yo, el Señor, lo digo: Yo también me voy a poner contra ti, Jerusalén; voy a ejecutar la sentencia contra ti a la vista de las naciones,

9 como nunca lo había hecho ni volveré a hacerlo. Tan detestables son todas tus acciones.

10 Dentro de ti habrá padres que se coman a sus hijos,e hijos que se coman a sus padres. Ejecutaré la sentencia contra ti, y a los que sobrevivan los dispersaré a los cuatro vientos.

11 Yo, el Señor, lo juro por mi vida: como ustedes han profanado mi santo templo con sus ídolos inmundos y sus acciones detestables, también yo los voy a destrozar sin misericordia; no tendré compasión de ustedes.

12 Una tercera parte de tus habitantes morirá de peste y de hambre dentro de ti, otra tercera parte caerá asesinada por los enemigos en los alrededores, y a la tercera parte restante la dispersaré a los cuatro vientos. Yo iré detrás de ellos con una espada en la mano.

13 Entonces descargaré mi furor; haré que mi ira contra ellos quede satisfecha, y me calmaré. Y cuando haya descargado mi ira contra ellos, sabrán que yo, el Señor, fui quien lo dijo en el ardor de mis celos.,

14 Yo te convertiré en un montón de ruinas, Jerusalén; te humillaré en medio de los pueblos que te rodean, para que lo vean todos los que pasen.

15 Cuando yo ejecute con ira y furor la sentencia contra ti, y te castigue duramente, todos te insultarán y te ofenderán, y servirás de escarmiento terrible para los pueblos que te rodean. Yo, el Señor, lo he dicho.

16 Yo haré que venga el hambre sobre ustedes, como terribles flechas destructoras. Sí, haré que vengan sobre ustedes la destrucción y el hambre y la escasez de alimentos.

17 Sí, haré venir sobre ustedes hambre, enfermedad y muerte, y animales feroces que los dejarán sin hijos; y haré que muchos de ustedes mueran en la guerra.Yo, el Señor, lo he dicho.»

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Ezequiel

Ezequiel 6

Ezequiel denuncia la idolatría

1 El Señor se dirigió a mí, y me dijo:

2 «Mira hacia los montes de Israel, y háblales en mi nombre

3 de la siguiente manera: “Escuchen, montes de Israel, lo que dice el Señor a los montes, las colinas, los ríos y los valles: Voy a hacer venir sobre ustedes la guerra, y a destruir sus lugares altos de culto pagano.

4 Haré pedazos los altares donde ustedes ofrecen sacrificios y queman incienso, y haré que sus hombres caigan muertos delante de los ídolos.

5 Arrojaré los cadáveres de los israelitas delante de sus ídolos, y esparciré sus huesos alrededor de sus altares.

6 En todos los lugares donde ustedes vivan, las ciudades serán destruidas y sus altares de culto pagano quedarán en ruinas. Sus altares quedarán completamente destruidos, sus ídolos, hechos pedazos; sus altares para quemar incienso, derrumbados; todo lo que ustedes han hecho desaparecerá.

7 Y cuando vean caer muerta entre ustedes a tanta gente, reconocerán que yo soy el Señor.

8 Pero yo haré que algunos de ustedes se salven de la muerte y queden con vida, esparcidos entre las naciones.

9 Los sobrevivientesse acordarán de mí en esas naciones; se acordarán de cómo los hice sufrirpor haberme sido infieles y por haberse apartado de mí para adorar ídolos. Ellos sentirán asco de sí mismos por todas las maldades que han hecho, por todas sus acciones detestables.

10 Entonces reconocerán que yo soy el Señor y que, cuando prometí enviarles estos males, no hice vanas amenazas.”»

11 El Señor me dijo: «Laméntate dando golpes con las manos y los pies; lanza gritos de dolor por las maldades detestables del pueblo de Israel, pues va a morir por causa de la guerra, el hambre y las enfermedades.

12 Los que estén lejos morirán por las enfermedades, los que estén cerca morirán en la guerra, y los que queden con vida morirán de hambre. Así acabaré de descargar mi ira contra ellos.

13 Y cuando vean los cadáveres de esa gente entre sus ídolos y alrededor de los altares, en todas las colinas elevadas, en las cumbres de los montes, debajo de todo árbol verde, debajo de toda encina frondosa, y en los lugares en que ofrecieron a sus ídolos perfumes agradables, entonces reconocerán que yo soy el Señor.

14 Levantaré mi mano para castigarlos y, desde el desierto del sur hasta Ribláen el norte, convertiré su país y todos sus lugares habitados en un desierto espantoso. Entonces reconocerán que yo soy el Señor.»