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Job 34

Segundo discurso de Elihú

1-2 Ustedes, sabios e instruidos,

escuchen mis palabras.

3 El oído distingue las palabras,

igual que el paladar reconoce los sabores.

4 Así también, examinemos nosotros el caso

y decidamos lo que nos parezca mejor.

5 Job afirma: «Yo soy inocente,

pero Dios se niega a hacerme justicia.

6 Sería una mentira el admitir que soy culpable;

mi herida no sana, aun cuando no he pecado.»

7 ¡No hay nadie como Job!

Se burla de Dios como quien bebe agua;

8 le gusta juntarse con los malvados,

andar con la gente mala.

9 Dice que nada gana el hombre

con tratar de agradar a Dios.

10 Pero ustedes, gente sensata, escúchenme.

¡Ni pensar que Dios, el Todopoderoso,

haga el mal o cometa injusticias!

11 Él paga a cada uno según sus obras;

hace que cada cual reciba lo que merece.

12 En verdad, Dios, el Todopoderoso,

no hace nada malo ni injusto;

13 de nadie recibió el poder

para gobernar al mundo entero.

14-15 Si les quita a los hombres

el aliento de vida,

todos ellos mueren por igual

y otra vez vuelven al polvo.

16 Si tú eres sensato, escúchame;

pon atención a mis palabras.

17 Si Dios odiara la justicia, no podría gobernar.

¿Cómo puedes condenar a quien es inmensamente justo?

18 Si los reyes y los nobles son malvados,

Dios no duda en echárselo en cara.

19 Él no se pone de parte de los gobernantes,

ni favorece más a los ricos que a los pobres,

pues él fue quien los hizo a todos.

20 Los hombres mueren en un instante,

en medio de la noche;

la gente se alborota y desaparece;

el poderoso es eliminado sin esfuerzo humano.

21 Dios vigila los pasos del hombre

y conoce todas sus andanzas.

22 No hay tinieblas tan oscuras

que puedan ocultar a un malhechor.

23 Dios no fija un plazo al hombre

para que se presente ante él a juicio.

24 No necesita investigar

para derribar a los grandes

y dar a otros su lugar.

25 Dios conoce lo que hacen,

llega de noche y los destroza.

26 Los azota como a criminales,

a la vista de todos,

27 porque no quisieron obedecerle

ni aceptar sus normas de conducta.

28 Hicieron que los gritos de los pobres y oprimidos

llegaran hasta Dios, y él los escuchó.

29 Pero si Dios calla, ¿quién podrá condenarlo?

Si oculta su rostro, ¿quién podrá verlo?

Él vigilaa pueblos e individuos

30 para que no gobierne al pueblo

un malvado que lo engañe.

31 ¿Acaso le has dicho a Dios:

«Me dejé engañar; no volveré a pecar.

32 Muéstrame las faltas que yo no veo.

Si he actuado mal, no lo volveré a hacer»?

33 ¿Acaso quieres que Dios te recompense

como mejor te parezca,

aunque tú lo hayas rechazado?

Ya que eres tú quien decide, y no yo,

dinos lo que sabes.

34 Los hombres sabios que me escuchan,

y las personas sensatas, me dirán:

35 «Job está hablando sin saber;

sus palabras no tienen sentido.

36 ¡Que se examine a fondo a Job,

pues sus respuestas son las de un malvado!

37 Job no solo es pecador, sino rebelde;

delante de nosotros se burla de Dios

y se pone a discutir con él.»

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Job 35

Tercer discurso de Elihú

1-2 ¿Te parece justo, Job, afirmar

que Dios debe darte la razón?

3 Pues le has dicho a Dios:

«¿Qué te importa si yo peco?

¿En que te perjudicami pecado?»

4 Pues yo te voy a responder

a ti, y también a tus amigos.

5 Fíjate en el cielo,

y mira qué altas están las nubes sobre ti.

6 Si pecas, eso no afecta a Dios;

por muchos pecados que cometas, no le haces nada.

7 Y si actúas bien, nada le das;

no le haces ningún beneficio.

8 Es a los hombres como tú a quienes afecta tu pecado

y a quienes benefician tus buenas acciones.

9 Bajo el peso de la opresión, los hombres gritan

y buscan quien los salve de los poderosos;

10 pero no buscan al Dios que los creó,

al que da fuerzasen las horas más oscuras,

11 al que nos instruye y nos enseña

por medio de los animales y las aves.

12 Gritan, pero Dios no les contesta,

porque son hombres malos y orgullosos.

13 Dios, el Todopoderoso,

no hace caso a las falsedades.

14 Aun cuando dices que no ves a Dios,

espéralo, pues tu caso está en su presencia.

15 Dices que él no se enoja ni castiga,

que no presta mucha atención al pecado.

16 ¡Pero, Job, estás diciendo cosas sin sentido,

estás hablando mucho y sin inteligencia!

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Job 36

Cuarto discurso de Elihú

1-2 Ten un poco de paciencia, y te instruiré,

pues aún tengo argumentos a favor de Dios.

3 Usaré mis amplios conocimientos

para mostrar que mi Creador tiene razón.

4 Te aseguro que no diré nada falso;

tienes delante a un sabio consumado.

5 Dios es poderoso e inmensamente sabio,

y no desprecia al inocente.

6 No perdona la vida al malvado,

pero hace justicia a los pobres;

7 siempre protege a los hombres rectos;

afirma a los reyes en sus tronos,

y los mantiene en alta posición.

8 Pero si son sujetados con cadenas

y el dolor los atormenta,

9 Dios les hace ver el mal que cometieron

y cómo se dejaron llevar por el orgullo.

10 Les habla para corregirlos

y pedirles que dejen su maldad.

11 Si le hacen caso y se someten,

gozan de dicha y felicidad

por el resto de sus días.

12 Pero si no hacen caso,

mueren y bajan al sepulcro

antes de que puedan darse cuenta.

13 Los impíos se llenan de furor,

y ni aun estando presos piden ayuda.

14 Mueren en plena juventud;

su vida termina en forma vergonzosa.

15 Por medio del sufrimiento, Dios salva al que sufre;

por medio del dolor lo hace entender.

16 A ti también te libró de los peligros,

y te dio abundancia y libertad;

llenó tu mesa de comidas deliciosas.

17 En ti se cumple la sentencia del malvado,

y no podrás evitar que se te juzgue y condene.

18 Cuida de no dejarte sobornar,

de no dejarte seducir por el mucho dinero.

19 En la angustia no te servirán de nada

tus gritos ni todo tu poder.

20 No suspires por que llegue la noche,

cuando los pueblos desaparecen.

21 Cuida de no volver a la maldad,

tú que fuiste probado por el sufrimiento.

22 Fíjate en el gran poder de Dios.

Ningún maestro es comparable a él;

23 nadie puede decirle lo que tiene que hacer,

ni echarle en cara el haber hecho mal.

24 Todo el mundo alaba sus obras;

acuérdate también tú de alabarlas.

25 Todo hombre puede verlas,

aunque sea de lejos.

26 Dios es tan grande, que no podemos comprenderlo;

tampoco podemos contar sus años.

27 Él recoge en un depósito las gotas de agua,

y luego las convierte en lluvia.

28 La lluvia chorrea de las nubes

y cae en aguaceros sobre la gente.

29 ¿Quién entiende por qué avanzan las nubes,

o por qué resuena el trueno en el cielo?

30 Dios extiende el relámpago sobre el mar,

dejando oculto el fondo del océano.

31 Así alimentaa los pueblos

y les da comida en abundancia.

32 Sujeta el rayo entre sus manos,

y este da en el blanco, tal como él lo ordena.

33 El trueno anuncia a Dios,

la tempestad proclama su ira.

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Job 37

1 Al ver la tempestad, mi corazón palpita

como si fuera a salírseme del pecho.

2 Escuchen el estruendo de la voz de Dios,

el trueno que sale de su boca.

3 Él lanza el relámpago por todo el cielo

y de un extremo a otro de la tierra.

4 Luego se oye un estruendo,

cuando hace resonar su voz majestuosa;

y mientras se oye el trueno,

los relámpagosno cesan.

5 Cuando Dios hace tronar su voz,

se producen maravillas;

suceden grandes cosas que nadie puede comprender.

6 Ordena a la nieve caer sobre la tierra

y hace que la lluvia caiga con violencia.

7 Hace que los hombres se queden en sus casas,

y que todos reconozcan que él es quien actúa.

8 Los animales entran en sus cuevas,

y allí se quedan escondidos.

9 Del sur viene el huracán,

y del norte viene el frío.

10 Por el soplo de Dios se forma el hielo

y las aguas extensas se congelan.

11 Él carga de humedad las nubes,

y hace que de ellas surja el rayo;

12 y el rayo va, zigzagueando por el cielo,

cumpliendo así las órdenes de Dios

en toda la superficie de la tierra.

13 De todo ello se vale Dios para castigar a la tierra

o para mostrarle su bondad.

14 Job, ten paciencia y escucha,

considera las cosas admirables que hace Dios.

15 ¿Sabes tú cómo Dios dispone todo esto,

y cómo brilla el relámpago en la nube?

16 ¿Sabes tú cómo flotan las nubes en el aire,

prueba admirable de su perfecta inteligencia?

17 Tú te sofocas de calor entre tu ropa

cuando el viento del sur adormece la tierra.

18 ¿Puedes tú ayudar a Dios a extender el cielo

y dejarlo firme como una hoja de metal?

19 Enséñanos qué debemos decirle a Dios,

pues estamos a oscuras y sin argumentos.

20 Yo ni siquiera le diría que quiero hablar,

pues sería como querer que me destruya.

21 No es posible ver la luz del sol

cuando las nubes lo ocultan;

pero si el viento sopla, el cielo se aclara.

22 Resplandores de oro aparecen por el norte,

cuando Dios se rodea de terrible majestad.

23 No podemos comprender al Todopoderoso,

pues él es inmensamente fuerte y justo;

es recto y no oprime a nadie.

24 Por eso los hombres le temen;

nada significan los sabios para él.

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Job 38

Dios interpela a Job

1 Entonces el Señor le habló a Job de en medio de la tempestad.

2 ¿Quién eres tú para dudar de mi providencia

y mostrar con tus palabras tu ignorancia?

3 Muéstrame ahora tu valentía,

y respóndeme a estas preguntas:

4 ¿Dónde estabas cuando yo afirmé la tierra?

¡Dímelo, si de veras sabes tanto!

5 ¿Sabes quién decidió cuánto habría de medir,

y quién fue el arquitecto que la hizo?

6 ¿Sobre qué descansan sus cimientos?

¿Quién le puso la piedra principal de apoyo,

7 mientras cantaban a coro las estrellas de la aurora

entre la alegría de mis servidores celestiales?

8 Cuando el mar brotó del seno de la tierra,

¿quién le puso compuertas para contenerlo?

9 Yo le di una nube por vestido

y la niebla por pañales.

10 Yo le puseun límite al mar

y cerré con llave sus compuertas.

11 Y le dije: «Llegarás hasta aquí,

y de aquí no pasarás;

aquí se romperántus olas arrogantes.»

12 ¿Alguna vez en tu vida has dado órdenes

de que salga la aurora y amanezca el día?

13 ¿Y de que la luz se difunda por la tierra

y los malvados vayan a esconderse?

14 Entonces aparecen los relieves de la tierray se tiñen de color como un vestido;

15 se les niega la luz a los malvados

y se pone fin a su amenaza.

16 ¿Has visitado el misterioso abismo

donde tiene sus fuentes el océano?

17 ¿Has visto dónde están las puertas

del tenebroso reino de la muerte?

18 ¿Tienes idea de la anchura de la tierra?

¡Dímelo, si en verdad lo sabes todo!

19 ¿En dónde están guardadas

la luz y las tinieblas?

20 ¿Sabes hacerlas llegar hasta el último rincón

y que luego regresen a su casa?

21 ¡Debes de saberlo, pues tienes tantos años

que para entonces ya habrías nacido!

22 ¿Has visitado los depósitos

donde guardo la nieve y el granizo

23 para enviarlos en tiempos de desgracia,

en tiempos de batallas y de guerra?

24 ¿Qué caminos sigue la luz al repartirse?

¿Cómo se extiende el viento del este sobre el mundo?

25 ¿Quién abre una salida al aguacero

y señala el camino a la tormenta,

26 para que llueva en el desierto,

en lugares donde nadie vive,

27 para que riegue la tierra desolada

y haga brotar la hierba?

28 ¿Quién es el padre de la lluvia y del rocío?

29 ¿Quién es la madre del hielo y de la escarcha?

30 ¿Quién vuelve el agua dura como la piedra

y congela la superficie del océano?

31 ¿Eres tú quien mantiene juntas a las Pléyades

y separadas las estrellas de Orión?

32 ¿Eres tú quien saca a su hora al lucero de la mañana?

¿Eres tú quien guía a las estrellas

de la Osa Mayor y de la Osa Menor?

33 ¿Conoces tú las leyes que gobiernan el cielo?

¿Eres tú quien aplica esas leyes en la tierra?

34 ¿Puedes dar órdenes a las nubes

de que te inunden con agua?

35 Si mandas al rayo que vaya a alguna parte,

¿acaso te responde: «Aquí estoy, a tus órdenes»?

36 ¿Quién dio instinto inteligente

a aves como el ibiso el gallo?

37 ¿Quién es tan sabio que sepa cuántas nubes hay?

¿Quién puede vaciarlas para que den su lluvia,

38 para que el polvo se convierta en barro

y se peguen los terrones entre sí?

39 ¿Eres tú quien busca presa para las leonas,

para que coman sus cachorros hasta llenarse,

40 cuando se esconden en su guarida

o se ponen al acecho en la maleza?

41 ¿Quién da de comer a los cuervos,

cuando sus crías andan buscando comida

y con grandes chillidos me la piden?

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Job 39

1 ¿Sabes cuándo dan a luz las cabras monteses?

¿Has visto parir a las hembras del venado?

2 ¿Sabes cuántos meses necesitan

para que den a luz?

3 Al dar a luz se encorvan,

y entonces nacen sus crías.

4 Luego estas se hacen fuertes, crecen en el campo,

y al fin se van y no regresan.

5 ¿Quién dio libertad al asno salvaje?

¿Quién lo dejó andar suelto?

6 Yo le señalé, como lugar donde vivir,

el desierto y las llanuras salitrosas.

7 No le gusta el ruido de la ciudad,

ni obedece a los gritos del arriero.

8 Recorre las lomas en busca de pasto,

buscando cualquier hierba verde para comer.

9 ¿Crees que el toro salvaje querrá servirte

y pasar la noche en tu establo?

10 ¿Podrás atarlo al yugo y obligarlo a arar,

o a ir detrás de ti rastrillando el campo?

11 ¿Podrás confiar en él porque es tan fuerte,

y dejar que te haga tus trabajos?

12 ¿Crees que te servirá para recoger tu cosecha

y para juntar el grano en tu era?

13 Ahí tienes al avestruz: aletea alegremente,

como si tuviera alas de cigüeña,

14 y abandona los huevos en la arena

para que se incuben al calor del sol.

15 No piensa que alguien puede aplastarlos,

que algún animal puede pisotearlos.

16 Es cruel con sus crías, como si no fueran suyas,

y no le importa que resulte inútil su trabajo.

17 Es que yo no le di inteligencia;

le negué el buen sentido.

18 Pero cuando se levanta y echa a correr,

se ríe de caballos y jinetes.

19 ¿Acaso fuiste tú quien dio fuerza al caballo,

quien adornó su cuello con la crin?

20 ¿Acaso tú lo haces saltar como langosta,

con ese soberbio resoplido que impone terror?

21 Escarba arrogante en la llanura,

y sin temor se lanza a la batalla.

22 Se ríe del terror y no se asusta,

ni se acobarda ante la espada,

23 por más que resuene la aljaba del jinete

y lancen chispas las lanzas y las jabalinas.

24 Con ímpetu incontenible devora las distancias;

suena la trompeta y ya no puede estarse quieto.

25 Contesta con relinchos al toque de trompeta;

desde lejos siente el olor de la batalla

y oye las voces de mando y el griterío.

26 ¿Acaso eres tan sabio que enseñas a volar al halcón,

y a tender su vuelo hacia el sur?

27 ¿Eres tú quien ha ordenado al águila

que ponga su nido en las alturas?

28 Ella vive día y noche en los peñascos,

levanta su fortaleza en un picacho.

29 Desde allá arriba mira

y acecha a su presa.

30 Sus crías se alimentan de sangre,

y donde hay cadáveres, allí se la encuentra.

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Job 40

1-2 Tú, que querías entablarme juicio

a mí, al Todopoderoso,

¿insistes todavía en responder?

3-4 ¿Qué puedo responder yo, que soy tan poca cosa?

Prefiero guardar silencio.

5 Ya he hablado una y otra vez,

y no tengo nada que añadir.

Dios vuelve a interpelar a Job

6 Volvió el Señor a hablarle a Job de en medio de la tempestad.

7 Muéstrame ahora tu valentía,

y respóndeme a estas preguntas:

8 ¿Pretendes declararme injusto y culpable,

a fin de que tú aparezcas inocente?

9 ¿Acaso eres tan fuerte como yo?

¿Es tu voz de trueno, como la mía?

10 Revístete entonces de grandeza y majestad,

cúbrete de gloria y esplendor.

11 Mira a todos los orgullosos:

da rienda suelta a tu furor y humíllalos.

12 Sí, derríbalos con tu mirada,

aplasta a los malvados donde se encuentren.

13 Sepúltalos a todos en la tierra,

enciérralos en la prisión de los muertos.

14 Entonces yo mismo reconoceré

que fue tu poder el que te dio la victoria.

15 Fíjate en el monstruo Behemot,

criatura mía igual que tú:

come hierba, como los bueyes;

16 mira qué fuertes son sus lomos,

y qué poderosos sus músculos.

17 Su cola es dura como el cedro,

los tendones de sus patas forman nudos.

18 Sus huesos son como tubos de bronce, como barras de hierro.

19 Es mi obra maestra;

solo yo, su creador, puedo derrotarlo.

20 De los montes, donde juegan las fieras,

le traen hierba para que coma.

21 Se echa debajo de los lotos,

se esconde entre las cañas del pantano.

22 Los lotos le dan sombra,

los álamos del arroyo lo rodean.

23 Si el río crece, no se asusta;

aunque el aguale llegue al hocico, está tranquilo.

24 ¿Quién es capaz de agarrarlo y sacarle los ojos,

o de pasarle un lazo por la nariz?

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Job 41

1 1 (40.25)Y a Leviatán,¿lo pescarás con un anzuelo?

¿Podrás atarle la lengua con una cuerda?

2 2 (40.26)¿Podrás pasarle un cordel por las narices

o atravesarle con un gancho la quijada?

3 3 (40.27)¿Acaso va a rogarte que le tengas compasión,

y a suplicarte con palabras tiernas?

4 4 (40.28)¿Acaso harás que te prometa

ser tu esclavo toda la vida?

5 5 (40.29)¿Jugarás con él como con un pajarito?

¿Lo atarás como juguete de tus hijas?

6 6 (40.30)¿Se pondrán a regatear por él en el mercado?

¿Lo cortarán en pedazos para venderlo?

7 7 (40.31)¿Podrás atravesarle el cuero con flechas,

o la cabeza con arpones?

8 8 (40.32)Si llegas a ponerle la mano encima,

te dará tal batalla que no la olvidarás,

y nunca volverás a hacerlo.

9 9 (1)Con solo ver a Leviatán,

cualquiera se desmaya de miedo.

10 10 (2)Si alguien lo provoca, se pone furioso;

nadie es capaz de hacerle frente.

11 11 (3)¿Quién, que se le enfrente,saldrá sano y salvo?

¡Nadieen todo el mundo!

12 12 (4)No dejaré de mencionar sus patas

y su fuerza sin igual.

13 13 (5)¿Quién puede quitarle el cuero que lo cubre,

o atravesar su doble corazaprotectora?

14 14 (6)¿Quién puede abrirle el hocico,

con su cerco de terribles dientes?

15 15 (7)Sus lomosson hileras de escudos

cerrados y duros como la piedra.

16 16 (8)Tan apretados están unos contra otros,

que ni el aire puede pasar entre ellos.

17 17 (9)Tan unidos y trabados están,

que nadie puede separarlos.

18 18 (10)Sus estornudos son como relámpagos;

sus ojos brillan como el sol cuando amanece.

19 19 (11)De su hocico salen llamaradas

y se escapan chispas de fuego.

20 20 (12)De sus narices sale humo,

como de una caldera que hierveal fuego.

21 21 (13)Su aliento enciende las brasas,

de su hocico salen llamas.

22 22 (14)Su cuello es tan fuerte

que ante él todos se llenan de miedo.

23 23 (15)Aun la parte carnosa de su cuerpo

es dura e impenetrable, como hierro fundido.

24 24 (16)Tiene el corazón duro como la roca,

duro como piedra de moler.

25 25 (17)Cuando él se levanta, los diosesse espantan

y huyen llenos de terror.

26 26 (18)Ni espada ni lanza ni flecha ni dardo

sirven de nada para atacarlo.

27 27 (19)Para él, el hierro es como paja,

y el bronce como madera podrida.

28 28 (20)Las flechas no lo hacen huir;

lanzarle piedras es como lanzarle paja.

29 29 (21)Un golpe de mazo le es como un golpe de caña;

se ríe al oír silbar las jabalinas.

30 30 (22)Cuando se arrastra, abre surcos en el barro,

como si lo hiciera con afilados trillos.

31 31 (23)Hace hervir como una olla al mar profundo;

como una caldera para mezclar ungüentos.

32 32 (24)Va dejando en el agua una estela

blanca y brillante como melena de canas.

33 33 (25)No hay en la tierra nada que se le parezca;

fue hecho para no sentir miedo jamás.

34 34 (26)Hace frente aun a los más arrogantes,

y es el rey de todas las fieras.

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Job 42

Job reconoce la sabiduría de Dios

1-2 Yo sé que tú lo puedes todo

y que no hay nada que no puedas realizar.

3 ¿Quién soy yo para dudar de tu providencia,

mostrando así mi ignorancia?

Yo estaba hablando de cosas que no entiendo,

cosas tan maravillosas que no las puedo comprender.

4 Tú me dijiste: «Escucha, que quiero hablarte;

respóndeme a estas preguntas.»

5 Hasta ahora, solo de oídas te conocía,

pero ahora te veo con mis propios ojos.

6 Por eso me retracto arrepentido,

sentado en el polvo y la ceniza.

Dios devuelve la prosperidad a Job

7 Después que el Señor dijo estas cosas a Job, dijo también a Elifaz: «Estoy muy enojado contigo y con tus dos amigos, porque no dijeron la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.

8 Tomen ahora siete toros y siete carneros y vayan a ver a mi siervo Job, y ofrézcanlos como holocaustopor ustedes. Mi siervo Job orará por ustedes, y yo aceptaré su oración y no les haré ningún daño, aunque se lo merecen por no haber dicho la verdad acerca de mí, como lo hizo mi siervo Job.»

9 Elifaz, Bildad y Sofar fueron e hicieron lo que el Señor les ordenó, y el Señor aceptó la oración de Job.

10 Después que Job oró por sus amigos, Dios le devolvió su prosperidad anterior,y aun le dio dos veces más de lo que antes tenía.

11 Entonces fueron a visitarlo todos sus hermanos, hermanas y amigos, y todos sus antiguos conocidos, y en su compañía celebraron un banquete en su casa. Le ofrecieron sus condolencias y lo consolaron por todas las calamidades que el Señor le había enviado, y cada uno de ellos le dio una cantidad de dinero y un anillo de oro.

12 Dios bendijo a Job en sus últimos años más abundantemente que en los anteriores. Llegó a tener catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13 También tuvo catorcehijos y tres hijas.

14 A la mayor la llamó Jemimá,a la segunda, Quesiáy a la tercera, Queren-hapuc.

15 No había en todo el mundo mujeres tan bonitas como las hijas de Job. Su padre las hizo herederas de sus bienes, junto con sus hermanos.

16-17 Después de esto, Job vivió ciento cuarenta años,y murió a una edad muy avanzada, llegando a ver a sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos.

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Salmos 1

Felicidad verdadera

1 Felizel hombre

que no sigue el consejo de los malvados,

ni va por el camino de los pecadores,

ni hace causa común con los que se burlan de Dios,

2 sino que pone su amoren la leydel Señor

y en ella medita noche y día.

3 Ese hombre es como un árbol

plantado a la orilla de un río,

que da su fruto a su tiempo

y jamás se marchitan sus hojas.

¡Todo lo que hace, le sale bien!

4 Con los malvados no pasa lo mismo,

pues son como paja que se lleva el viento.

5 Por eso los malvados caerán bajoel juicio de Dios

y no tendrán parte en la comunidad de los justos.

6 El Señor cuidael camino de los justos,

pero el caminode los malos lleva al desastre.