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Jeremías 4

Exhortación al arrepentimiento

1 El Señor afirma:

«Si te quieres volver, Israel,

es a mí a quien debes volverte.

Si alejas tus ídolos odiosos

y no te apartas de mí,

2 entonces podrás jurar por mi nombre

con verdad, justicia y rectitud.

Mi nombre será para las naciones

motivo de bendición y alabanza.»

3 El Señor dice a la gente de Judá y Jerusalén:

«Cultiven terrenos no cultivados;

ya no siembren entre los espinos.

4 Gente de Judá y de Jerusalén,

circuncídense y reconózcanme como Señor,

pongan en su corazón la marca de la alianza;

no sea que, por sus malas acciones,

mi enojo se encienda como un fuego

y arda sin que nadie pueda apagarlo.

La invasión amenaza a Judá

5 »Anuncien esto en Jerusalén y en Judá,

proclámenlo a son de trompetapor todo el país,

grítenlo bien fuerte:

“¡Vamos! ¡A reunirse!

¡A las ciudades fortificadas!”

6 Levanten la bandera apuntando a Sión;

¡busquen refugio, no se detengan!

Porque voy a traer del norte

gran calamidad y destrucción.

7 El león ya ha salido de su guarida,

el que destruye las naciones está en marcha;

ha salido de su patria para destruir tu país,

para dejar desiertas y en ruinas tus ciudades.

8 Por eso, vístanse con ropas ásperas,

lloren y giman de dolor,

pues la ardiente ira del Señor

no se ha apartado de nosotros.»

9 El Señor afirma:

«Cuando llegue ese día,

el rey y los jefes temblarán de miedo,

los sacerdotes sentirán terror

y los profetas quedarán espantados.»

10 Yo dije:«¡Ay, Señor,

cómo has engañado a la gente de Jerusalén!

Les prometiste paz,

y lo que tienen es un cuchillo en el cuello.»

11 Cuando llegue ese momento,

se dirá al pueblo de Jerusalén:

«Un viento calientedel desierto

sopla en dirección de mi pueblo.

No es la brisa que sirve

para limpiar de paja el trigo;

12 el viento que yo haré venir

será demasiado fuerte para eso,

pues ahora voy a dictar sentencia contra ellos.»

Los enemigos rodean a Israel

13 Miren, el enemigo avanza como una nube,

sus carros de guerra parecen un huracán,

sus caballos son más ligeros que las águilas.

¡Ay de nosotros, estamos perdidos!

14 Jerusalén, limpia del mal tu corazón

y así te salvarás.

¿Hasta cuándo darás vueltas en tu cabeza

a pensamientos perversos?

15 Desde Dan y las colinas de Efraín

llegan malas noticias:

16 «Adviertan a las naciones y a Jerusalén

que de un país lejano vienen enemigos

lanzando gritos de guerra

contra las ciudades de Judá.

17 Rodearán a Judá, como los que cuidan los campos,

porque se rebeló contra el Señor.

Yo, el Señor, lo afirmo.

18 »Tu conducta y tus acciones

son la causa de lo que te ha sucedido;

tu maldad te ha dado este amargo fruto

y te hiere el corazón.»

Dolor de Jeremías por su pueblo

19 ¡Me retuerzo de dolor!

¡El corazón me palpita con violencia!

¡Estoy inquieto, no puedo callarme!

He escuchado un toque de trompeta,

un griterío de guerra.

20 Llegan noticias de continuos desastres;

todo el país está en ruinas.

De repente han sido destruidos mis campamentos,

han quedado deshechas mis tiendas de campaña.

21 ¿Cuánto tiempo aún veré en lo alto la bandera

y escucharé el toque de la trompeta?

22 «Mi pueblo es estúpido, no me conoce

—dice el Señor.

Son hijos sin juicio, que no reflexionan.

Les sobra talento para hacer el mal,

pero no saben hacer el bien.»

Jeremías ve la destrucción futura

23 Miréa la tierra, y era un desierto sin forma;

miré al cielo, y no había luz.

24 Miré a los montes, y estaban temblando;

todas las colinas se estremecían.

25 Miré y ya no había ningún hombre,

y todas las aves se habían escapado.

26 Miré y vi los jardines convertidos en desierto,

y todas las ciudades estaban en ruinas.

La ira terrible del Señor

había causado todo esto.

27 El Señor dice:

«Toda la tierra será arrasada,

pero no la destruiré totalmente.

28 La tierra se llenará de tristeza

y el cielo se pondrá de luto.

He hablado, y no me arrepentiré;

lo he resuelto, y no me volveré atrás.

29 Ante los gritos de los jinetes y de los arqueros,

toda la gente sale corriendo;

se esconden en los matorrales

o trepan a los peñascos.

Todas las ciudades quedan abandonadas;

ya no hay nadie que viva en ellas.

30 Y tú, ciudad en ruinas,

¿para qué te vistes de púrpura?,

¿para qué te cubres con joyas de oro?,

¿para qué te pintas de negro los ojos?

De nada sirve que te embellezcas,

pues tus amantes te han rechazado

y lo que buscan es tu muerte.

31 Oigo gritos de dolor, como de una mujer

que da a luz a su primer hijo;

son los gritos de Sión,

que gime, extiende los brazos y dice:

“¡Ay de mí! ¡Me van a matar los asesinos!”»

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Jeremías 5

Pecado de Jerusalén

1 El Señor dice:

«Recorran las calles de Jerusalén,

miren bien, busquen por las plazas,

a ver si encuentran a alguien

que actúe con justicia,

que quiera ser sincero.

Si lo encuentran, perdonaré a Jerusalén.

2 Hay quienes juran por la vida del Señor,

pero juran en falso.»

3 Señor, lo que tú buscas es gente sincera.

Los castigaste, pero no les dolió;

los arruinaste, pero no quisieron aprender.

Tercos, más duros que la piedra,

no quisieron volver al buen camino.

4 Yo pensé:

Solo los pobresse comportan como tontos,

porque no saben lo que el Señor quiere,

lo que su Dios ordena.

5 Me dirigiré a la gente importante

y les hablaré.

Ellos, sin duda, sabrán lo que el Señor quiere,

lo que su Dios ordena.

Pero todos se habían rebelado contra Dios,

se habían negado a obedecerle.

6 Por eso saldrán leones de la selva y los matarán,

los lobos del desierto los despedazarán,

los leopardos los atacarán junto a sus ciudades

y los harán pedazos cuando salgan;

porque han cometido muchos pecados,

numerosas traiciones.

7 El Señor dice:

«¿Cómo voy a perdonarte todo esto?

Tus hijos me han abandonado,

y juran por dioses que no son dioses.

Les di comida en abundancia,

pero me fueron infieles

y en masa se entregaron a la prostitución.

8 Como caballos sementales en celo,

relinchan por la mujer de su prójimo.

9 ¿Y no los he de castigar por estas cosas?

¿No he de dar su merecido a un pueblo así?

10 ¡Que sus enemigos entren y arrasen el viñedo,

aunque no lo destruyan del todo!

¡Que le arranquen las ramas,

porque ya no es mi viñedo!

11 ¡Israel y Judá me han traicionado!

Yo, el Señor, lo afirmo.»

Anuncio del castigo

12 Israel y Judá han negado al Señor;

han dicho: «Dios no cuenta.

Nada malo va a pasarnos,

no tendremos ni guerra ni hambre.»

13-14 Los profetas son puro viento,

pues la palabra del Señor no está en ellos.

Pues bien, esto me ha dicho

el Señor, el Dios todopoderoso:

«Por decir ellos esas cosas,

esto es lo que les sucederá:

Voy a hacer que mis palabras

sean en tu boca como fuego,

y que el pueblo sea como leña,

y que ese fuego lo devore.»

15 El Señor afirma:

«Israel, voy a traer contra ti

un pueblo que viene de lejos,

un pueblo fuerte y muy antiguo.

Tú no conoces su idioma

ni entiendes lo que dicen.

16 Todos ellos son guerreros valientes,

y sus armas significan la muerte.

17 Se comerán tus cosechas, tu pan,

y aun devorarán a tus hijos y a tus hijas.

Se comerán tus ovejas, tus reses,

tus viñas y tus higueras.

Con sus armas destruirán

las ciudades fortificadas en que tú confías.»

18 El Señor afirma: «En ese tiempo, sin embargo, no los destruiré por completo.

19 Cuando te pregunten: “¿Por qué nos hizo todo esto el Señor nuestro Dios?”, respóndeles: “Así como abandonaron al Señor y se pusieron a servir a dioses extranjeros en su propia tierra, así también tendrán que servir a gente extranjera en una tierra ajena.”

Advertencia a Israel

20 »Avisen al reino de Israel,

y digan a Judá:

21 “Oye esto, pueblo tonto y estúpido,

que tiene ojos y no ve,

que tiene oídos y no oye.

22 Yo, el Señor, digo:

¿Es que ustedes no me temen?

¿Es que no tiemblan delante de mí?

Yo puse la playa como límite del mar,

un límite que el mar no puede pasar.

Sus olas se agitan impotentes

y rugen, pero no pueden pasarlo.

23 Ustedes tienen un corazón terco y rebelde;

me abandonaron y se fueron.

24 No reflexionaron ni dijeron:

Respetemos al Señor nuestro Dios,

que a su debido tiempo nos da la lluvia

en otoño y primavera,

y nos reserva el tiempo señalado para la cosecha.

25 Pero el pecado de ustedes ha cambiado las cosas,

y no pueden disfrutar de esos beneficios.

26 Porque hay en mi pueblo hombres malos

que acechan como cazadores de pájaros,

que ponen trampas para atrapar a los demás.

27 Llenan sus casas de objetos robados,

como se llenan de pájaros las jaulas.

Así se hicieron poderosos y ricos,

28 y están gordos y bien alimentados.

Su maldad no tiene límites:

no hacen justicia al huérfano

ni reconocen el derecho de los pobres.

29 ¿No los he de castigar por estas cosas?

¿No he de dar su merecido a gente así?

Yo, el Señor, lo afirmo.

30 »”Algo terrible, espantoso,

está pasando en este país.

31 Lo que anuncian los profetas es mentira;

los sacerdotes gobiernan a su antojo,

¡y mi pueblo así lo quiere!

Pero, ¿qué harán ustedes cuando llegue el fin?”»

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Jeremías 6

El enemigo rodea a Jerusalén

1 ¡Gentes de la región de Benjamín,

¡busquen refugio, huyan de Jerusalén!

Toquen la trompetaen Tecoa,

levanten una señal en Bet-haquérem,

porque una desgracia, una gran calamidad,

amenaza desde el norte.

2 La hija de Siónes como una bella pradera que será destruida,

3 a donde van los pastores con sus rebaños;

acampan a su alrededor

y cada rebaño pasta por su lado.

4 Sus enemigos dicen:

«¡Prepárense a pelear contra ella!

¡Vengan, ataquémosla a mediodía!

Pero, ¡qué lástima!,

ya es tarde, y las sombras se alargan.

5 ¡Entonces ataquémosla de noche

y destruyamos sus torres!»

6 El Señor todopoderoso ha dado esta orden:

«¡Corten árboles y construyan una rampa

para atacar a Jerusalén!

La ciudad está condenada al castigo,

porque está llena de opresión.

7 De Jerusalén brota la maldad

como de un pozo brota el agua.

No se oye en ella más que violencia y atropellos;

no veo en ella más que heridas y dolor.

8 Escarmienta, Jerusalén,

porque si no, me apartaré de ti disgustado,

te convertiré en un desierto,

te dejaré sin habitantes.»

Anuncio del castigo

9 El Señor todopoderoso dice:

«A los israelitas que queden

los van a buscar y rebuscar,

como se rebusca entre las ramas de un viñedo

hasta que no queda ninguna uva.»

10 Yo respondí: «¿Quién me va a oír,

si les hablo y les doy este aviso?

Tienen tapados los oídos,Señor,

y no pueden escuchar;

se burlan de tu palabra,

no les agrada.

11 Estoy lleno de tu ira, Señor;

ya no puedo contenerla.»

El Señor me dijo:

«Derrámala sobre los muchachos en la calle,

sobre las pandillas de jóvenes.

Se llevarán presos a los maridos con sus esposas

y a los ancianos cargados de años.

12 Sus casas, sus campos y sus esposas

pasarán a ser de otros.

Porque voy a levantar mi mano

para castigar a los que viven en este país.

Yo, el Señor, lo afirmo.

13 »Todos, grandes y pequeños,

solo piensan en las ganancias mal habidas;

profetas y sacerdotes,

todos cometen fraudes.

14 Tratan por encima las heridas de mi pueblo;

dicen que todo está bien,

cuando todo está tan mal.

15 ¡Debería darles vergüenza

de hacer esas cosas que no soporto!

Pero no, no sienten vergüenza,

¡ya ni saben lo que es avergonzarse!

Por eso, cuando yo los castigue,

tropezarán y caerán como los otros.

Yo, el Señor, lo digo.»

Rebeldía de Israel

16 El Señor dice a su pueblo:

«Párense en los caminos y miren,

pregunten por los senderos antiguos,

dónde está el mejor camino;

síganlo y encontrarán descanso.»

Pero ellos dicen: «No, no queremos seguirlo.»

17 El Señor puso centinelas,y dijo al pueblo:

«Pongan atención a la señal de alarma.»

Pero el pueblo dijo: «No queremos hacer caso.»

18 Por eso dice el Señor:

«Escuchen, naciones,

sepan lo que va a pasarle a mi pueblo.

19 Escucha, tierra:

Voy a traer a este pueblo una desgracia

que es consecuencia de sus planes malvados;

porque no hicieron caso de mis palabras,

sino que despreciaron mi ley.

20 ¿Para qué me traen ustedes incienso de Sabá

y plantas olorosas de países lejanos?

A mí no me agradan sus holocaustos

ni sus otros sacrificios.»

21 Por eso, el Señor dice:

«Voy a hacer que este pueblo tropiece y caiga.

Padres e hijos, vecinos y amigos,

morirán por igual.»

Invasión desde el norte

22 El Señor dice:

«Desde lejanas tierras del norte

se prepara a venir una nación poderosa.

23 Están armados de arcos y espadas;

son crueles, no tienen compasión;

sus gritos son como el estruendo del mar,

y van montados a caballo.

Están listos para la batalla contra Sión.»

24 En Jerusalén la gente dice:

«Hemos oído la noticia,

y el miedo nos ha dejado sin fuerzas;

sentimos angustia y dolor,

como una mujer de parto.

25 ¡No salgan al campo,

no vayan por los caminos!

¡El enemigo está armado;

hay terror por todas partes!»

26 ¡Hija de mi pueblo, ponte ropas ásperas

en señal de dolor;

revuélcate en la ceniza,

ponte de luto y llora amargamente,

como cuando se muere un hijo único;

porque el que nos va a destruir

vendrá muy pronto contra nosotros!

27 El Señor me dijo: «Te encargo que pongas a prueba a mi pueblo.Examínalo, para ver cuál es su conducta.»

28 Todos ellos, Señor, son muy rebeldes;

son gente chismosa y pervertida;

no son más que bronce y hierro.

29 Cuando el fuelle sopla con fuerza,

hace que el fuego derrita el plomo.

De nada sirve que a ellos se les refine,

pues los malvados no desaparecen.

30 Habrá que llamarlos «plata de desecho»,

porque tú, Señor, los has desechado.

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Jeremías 7

Jeremías predica en el templo

1 El Señor se dirigió a Jeremías, y le dijo:

2 «Ponte a la entrada del templo del Señory da a conocer allí este mensaje: Habitantes todos de Judá, que entran por estas puertas a adorar al Señor, escuchen este mensaje

3 del Señor todopoderoso, el Dios de Israel: “Mejoren su vida y sus obras, y yo los dejaré seguir viviendo en esta tierra.

4 No confíen en esos que los engañan diciendo: ¡Aquí está el templo del Señor, aquí está el templo del Señor!

5 »”Si mejoran su vida y sus obras y son justos los unos con los otros;

6 si no explotan a los extranjeros, a los huérfanos y a las viudas, ni matan a gente inocente en este lugar, ni dan culto a otros dioses, con lo que ustedes mismos se perjudicarían,

7 yo los dejaré seguir viviendo aquí, en la tierra que di para siempre a sus antepasados.

8 »”Ustedes confían en palabras engañosas que no les sirven de nada.

9 Roban, matan, cometen adulterio, juran en falso,ofrecen incienso a Baal, dan culto a dioses con los que ustedes nada tienen que ver,

10 y después vienen a este templo que me está dedicado, a presentarse ante mí. Se creen que aquí están seguros; creen que pueden seguir haciendo esas cosas que yo no soporto.

11 ¿Acaso piensan que este templo que me está dedicado es una cueva de ladrones?Yo he visto todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo.

12 Vayan a mi santuario en Siló,el primer lugar que escogí para residir, y vean lo que hice con él por la maldad de mi pueblo Israel.

13 Y aunque una y otra vez les he advertido acerca de su conducta, ustedes no han querido obedecerme, y ni siquiera me han respondido. Yo, el Señor, lo afirmo.

14 Por eso, lo mismo que hice con el santuario de Siló, lo voy a hacer con este templo dedicado a mí, el cual les di a ustedes y a sus antepasados y en el que ustedes confían.

15 Los arrojaré a ustedes de mi presencia como antes arrojé a sus hermanos, los descendientes de Efraín.”

Infidelidad de Israel

16 »Tú, Jeremías, no ores por este pueblo, no me ruegues ni me supliques por ellos. No me insistas, porque no te escucharé.

17 ¿No ves lo que ellos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén?

18 Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego y las mujeres preparan la masa para hacer tortas y ofrecerlas a la diosa que llaman Reina del Cielo.Me ofenden, además, ofreciendo vino a dioses extraños.

19 Pero más que ofenderme a mí, se ofenden a sí mismos, para su propia vergüenza. Yo, el Señor, lo afirmo.

20 Por eso yo, el Señor, les aseguro que voy a descargar toda mi ira contra este lugar y contra la gente, y aun contra los animales, los árboles del campo y las cosechas. Será como un incendio que no se apagará.»

21 El Señor todopoderoso, el Dios de Israel, dice a su pueblo: «Ofrezcan todos los holocaustos y sacrificios que quieran, y coman de esa carne.

22 Pero cuando yo saqué a sus antepasados de Egipto, nada les dije ni ordené acerca de holocaustos y sacrificios.

23 Lo que sí les ordené fue que me obedecieran; pues así yo sería su Dios y ellos serían mi pueblo. Y les dije que se portaran como yo les había ordenado, para que les fuera bien.

24 Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. En vez de volverse a mí, me volvieron la espalda.

25 Desde que sus antepasados salieron de Egipto hasta ahora, yo les he enviado a ustedes, uno tras otro, a todos mis siervos los profetas.

26 Pero ustedes no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que se portaron aún más tercamente que sus antepasados.

27 »Tú, Jeremías, diles todas estas cosas, aunque no te hagan caso; grítales, aunque no te respondan.

28 Diles: “Esta es la nación que no obedece al Señor su Dios ni quiere ser corregida.La sinceridad ha desaparecido por completo de sus labios.”»

Culto pagano en Jerusalén

29 ¡Jerusalén, córtate la cabelleray tírala!

¡Entona un canto triste en las lomas desiertas!

Porque el Señor está enojado con tu gente,

la ha abandonado y rechazado.

30 El Señor afirma: «La gente de Judá ha hecho algo que me disgusta: pusieron sus despreciables ídolos en el templo dedicado a mí, y lo profanaron.

31 En el valle de Ben-hinomconstruyeron el altar de Tófetpara quemar a sus hijos y a sus hijas, cosa que yo no les había ordenado y que ni siquiera me pasó por la mente.

32 Por eso yo, el Señor, afirmo que vendrá el día en que a ese lugar ya no lo llamarán Tófet ni Valle de Ben-hinom, sino Valle de la Matanza.Y en Tófet enterrarán a los muertos, por no haber más lugar.

33 Los cadáveres de esta gente servirán de comida a las aves de rapiña y a las fieras, y no habrá quien las espante.

34 Haré desaparecer de las ciudades de Judá y de las calles de Jerusalén los cantos de fiesta y alegría, y los cantos de bodas;todo el país quedará convertido en un desierto.»

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Jeremías 8

1 El Señor afirma: «En aquel tiempo sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes y de los jefes de Judá, de los sacerdotes, de los profetas y de los que vivieron en Jerusalén,

2 y los dejarán tendidos al sol, a la luna y a todas las estrellasa las que habían amado, servido, seguido, consultado y adorado.Nadie los recogerá para enterrarlos. Quedarán en el suelo, como estiércol.

3 Los que queden con vida de esta gente tan mala, en cualquier lugar en que se encuentren después que yo los disperse, preferirán la muerte a la vida. Yo, el Señor todopoderoso, lo afirmo.

Traición y castigo de Israel

4 »Tú, Jeremías, comunícale al pueblo este mensaje de mi parte:

»“Cuando uno se cae, se levanta;

cuando pierde el camino, vuelve a él.

5 Entonces, Israel, ¿por qué me traicionaste?

¿Por qué, Jerusalén, renegaste de mí para siempre?

¿Por qué te empeñas en ser rebelde

y no quieres volver?

6 He estado escuchando con atención,

pero no he oído a nadie

que se arrepienta de su maldad

y tenga la franqueza de decir:

¿Qué es lo que he hecho?

Todos siguen veloces su camino,

como caballos desbocados en la batalla.

7 Aun la cigüeña en el cielo

sabe cuándo debe volver.

La tórtola, la golondrina y la grulla

saben cuándo deben ir a otro lugar.

En cambio tú, pueblo mío,

no conoces mis leyes.

8 ¿Cómo pueden ustedes decir que son sabios

y que tienen la ley del Señor?

¡Si los cronistas, con pluma mentirosa,

la han falsificado!

9 Pero esos sabiosquedarán humillados,

acobardados, como animales caídos en la trampa.

¿Dónde está su sabiduría,

si han rechazado mi palabra?

10 Por eso, voy a entregar sus mujeres a otros hombres,

y sus tierras a otros dueños.

Porque todos, grandes y pequeños,

solo piensan en las ganancias mal habidas;

profetas y sacerdotes,

todos cometen fraudes.

11 Tratan por encima las heridas de mi pueblo;

dicen que todo está bien,

cuando todo está tan mal.

12 ¡Debería darles vergüenza

de hacer esas cosas que no soporto!

Pero no, no sienten vergüenza,

¡ya ni saben lo que es avergonzarse!

Por eso, cuando yo los castigue,

tropezarán y caerán como los otros.

Yo, el Señor, lo digo.”»

13 El Señor afirma:

«Voy a cortar a mi pueblo como si fuera trigo.

No quedará ni una uva en el viñedo,

ni un higo en la higuera.

Solo quedarán hojas marchitas.»

14 Y el pueblo dirá:

«¿Para qué nos quedamos aquí?

¡Vámonos todos a las ciudades fortificadas,

a que nos maten de una vez!

El Señor, nuestro Dios, va a hacernos morir;

nos da a beber agua envenenada,

porque pecamos contra él.

15 Esperábamos prosperidad,

pero nada bueno nos ha llegado.

Esperábamos salud,

pero solo hay espanto.

16 ¡Ya viene el enemigo!

¡Ya se oye desde Danel resoplar de sus caballos!

Cuando relinchan, tiembla toda la tierra.

Vienen a destruir el país y todos sus bienes,

las ciudades y a los que en ellas viven.»

17 El Señor afirma:

«Voy a enviar contra ustedes serpientes venenosas,

que los van a morder;

contra ellas no hay magia que valga.»

Dolor de Jeremías por su pueblo

18 Mi dolor no tiene remedio,

mi corazón desfallece.

19 Los ayes de mi pueblo

se oyen por todo el país:

«¿Ya no está el Señor en Sión?

¿Ya no está allí su rey?»

Y el Señor responde:

«¿Por qué me ofendieron adorando a los ídolos,

a dioses inútiles y extraños?»

20 Pasó el verano, se acabó la cosecha

y no ha habido salvación para nosotros.

21 Sufro con el sufrimiento de mi pueblo;

la tristeza y el terror se han apoderado de mí.

22 ¿No habrá algún remedio en Galaad?

¿No habrá allí nadie que lo cure?

¿Por qué no puede sanar mi pueblo?

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Jeremías 9

1 1 (8.23)¡Ojalá fueran mis ojos como un manantial,

como un torrente de lágrimas,

para llorar día y noche

por los muertos de mi pueblo!

2 2 (1)¡Ojalá tuviera yo en el desierto

un lugar donde vivir,

para irme lejos de mi pueblo!

Porque todos han sido infieles;

son una partida de traidores.

3 3 (2)Siempre están listos a decir mentiras

como si dispararan flechas con un arco.

En el país reina la mentira, no la verdad;

han ido de mal en peor,

y el Señor mismo afirma:

«No han querido reconocerme.»

4 4 (3)Hay que desconfiar hasta del amigo;

ni siquiera en el hermano se puede confiar,

pues los hermanos se engañan entre sí

y los amigos se calumnian unos a otros.

5 5 (4)Cada uno se burla del otro,

y no hay quien diga la verdad.

Se han acostumbrado a mentir;

son perversos, incapaces

6 6 (5)de cambiar.

El Señor afirma:

«¡Atropello tras atropello,

falsedad tras falsedad!

Mi pueblo no quiere reconocerme.

7 7 (6)Por eso yo, el Señor todopoderoso, digo:

¿Qué otra cosa puedo hacer con mi pueblo,

sino ponerlo al fuego para refinarlo?

8 8 (7)Sus lenguas son flechas mortales;

andan diciendo falsedades.

Saludan cordialmente a sus amigos,

pero en realidad les están poniendo trampas.

9 9 (8)¿Y no los he de castigar por estas cosas?

¿No he de darle su merecido a un pueblo así?

Yo, el Señor, lo afirmo.

10 10 (9)»Lloren y giman por las montañas,

entonen un lamento por las praderas,

porque están quemadas y ya nadie pasa por ellas;

ya no se oye el mugir del ganado,

y hasta las aves y las fieras se fueron huyendo.

11 11 (10)»Voy a convertir a Jerusalén en un montón de piedras,

en una guarida de chacales;

convertiré en un desierto las ciudades de Judá,

y quedarán sin habitantes.»

12 12 (11)¿Quién es lo bastante sabio para comprender esto? ¿A quién le ha dado a conocer el Señor estas cosas, para que él se las pueda explicar a los demás?¿Por qué está el país en ruinas, seco como un desierto por donde nadie pasa?

13 13 (12)El Señor responde: «Todo esto sucedió porque los israelitas abandonaron las instrucciones que yo les di; no me obedecieron y no las pusieron en práctica.

14 14 (13)Siguieron tercamente las inclinaciones de su corazón y dieron culto a dioses falsos, como sus padres les enseñaron.

15 15 (14)Por eso yo, el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, digo: Voy a darles de comer algo muy amargo, voy a darles de beber agua envenenada.

16 16 (15)Los voy a dispersar entre naciones que ni ellos ni sus padres conocieron; haré que los persigan espada en mano, hasta que no quede ni uno solo.»

Lamentaciones en Jerusalén

17 17 (16)El Señor todopoderoso dice:

«¡Atención! Manden llamar a las mujeres

que tienen por oficio hacer lamentación.»

18 18 (17)¡Sí, que vengan pronto

y que hagan lamentación por nosotros;

que se nos llenen de lágrimas los ojos

y nuestros párpados se inunden de llanto!

19 19 (18)Desde Sión nos llegan ayes de dolor:

¡Ay, cómo hemos quedado en ruinas!,

¡qué deshonra hemos sufrido!

Tenemos que abandonar nuestra patria,

nuestros hogares están en ruinas.

20 20 (19)Mujeres, escuchen la palabra del Señor,

pongan atención a su mensaje.

Enseñen a sus hijas a llorar

y a sus amigas a lamentarse así:

21 21 (20)«La muerte entró en nuestros hogares,

llegó a nuestros palacios;

mata a los niños en las calles

y a los jóvenes en las plazas.

22 22 (21)Los cadáveres de los hombres quedaron tendidos

como estiércol en el campo,

como espiga que cae detrás del segador

y que nadie la recoge.»

El Señor lo afirma.

23 23 (22)El Señor dice:

«Que no se enorgullezca el sabio de ser sabio,

ni el poderoso de su poder,

ni el rico de su riqueza.

24 24 (23)Si alguien se quiere enorgullecer,

que se enorgullezca de conocerme,

de saber que yo soy el Señor,

que actúo en la tierra con amor, justicia y rectitud,

pues eso es lo que a mí me agrada.

Yo, el Señor, lo afirmo.»

25 25 (24)El Señor afirma: «Viene el día en que castigaré a todos los pueblos que se circuncidan físicamente:

26 26 (25)a Egipto, Judá, Edom, Amón y Moab, y a todos los que viven en el desierto y se afeitan las sienes.Porque todos esos pueblos, y aun todo el pueblo de Israel, son realmente paganos de corazón.»

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Jeremías 10

Idolatría y culto verdadero a Dios

1 Escucha, pueblo de Israel, este mensaje que el Señor te dirige.

2 El Señor dice:

«No sigan el ejemplo de otras naciones

ni se dejen asustar por las señales del cielo,

como esas naciones lo hacen.

3 La religión de esos pueblos no vale nada.

Cortan un tronco en el bosque,

un escultor lo labra con su cincel,

4 luego lo adornan con plata y oro,

y lo aseguran con clavos y martillo

para que no se caiga.

5 Los ídolos parecen espantapájaros

en un campo sembrado de melones;

no pueden hablar,

y hay que cargar con ellos, porque no caminan.

No tengan miedo de ellos,

que a nadie hacen mal ni bien.»

6 Señor, no hay nadie como tú:

tú eres grande,

tu nombre es grande y poderoso.

7 ¿Quién no te teme, rey de las naciones?

Tú mereces ser temido.

Entre todos los sabios y reyes del mundo,

no hay nadie como tú.

8 Todos ellos son necios,

no tienen ninguna inteligencia.

¡Nada puede enseñarles un pedazo de madera!

9 Sus ídolos son tan solo plata traída de Tarsis

y oro traído de Ufaz;

objetos hechos por escultores y orfebres

y vestidos con telas moradas y rojas,

todos ellos fabricados por hábiles artistas.

10 El Señor es el Dios verdadero,

el Dios viviente, el Rey eterno.

Cuando se enoja, tiembla la tierra;

las naciones no pueden resistir su ira.

11 (Ustedes, israelitas, digan a los paganos: «Los dioses que no hicieron el cielo ni la tierra desaparecerán de la tierra; ni uno de ellos quedará debajo del cielo.»)

Himno de alabanza a Dios

12 El Señor, con su poder, hizo la tierra;

con su sabiduría afirmó el mundo;

con su inteligencia extendió el cielo.

13 Con voz de trueno hace rugir el agua en el cielo,

hace subir las nubes desde el extremo de la tierra,

hace brillar los relámpagos en medio de la lluvia

y saca el viento de donde lo tiene guardado.

14 Necio e ignorante es todo hombre.

Los ídolos defraudan al que los fabrica:

son imágenes engañosas y sin vida;

15 son objetos sin valor, ridículos,

que el Señor, en el juicio, destruirá.

16 ¡Qué diferente es el Dios de Jacob,

creador de todo lo que existe!

Él escogió a Israel como su propiedad.

El Señor todopoderoso: ese es su nombre.

Diálogo entre el profeta y la nación

17 —Y tú, nación en estado de sitio,

recoge tus cosas.

18 Porque el Señor dice:

“Esta vez voy a lanzar lejos

a los habitantes de este país.

Voy a ponerlos en aprietos,

a ver si así me encuentran.”

19 —¡Ay de mí, que estoy en ruinas!

¡Mis heridas no tienen curación!

¡Y yo que pensé que podría

soportar este dolor!

20 Mi campamento está destruido,

todas las cuerdas están rotas.

Mis hijos me han abandonado,

¡ya no existen!

Ya no hay quien vuelva a plantar mis tiendas,

quien vuelva a extender sus lonas.

21 —Los jefesde este pueblo son necios;

no buscan al Señor.

Por eso han fracasado

y todo su rebaño está disperso.

22 ¡Atención! ¡Llega una noticia!

De un país del norteviene un gran estruendo

que va a convertir las ciudades de Judá

en un desierto donde solo vivan los chacales.

23 Señor, yo sé que el hombre no es dueño de su vida,

que no tiene dominio sobre su destino.

24 Corrígenos conforme a tu justicia,

y no con ira, pues nos destruirías.

25 Descarga tu ira sobre las naciones

que no te reconocen,

sobre los pueblos que no te invocan,

porque han devorado al pueblo de Jacob,

lo han destruido por completo

y han dejado en ruinas el país.

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Jeremías 11

Violación de la alianza

1 El Señor se dirigió a mí, Jeremías, y me dijo:

2 «Que los israelitas pongan atención a los términos de esta alianza. Habla a la gente de Judá y a los habitantes de Jerusalén,

3 y diles que yo, el Señor, el Dios de Israel, declaro malditoal que no obedezca los términos de esta alianza.

4 Es la alianza que hice con sus antepasados cuando los saqué de Egipto, país que era para ellos como un horno de fundir hierro. Les dije: Obedézcanme, hagan todo lo que yo les ordene y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios.

5 Si ustedes me hacen caso, yo cumpliré el juramento que hice a sus antepasados, de darles una tierra, la tierra que ahora tienen, donde la leche y la miel corren como el agua.»

Y yo respondí: «Sí, Señor.»

6 Entonces el Señor me dijo: «Proclama este mensaje en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Di a la gente: “Escuchen cuáles son los términos de esta alianza, y cúmplanlos.

7 Cuando yo saqué de Egipto a los antepasados de ustedes, les advertí solemnemente que me hicieran caso, y desde entonces hasta ahora se lo he seguido advirtiendo.

8 Pero no me hicieron caso ni me obedecieron, sino que tercamente se dejaron llevar por las malas inclinaciones de su corazón. No quisieron cumplir los términos que yo les había ordenado, y entonces hice que les vinieran los castigos anunciados en la alianza.”»

9 El Señor siguió diciéndome: «La gente de Judá y los habitantes de Jerusalén conspiran contra mí.

10 Han vuelto a los mismos pecados que antes cometieron sus antepasados, los cuales se negaron a obedecerme y se fueron tras otros dioses y los adoraron. Tanto Israel como Judá han violado la alianza que yo hice con sus antepasados.

11 Por lo tanto, voy a enviarles una calamidad de la que no podrán escapar. Por más que griten pidiéndome auxilio, no los escucharé. Yo, el Señor, lo afirmo.

12 Entonces la gente de Judá y los habitantes de Jerusalén irán a pedir ayuda a los dioses a los que ofrecen incienso, pero ellos no podrán salvarlos cuando llegue la calamidad.

13 Judá tiene tantos dioses como ciudades, y los habitantes de Jerusalén han levantado tantos altares para ofrecer incienso a Baal como calles hay en la ciudad.

14 Así que tú, Jeremías, no ores en favor de este pueblo; no me ofrezcas oraciones ni súplicas por ellos, porque no voy a escucharlos cuando me pidan ayuda en medio de la calamidad.

15 »¿Qué busca Israel, mi amada,en mi templo,

después de haber hecho tantas cosas malas?

¿Acaso la grasay la carne de los sacrificios

alejarán de ti la desgracia,

y podrás así escapar?»

16 El Señor te había llamado «olivo frondoso,

cargado de hermosos frutos.»

Pero en medio de fuertes truenos

él prendió fuego a tus hojas

y arden tus ramas.

17 El Señor todopoderoso, que te plantó, ha ordenado la calamidad contra ti por causa de las maldades que Israel y Judá han cometido, pues lo han ofendido ofreciendo incienso a Baal.

Los enemigos de Jeremías pretenden darle muerte

18 El Señor me hizo saber que mis enemigos estaban tramando algo malo. Él me abrió los ojos, para que me diera cuenta.

19 Yo estaba tranquilo, como un cordero que llevan al matadero,sin saber que estaban haciendo planes contra mí. Decían: «Cortemos el árbol ahora que está en todo su vigor;arranquémoslo de este mundo de los vivientes, para que nadie vuelva a acordarse de él.»

20 Pero tú, Señor todopoderoso,

eres un juez justo;

tú conoces hasta lo más íntimo del hombre.

Hazme ver cómo castigas a esa gente,

pues he puesto mi causa en tus manos.

21 Y a los hombres de Anatot, que buscaban mi muerte y que me ordenaban no hablar en nombre del Señor, si no quería que me mataran,

22 el Señor todopoderoso les dice: «Voy a ajustar cuentas con ustedes: los jóvenes morirán en la guerra, y sus hijos y sus hijas morirán de hambre.

23 No quedará ni uno solo de ellos, porque viene el día en que yo ajustaré cuentas con ustedes, hombres de Anatot, y traeré sobre ustedes la calamidad.»

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Jeremías 12

El profeta se dirige a Dios

1 Señor, si me pongo a discutir contigo,

tú siempre tienes la razón;

y sin embargo quisiera preguntarte

el porqué de algunas cosas.

¿Por qué les va bien a los malvados?

¿Por qué viven tranquilos los traidores?

2 Tú los plantas,

y ellos echan raíces, y crecen y dan fruto.

De labios para afuera, te tienen cerca,

pero en su interior están lejos de ti.

3 Tú, en cambio, Señor, me conoces;

tú me ves y sabes

cuáles son mis sentimientos hacia ti.

¡Llévate a esa gente como ovejas al matadero;

márcalos para el día de la matanza!

4 ¿Hasta cuándova a estar seca la tierra

y marchita la hierba de los campos?

Los animales y las aves se están muriendo

por la maldad de los habitantes del país,

que piensan que no ves lo que ellos hacen.

Respuesta de Dios

5 «Si tanto te cansas corriendo contra gente de a pie,

¿cómo podrás competir con gente de a caballo?

En terreno seguro te sientes tranquilo,

¿pero qué harás en la espesura del Jordán?

6 Aun tus hermanos, los de tu propia familia,

te han traicionado,

y a gritos te insultan a tus espaldas.

No confíes en ellos,

ni aunque te hablen con buenas palabras.

Tristeza del Señor por la suerte de su pueblo

7 »He abandonado a mi pueblo,

he rechazado a la que fue mi posesión.

He puesto en manos de sus enemigos

a la nación que yo tanto amaba.

8 Este pueblo, que fue mi posesión,

es ahora para mí como un león en la selva;

ruge contra mí, por eso lo aborrezco.

9 Mi pueblo es como un ave de bello plumaje,

a la que otras aves atacan.

¡Vengan, todos los animales salvajes;

júntense a darse su banquete!

10 Muchos jefes enemigos han destruido mi viñedo,

han pisoteado mi campo.

Han convertido en desolado desierto

el terreno que yo más quiero.

11 Lo dejaron desierto y desolado,

y yo lo veo lamentarse.

Todo el país está desierto,

pero a nadie le preocupa.

12 Por todas las lomas del desierto

vinieron hombres violentos,

porque yo, el Señor, tengo una espada

que destruirá el país de extremo a extremo,

y no habrá paz para ninguno.

13 Sembraron trigo y cosecharon espinos;

todos sus trabajos fueron vanos.

La cosecha fue un fracaso

por causa de mi ardiente ira.»

Promesas del Señor a los pueblos vecinos de Israel

14 Así dice el Señor acerca de los pueblos malvados, vecinos de Israel, que han destruido la tierra que él dio como herencia a su pueblo Israel: «Yo los arrancaré de sus tierras, y sacaré a Judá de en medio de ellos.

15 Pero después de arrancarlos volveré a tener compasión de ellos, y los haré regresar a su propia tierra y a su propio país.

16 Ciertamente ellos enseñaron a mi pueblo a jurar por Baal, pero ahora podrán establecerse en medio de mi pueblo, si de veras aceptan la religión de mi pueblo y juran por mi nombre diciendo: “Por la vida del Señor.”

17 Pero a la nación que no me obedezca, la arrancaré de raíz y la destruiré. Yo, el Señor, lo afirmo.»

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Jeremías 13

Acción simbólica sobre la infidelidad de Israel

1 El Señor me dijo: «Ve y cómprate un cinturón de lino y póntelo en la cintura, pero no lo mojes con agua.»

2 Yo compré el cinturón, como el Señor me lo había ordenado, y me lo puse en la cintura.

3 Entonces me habló de nuevo el Señor y me dijo:

4 «Toma el cinturón que compraste y que tienes puesto, vete al río Éufratesy escóndelo allí, en la grieta de una roca.»

5 Fui entonces al río Éufrates y lo escondí, como el Señor me lo había ordenado.

6 Al cabo de mucho tiempo, el Señor me dijo: «Ve al río Éufrates y trae el cinturón que te ordené que escondieras allá.»

7 Fui al río Éufrates, busqué en la tierra y saqué el cinturón del sitio en que lo había escondido, pero ya estaba podrido y no servía para nada.

8 Entonces el Señor se dirigió a mí una vez más,

9 y me dijo: «De esta misma manera destruiré el orgullo de Judá y Jerusalén.

10 Este pueblo malvado se niega a obedecer mis órdenes y sigue tercamente las inclinaciones de su corazón. Se ha ido tras otros dioses, para servirlos y adorarlos. Es como ese cinturón, que no sirve para nada.

11 Así como uno se aprieta el cinturón alrededor de la cintura, así tuve a todo el pueblo de Israel y a todo el pueblo de Judá muy unidos a mí, para que fueran mi pueblo y dieran a conocer mi nombre, y fueran mi honor y mi gloria. Pero no me obedecieron. Yo, el Señor, lo afirmo.

Otra acción simbólica sobre el futuro castigo

12 »Diles también: “El Señor, el Dios de Israel, dice: Cualquier vasija puede llenarse de vino.” Los israelitas te van a contestar: “¿Acaso no sabemos de sobra que cualquier vasija puede llenarse de vino?”

13 Y tú les responderás: “El Señor dice: Voy a emborrachara todos los que viven en este país; a los reyes que se sientan en el trono de David, a los sacerdotes, a los profetas y a todos los que viven en Jerusalén.

14 Luego los romperé como vasijas, unos contra otros, padres e hijos por igual. No les tendré compasión; los destruiré sin misericordia y sin piedad. Yo, el Señor, lo afirmo.”»

Advertencia a Israel

15 ¡Israelitas, el Señor ha hablado!

No sean orgullosos, escúchenlo con atención.

16 Honren al Señor su Dios,

antes que él haga llegar la oscuridad

y tropiecen ustedes en los montes tenebrosos;

antes que él convierta en tinieblas,

en pesada sombra,

la luz que ustedes esperaban.

17 Si ustedes no hacen caso,

lloraré en secreto a causa de su orgullo;

de mis ojos correrán las lágrimas,

porque se llevan preso el rebaño del Señor.

Mensaje de parte de Dios para el rey

18 «Di al reyy a la reina madre:

“Bajen del trono, siéntense en el suelo,

pues de su cabeza ha caído

la corona que los adornaba.”

19 Las ciudades del Négueb están sitiadas;

nadie puede pasar.

Todos los de Judá fueron llevados al destierro,

a un destierro total.

20 Alcen la vista y miren

cómo viene del norte el enemigo.

¿Dónde está el rebaño que yo te había confiado,

ese rebaño que era tu orgullo?

Anuncio del destierro de Israel

21 »¿Y qué vas a decir, Jerusalén,

cuando tengas que ser gobernada

por gente que tú misma instruiste?

Te vendrán dolores

como a mujer de parto.

22 Y si preguntas por qué te pasa esto,

debes saber que es por tus graves pecados;

¡por eso te han desnudado

y han abusado de ti!

23 ¿Puede un negrocambiar de color?

¿Puede un leopardo quitarse sus manchas?

Pues tampoco ustedes, acostumbrados al mal,

pueden hacer lo bueno.

24 Por eso voy a dispersarlos a ustedes

como a paja que arrastra el viento del desierto.

25 Ese es tu destino, Israel,

eso has merecido que yo te haga.

Yo, el Señor, lo afirmo.

Pues te olvidaste de mí

y pusiste tu confianza en falsos ídolos.

26 Yo también te voy a desnudar del todo

y a exponerte a la vergüenza.

27 He visto tu pasión, tus adulterios,

tu vergonzosa conducta de prostituta,

tus repugnantes acciones

en las colinasy en los campos.

¡Ay de ti, Jerusalén!,

¿cuánto tiempo seguirás estando impura?»