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San Mateo 21

Jesús entra en Jerusalén

1 Cuando ya estaban cerca de Jerusalén y habían llegado a Betfagé,al Monte de los Olivos,Jesús envió a dos de sus discípulos,

2 diciéndoles:

—Vayan a la aldea que está enfrente. Allí encontrarán una burra atada, y un burrito con ella. Desátenla y tráiganmelos.

3 Y si alguien les dice algo, díganle que el Señorlos necesita y que en seguida los devolverá.

4 Esto sucedió para que se cumpliera lo que dijo el profeta, cuando escribió:

5 «Digan a la ciudad de Sión:

“Mira, tu Rey viene a ti,

humilde, montado en un burro,

en un burrito, cría de una bestia de carga.”»

6 Los discípulos fueron e hicieron lo que Jesús les había mandado.

7 Llevaron la burra y su cría, echaron sus capas encima de ellos, y Jesús montó.

8 Había mucha gente. Unos tendían sus capas por el camino, y otros tendían ramas que cortaban de los árboles.

9 Y tanto los que iban delante como los que iban detrás, gritaban:

—¡Hosana al Hijo del rey David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosana en las alturas!

10 Cuando Jesús entró en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó, y muchos preguntaban:

—¿Quién es este?

11 Y la gente contestaba:

—Es el profeta Jesús, el de Nazaret de Galilea.

Jesús purifica el templo

12 Jesús entró en el templo y echó de allí a todos los que estaban vendiendo y comprando. Volcó las mesas de los que cambiaban dinero a la gente, y los puestos de los que vendían palomas;

13 y les dijo:

—En las Escrituras se dice: “Mi casa será declarada casa de oración”,pero ustedes están haciendo de ella una cueva de ladrones.

14 Se acercaron a Jesús en el templo los ciegos y los cojos, y él los sanó.

15 Pero cuando los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley vieron los milagros que hacía, y oyeron que los niños gritaban en el templo: «¡Hosana al Hijo del rey David!», se enojaron

16 y dijeron a Jesús:

—¿Oyes lo que esos están diciendo?

Jesús les contestó:

—Sí, lo oigo. Pero ¿no han leído ustedes la Escritura que habla de esto? Dice:

“Con los cantos de los pequeños,

de los niñitos de pecho,

has dispuesto tu alabanza.”

17 Entonces los dejó, y se fue de la ciudad a Betania,donde pasó la noche.

Jesús maldice la higuera sin fruto

18 Por la mañana, cuando volvía a la ciudad, Jesús sintió hambre.

19 Vio una higuera junto al camino y se acercó a ella, pero no encontró más que hojas.Entonces le dijo a la higuera:

—¡Nunca más vuelvas a dar fruto!

Y al instante la higuera se secó.

20 Al ver lo ocurrido, los discípulos se maravillaron y preguntaron a Jesús:

—¿Cómo es que la higuera se secó al instante?

21 Jesús les contestó:

—Les aseguro que si tienen fe y no dudan, no solamente podrán hacer esto que le hice a la higuera, sino que aun si a este cerro le dicen: “Quítate de ahí y arrójate al mar”, así sucederá.

22 Y todo lo que ustedes, al orar, pidan con fe, lo recibirán.

La autoridad de Jesús

23 Después de esto, Jesús entró en el templo. Mientras estaba allí, enseñando, se le acercaron los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos, y le preguntaron:

—¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esta autoridad?

24-25 Jesús les contestó:

—Yo también les voy a hacer una pregunta: ¿Quién envió a Juan a bautizar, Dios o los hombres?Si ustedes me responden, yo les diré con qué autoridad hago esto.

Comenzaron a discutir unos con otros: «Si respondemos que Dios lo envió, nos dirá: “Entonces, ¿por qué no le creyeron?”

26 Y no podemos decir que fueron los hombres, porque tenemos miedo de la gente, ya que todos creen que Juan era un profeta.»

27 Así que respondieron a Jesús:

—No lo sabemos.

Entonces él les contestó:

—Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.

La parábola de los dos hijos

28 Jesús les preguntó:

—¿Qué opinan ustedes de esto? Un hombre tenía dos hijos, y le dijo a uno de ellos: “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viñedo.”

29 El hijo le contestó: “¡No quiero ir!” Pero después cambió de parecer, y fue.

30 Luego el padre se dirigió al otro, y le dijo lo mismo. Este contestó: “Sí, señor, yo iré.” Pero no fue.

31 ¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería?

—El primero —contestaron ellos.

Y Jesús les dijo:

—Les aseguro que los que cobran impuestos para Roma, y las prostitutas, entrarán antes que ustedes en el reino de los cielos.

32 Porque Juan el Bautista vino a enseñarles el camino de la justicia,y ustedes no le creyeron; en cambio, esos cobradores de impuestos y esas prostitutas sí le creyeron.Pero ustedes, aunque vieron todo esto, no cambiaron de actitud para creerle.

La parábola de los labradores malvados

33 »Escuchen otra parábola: El dueño de una finca plantó un viñedoy le puso un cerco; preparó un lugar donde hacer el vinoy levantó una torrepara vigilarlo todo. Luego alquiló el terreno a unos labradoresy se fue de viaje.

34 Cuando llegó el tiempo de la cosecha, mandó unos criados a pedir a los labradores la parte que le correspondía.

35 Pero los labradores echaron mano a los criados: golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a otro.

36 El dueño volvió a mandar más criados que al principio; pero los labradores los trataron a todos de la misma manera.

37 »Por fin mandó a su propio hijo, pensando: “Sin duda, respetarán a mi hijo.”

38 Pero cuando vieron al hijo, los labradores se dijeron unos a otros: “Este es el que ha de recibir la herencia; matémoslo y nos quedaremos con su propiedad.”

39 Así que lo agarraron, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

40 »Y ahora, cuando venga el dueño del viñedo, ¿qué creen ustedes que hará con esos labradores?

41 Le contestaron:

—Matará sin compasión a esos malvados, y alquilará el viñedo a otros labradores que le entreguen a su debido tiempo la parte de la cosecha que le corresponde.

42 Jesús entonces les dijo:

—¿Nunca han leído ustedes las Escrituras? Dicen:

“La piedra que los constructores despreciaron

se ha convertido en la piedra principal.

Esto lo hizo el Señor,

y estamos maravillados.”

43 Por eso les digo que a ustedes se les quitará el reino, y que se le dará a un pueblo que produzca la debida cosecha.

44 En cuanto a la piedra, cualquiera que caiga sobre ella quedará hecho pedazos; y si la piedra cae sobre alguien, lo hará polvo.

45 Los jefes de los sacerdotes y los fariseos, al oír las parábolas que Jesús contaba, se dieron cuenta de que hablaba de ellos.

46 Quisieron entonces arrestarlo, pero tenían miedo, porque la gente creía que Jesús era un profeta.

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San Mateo 22

La parábola del banquete de bodas

1 Jesús comenzó a hablarles otra vez por medio de parábolas. Les dijo:

2 «Sucede con el reino de los cielos como con un rey que hizo un banquete para la boda de su hijo.

3 Mandó a sus criados que fueran a llamar a los invitados, pero estos no quisieron asistir.

4 Volvió a mandar otros criados, encargándoles: “Digan a los invitados que ya tengo preparada la comida. Mandé matar mis reses y animales engordados, y todo está listo; que vengan al banquete.”

5 Pero los invitados no hicieron caso. Uno de ellos se fue a sus terrenos, otro se fue a sus negocios,

6 y los otros agarraron a los criados del rey y los maltrataron hasta matarlos.

7 Entonces el rey se enojó mucho, y ordenó a sus soldados que mataran a aquellos asesinos y quemaran su pueblo.

8 Luego dijo a sus criados: “El banquete está listo, pero aquellos invitados no merecían venir.

9 Vayan, pues, ustedes a las calles principales, e inviten al banquete a todos los que encuentren.”

10 Los criados salieron a las calles y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos;y así la sala se llenó de gente.

11 »Cuando el rey entró a ver a los invitados, se fijó en un hombre que no iba vestido con traje de boda.

12 Le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí, si no traes traje de boda?” Pero el otro se quedó callado.

13 Entonces el rey dijo a los que atendían las mesas: “Átenlo de pies y manos y échenlo a la oscuridad de afuera. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.”

14 Porque muchos son llamados, pero pocos escogidos.»

La pregunta sobre los impuestos

15 Después de esto, los fariseos fueron y se pusieron de acuerdo para hacerle decir a Jesús algo que les diera motivo para acusarlo.

16 Así que mandaron a algunos de sus partidarios, junto con otros del partido de Herodes,a decirle:

—Maestro, sabemos que tú dices la verdad, y que enseñas de veras el camino de Dios, sin dejarte llevar por lo que diga la gente, porque no hablas para darles gusto.

17 Danos, pues, tu opinión: ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?

18 Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo:

—Hipócritas, ¿por qué me tienden trampas?

19 Enséñenme la moneda con que se paga el impuesto.

Le trajeron un denario,

20 y Jesús les preguntó:

—¿De quién es esta cara y el nombre que aquí está escrito?

21 Le contestaron:

—Del emperador.

Jesús les dijo entonces:

—Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios.

22 Cuando oyeron esto, se quedaron admirados; y dejándolo, se fueron.

La pregunta sobre la resurrección

23 Aquel mismo día, algunos saduceos fueron a ver a Jesús. Alegaban que no hay resurrección de los muertos,así que le presentaron este caso:

24 —Maestro, Moisés dijo que si alguien muere sin dejar hijos, su hermano deberá tomar por esposa a la viuda, para darle hijos al hermano que murió.

25 Pues bien, aquí, entre nosotros, había una vez siete hermanos. El primero se casó, y murió. Como no tuvo hijos, dejó su viuda al segundo hermano.

26 Lo mismo le pasó al segundo, y después al tercero, y así hasta el séptimo hermano.

27 Después de todos murió también la mujer.

28 Pues bien, en la resurrección, ¿de cuál de los siete hermanos será esposa esta mujer, si todos estuvieron casados con ella?

29 Jesús les contestó:

—¡Qué equivocados están, por no conocer las Escrituras ni el poder de Dios!

30 Cuando los muertos resuciten, los hombres y las mujeres no se casarán, pues serán como los ángeles que están en el cielo.

31 Y en cuanto a que los muertos resucitan, ¿no han leído ustedes que Dios mismo dijo:

32 “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”? ¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos!

33 Al oír esto, la gente se quedó admirada de las enseñanzas de Jesús.

El mandamiento más importante

34 Los fariseos se reunieron al saber que Jesús había hecho callar a los saduceos,

35 y uno, que era maestro de la ley,para tenderle una trampa, le preguntó:

36 —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la ley?

37 Jesús le dijo:

—“Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.”

38 Este es el más importante y el primero de los mandamientos.

39 Pero hay un segundo, parecido a este; dice: “Ama a tu prójimo como a ti mismo.”

40 En estos dos mandamientos se basan toda la ley y los profetas.,

¿De quién desciende el Mesías?

41 Mientras los fariseos todavía estaban reunidos,

42 Jesús les preguntó:

—¿Qué piensan ustedes del Mesías? ¿De quién desciende?

Le contestaron:

—Desciende de David.

43 Entonces les dijo Jesús:

—¿Pues cómo es que David, inspirado por el Espíritu, lo llama Señor? Porque David dijo:

44 “El Señor dijo a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

hasta que yo ponga a tus enemigos

debajo de tus pies.”

45 ¿Cómo puede el Mesías descender de David, si David mismo lo llama Señor?

46 Nadie pudo responderle ni una sola palabra, y desde ese día ninguno se atrevió a hacerle más preguntas.

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San Mateo 23

Jesús denuncia a los fariseos y a los maestros de la ley

1 Después de esto, Jesús dijo a la gente y a sus discípulos:

2 «Los maestros de la ley y los fariseos enseñan con la autoridad que viene de Moisés.

3 Por lo tanto, obedézcanlos ustedes y hagan todo lo que les digan; pero no sigan su ejemplo, porque ellos dicen una cosa y hacen otra.

4 Atan cargas tan pesadas que es imposible soportarlas, y las echan sobre los hombros de los demás, mientras que ellos mismos no quieren tocarlas ni siquiera con un dedo.

5 Todo lo hacen para que la gente los vea.Les gusta llevar en la frente y en los brazos porciones de las Escrituras escritas en anchas tiras,y ponerse ropas con grandes borlas.

6 Quieren tener los mejores lugares en las comidas y los asientos de honor en las sinagogas,

7 y desean que la gente los salude con todo respeto en la calle y que los llame maestros.

8 »Pero ustedes no deben pretender que la gente los llame maestros, porque todos ustedes son hermanos y tienen solamente un Maestro.

9 Y no llamen ustedes padre a nadie en la tierra,porque tienen solamente un Padre: el que está en el cielo.

10 Ni deben pretender que los llamen guías, porque Cristo es su único Guía.

11 El más grande entre ustedes debe servir a los demás.

12 Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.

13 »¡Ay de ustedes,maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que cierran la puerta del reino de los cielos para que otros no entren. Y ni ustedes mismos entran, ni dejan entrar a los que quieren hacerlo.

15 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que recorren tierra y mar para ganar un adepto,y cuando lo han logrado, hacen de él una persona dos veces más merecedora del infierno que ustedes mismos.

16 »¡Ay de ustedes, guías ciegos!,que dicen: “Quien hace una promesa jurando por el templo, no se compromete a nada; pero si jura por el oro del templo, entonces sí queda comprometido.”

17 ¡Tontos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro, o el templo por cuya causa el oro queda consagrado?

18 También dicen ustedes: “Quien hace una promesa jurando por el altar, no se compromete a nada; pero si jura por la ofrenda que está sobre el altar, entonces sí queda comprometido.”

19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante: la ofrenda, o el altar por cuya causa la ofrenda queda consagrada?

20 El que jura por el altar, no está jurando solamente por el altar, sino también por todo lo que hay encima;

21 y el que jura por el templo, no está jurando solamente por el templo, sino también por Dios, que vive allí.

22 Y el que jura por el cielo, está jurando por el trono de Dios,y a la vez por Dios, que se sienta en él.

23 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que separan para Dios la décima parte de la menta, del anís y del comino, pero no hacen caso de las enseñanzas más importantes de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad.Esto es lo que deben hacer, sin dejar de hacer lo otro.

24 ¡Ustedes, guías ciegos, cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

25 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que limpian por fuera el vaso y el plato,pero no les importa llenarlos con el robo y la avaricia.

26 ¡Fariseo ciego: primero limpia por dentro el vaso,y así quedará limpio también por fuera!

27 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados,bien arreglados por fuera, pero llenos por dentro de huesos de muertos y de toda clase de impureza.

28 Así son ustedes: por fuera aparentan ser gente honrada, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

29 »¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que construyen los sepulcros de los profetas y adornan los monumentos de los justos,

30 y luego dicen: “Si nosotros hubiéramos vivido en tiempos de nuestros antepasados, no habríamos tomado parte en la muerte de los profetas.”

31 Ya con esto, ustedes mismos reconocen que son descendientes de los que mataron a los profetas.

32 ¡Terminen de hacer, pues, lo que sus antepasados comenzaron!

33 »¡Serpientes! ¡Raza de víboras! ¿Cómo van a escapar del castigo del infierno?

34 Por esto yo les voy a enviar profetas, sabios y maestros. Pero ustedes matarán y crucificarán a algunos de ellos, y a otros los golpearán en las sinagogas y los perseguirán de pueblo en pueblo.

35 Así que sobre ustedes caerá el castigo por toda la sangre inocente que ha sido derramada desde Abel el justo hasta Zacarías, hijo de Berequías, a quien ustedes mataron entre el santuario y el altar.

36 Les aseguro que el castigo por todo esto caerá sobre la gente de hoy.

Jesús llora por Jerusalén

37 »¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetasy apedreas a los mensajeros que Dios te envía! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos bajo las alas,pero no quisiste!

38 Pues miren, el hogar de ustedes va a quedar abandonado;

39 y les digo que, a partir de este momento, no volverán a verme hasta que digan: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!”»

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San Mateo 24

Jesús anuncia que el templo será destruido

1 Jesús salió del templo, y ya se iba, cuando sus discípulos se acercaron y comenzaron a atraer su atención a los edificios del templo.

2 Jesús les dijo:

—¿Ven ustedes todo esto? Pues les aseguro que aquí no va a quedar ni una piedra sobre otra. Todo será destruido.

Señales antes del fin

3 Luego se fueron al Monte de los Olivos.Jesús se sentó,y los discípulos se le acercaron para preguntarle aparte:

—Queremos que nos digas cuándo va a ocurrir esto. ¿Cuál será la señal de tu regreso y del fin del mundo?

4 Jesús les contestó:

—Tengan cuidado de que nadie los engañe.

5 Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí. Dirán: “Yo soy el Mesías”, y engañarán a mucha gente.

6 Ustedes tendrán noticias de que hay guerras aquí y allá; pero no se asusten, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún no será el fin.

7 Porque una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro; y habrá hambres y terremotos en muchos lugares.

8 Pero todo eso apenas será el comienzo de los dolores.

9 »Entonces los entregarán a ustedes para que los maltraten; y los matarán, y todo el mundo los odiará por causa mía.

10 En aquel tiempo muchos renegarán de su fe,y se odiarán y se traicionarán unos a otros.

11 Aparecerán muchos falsos profetas, y engañarán a mucha gente.

12 Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás.

13 Pero el que siga firme hasta el fin, se salvará.

14 Y esta buena noticia del reinoserá anunciada en todo el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces vendrá el fin.

15 »El profeta Daniel escribió acerca del horrible sacrilegio.Cuando ustedes lo vean en el Lugar santo —el que lee, entienda—,

16 entonces los que estén en Judea, que huyan a las montañas;

17 y el que esté en la azoteade su casa, que no baje a sacar nada;

18 y el que esté en el campo, que no regrese ni aun a recoger su ropa.

19 ¡Pobres mujeres aquellas que en tales días estén embarazadas o tengan niños de pecho!

20 Pidan ustedes a Dios que no hayan de huir en el invierno ni en sábado;

21 porque habrá entonces un sufrimiento tan grande como nunca lo ha habido desde el comienzo del mundoni lo habrá después.

22 Y si Dios no acortara ese tiempo, no se salvaría nadie; pero lo acortará por amor a los que ha escogido.

23 »Si entonces alguien les dice a ustedes: “Miren, aquí está el Mesías”, o “Miren, allí está”, no lo crean.

24 Porque vendrán falsos mesías y falsos profetas; y harán grandes señales y milagros, para engañar, a ser posible, hasta a los que Dios mismo ha escogido.

25 Ya se lo he advertido a ustedes de antemano.

26 Por eso, si les dicen: “Miren, allí está, en el desierto”, no vayan; o si les dicen: “Miren, aquí está escondido”, no lo crean.

27 Porque como un relámpago que se ve brillar de oriente a occidente, así será cuando regrese el Hijo del hombre.

28 Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.

El regreso del Hijo del hombre

29 »Tan pronto como pasen aquellos días de sufrimiento, el sol se oscurecerá, la luna dejará de dar su luz, las estrellas caerán del cielo y las fuerzas celestiales temblarán.

30 Entonces se verá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y llenos de terror todos los pueblos del mundo llorarán, y verán al Hijo del hombre que viene en las nubes del cielocon gran poder y gloria.

31 Y él mandará a sus ángeles con una gran trompeta, para que reúnan a sus escogidos de los cuatro puntos cardinales, desde un extremo del cielo hasta el otro.

32 »Aprendan esta enseñanza de la higuera: Cuando sus ramas se ponen tiernas, y brotan sus hojas, se dan cuenta ustedes de que ya el verano está cerca.

33 De la misma manera, cuando vean todo esto, sepan que el Hijo del hombre ya está a la puerta.

34 Les aseguro que todo esto sucederá antes que muera la gente de este tiempo.

35 El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras no dejarán de cumplirse.

36 »En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni aun los ángeles del cielo, ni el Hijo. Solamente lo sabe el Padre.

37 »Como sucedió en tiempos de Noé,así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre.

38 En aquellos tiempos antes del diluvio, y hasta el día en que Noé entró en la barca, la gente comía y bebía y se casaba.

39 Pero cuando menos lo esperaban, vino el diluvio y se los llevó a todos. Así sucederá también cuando regrese el Hijo del hombre.

40 En aquel momento, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado.

41 De dos mujeres que estén moliendo, una será llevada y la otra será dejada.

42 »Manténganse ustedes despiertos, porque no saben qué día va a venir su Señor.

43 Pero sepan esto, que si el dueño de una casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, se mantendría despierto y no dejaría que nadie se metiera en su casa a robar.

44 Por eso, ustedes también estén preparados; porque el Hijo del hombre vendrá cuando menos lo esperen.

El criado fiel y el criado infiel

45 »¿Quién es el criado fiel y atento, a quien su amo deja encargado de los de su casa, para darles de comer a su debido tiempo?

46 Dichoso el criado a quien su amo, cuando llega, lo encuentra cumpliendo con su deber.

47 Les aseguro que el amo lo pondrá como encargado de todos sus bienes.

48 Pero si ese criado es un malvado, y pensando que su amo va a tardar

49 comienza a maltratar a los otros criados, y se junta con borrachos a comer y beber,

50 el día que menos lo espere y a una hora que no sabe, llegará su amo

51 y lo castigará,condenándolo a correr la misma suerte que los hipócritas. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.

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San Mateo 25

La parábola de las diez muchachas

1 »Sucederá entonces con el reino de los cielos como lo que sucedió en una boda: diez muchachas tomaron sus lámparas de aceite y salieron a recibir al novio.

2 Cinco de ellas eran despreocupadas y cinco previsoras.

3 Las despreocupadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo;

4 en cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas.

5 Como el novio tardaba en llegar, les dio sueño a todas, y por fin se durmieron.

6 Cerca de la medianoche, se oyó gritar: “¡Ya viene el novio! ¡Salgan a recibirlo!”

7 Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas.

8 Entonces las cinco despreocupadas dijeron a las cinco previsoras: “Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando.”

9 Pero las muchachas previsoras contestaron: “No, porque así no alcanzará ni para nosotras ni para ustedes. Más vale que vayan a donde lo venden, y compren para ustedes mismas.”

10 Pero mientras aquellas cinco muchachas fueron a comprar aceite, llegó el novio, y las que habían sido previsoras entraron con él en la boda,y se cerró la puerta.

11 Después llegaron las otras muchachas, diciendo: “¡Señor, señor, ábrenos!”

12 Pero él les contestó: “Les aseguro que no las conozco.”

13 »Manténganse ustedes despiertos —añadió Jesús—, porque no saben ni el día ni la hora.

La parábola del dinero

14 »Sucederá también con el reino de los cielos como con un hombre que, estando a punto de irse a otro país, llamó a sus empleadosy les encargó que le cuidaran su dinero.

15 A uno de ellos le entregó cinco mil monedas,a otro dos mil y a otro mil: a cada uno según su capacidad. Entonces se fue de viaje.

16 El empleado que recibió las cinco mil monedas hizo negocio con el dinero y ganó otras cinco mil monedas.

17 Del mismo modo, el que recibió dos mil ganó otras dos mil.

18 Pero el que recibió mil fue y escondió el dinero de su jefe en un hoyo que hizo en la tierra.

19 »Mucho tiempo después volvió el jefe de aquellos empleados, y se puso a hacer cuentas con ellos.

20 Primero llegó el que había recibido las cinco mil monedas, y entregó a su jefe otras cinco mil, diciéndole: “Señor, usted me dio cinco mil, y aquí tiene otras cinco mil que gané.”

21 El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más.Entra y alégrate conmigo.”

22 Después llegó el empleado que había recibido las dos mil monedas, y dijo: “Señor, usted me dio dos mil, y aquí tiene otras dos mil que gané.”

23 El jefe le dijo: “Muy bien, eres un empleado bueno y fiel; ya que fuiste fiel en lo poco, te pondré a cargo de mucho más. Entra y alégrate conmigo.”

24 »Pero cuando llegó el empleado que había recibido las mil monedas, le dijo a su jefe: “Señor, yo sabía que usted es un hombre duro, que cosecha donde no sembró y recoge donde no esparció.

25 Por eso tuve miedo, y fui y escondí su dinero en la tierra. Pero aquí tiene lo que es suyo.”

26 El jefe le contestó: “Tú eres un empleado malo y perezoso, pues si sabías que yo cosecho donde no sembré y que recojo donde no esparcí,

27 deberías haber llevado mi dinero al banco, y yo, al volver, habría recibido mi dinero más los intereses.”

28 Y dijo a los que estaban allí: “Quítenle las mil monedas, y dénselas al que tiene diez mil.

29 Porque al que tiene, se le dará más, y tendrá de sobra; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.

30 Y a este empleado inútil, échenlo fuera, a la oscuridad. Entonces vendrán el llanto y la desesperación.”

El juicio de las naciones

31 »Cuando el Hijo del hombre venga, rodeado de esplendor y de todos sus ángeles,se sentará en su trono glorioso.

32 La gente de todas las naciones se reunirá delante de él, y él separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras.

33 Pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

34 Y dirá el Rey a los que estén a su derecha: “Vengan ustedes, los que han sido bendecidos por mi Padre; reciban el reino que está preparado para ustedes desde que Dios hizo el mundo.

35 Pues tuve hambre, y ustedes me dieron de comer;tuve sed, y me dieron de beber; anduve como forastero, y me dieron alojamiento.

36 Estuve sin ropa, y ustedes me la dieron; estuve enfermo, y me visitaron; estuve en la cárcel, y vinieron a verme.”

37 Entonces los justos preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre, y te dimos de comer? ¿O cuándo te vimos con sed, y te dimos de beber?

38 ¿O cuándo te vimos como forastero, y te dimos alojamiento, o sin ropa, y te la dimos?

39 ¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?”

40 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos hermanos míos más humildes, por mí mismo lo hicieron.”

41 »Luego el Rey dirá a los que estén a su izquierda: “Apártense de mí, los que merecieron la condenación; váyanse al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

42 Pues tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber;

43 anduve como forastero, y no me dieron alojamiento; sin ropa, y no me la dieron; estuve enfermo, y en la cárcel, y no vinieron a visitarme.”

44 Entonces ellos le preguntarán: “Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o como forastero, o falto de ropa, o enfermo, o en la cárcel, y no te ayudamos?”

45 El Rey les contestará: “Les aseguro que todo lo que no hicieron por una de estas personas más humildes, tampoco por mí lo hicieron.”

46 Esos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

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San Mateo 26

Conspiración para arrestar a Jesús

1 Cuando Jesús terminó toda su enseñanza,dijo a sus discípulos:

2 —Como ustedes saben, dentro de dos días es la fiesta de la Pascua,y el Hijo del hombre será entregado para que lo crucifiquen.

3 Por aquel tiempo, los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se reunieron en el palacio de Caifás, el sumo sacerdote,

4 e hicieron planes para arrestar a Jesús mediante algún engaño, y matarlo.

5 Pero decían:

—No durante la fiesta, para que no se alborote la gente.

Una mujer derrama perfume sobre Jesús

6 Jesús estaba en Betania, en casa de Simón, al que llamaban el leproso;

7 en esto se le acercó una mujer que llevaba un frasco de alabastrolleno de un perfume muy caro. Mientras Jesús estaba a la mesa, ella le derramó el perfume sobre la cabeza.

8 Los discípulos, al verlo, se enojaron y comenzaron a decir:

—¿Por qué se desperdicia esto?

9 Pudo haberse vendido por mucho dinero, para ayudar a los pobres.

10 Jesús lo oyó, y les dijo:

—¿Por qué molestan a esta mujer? Ha hecho una obra buena conmigo.

11 Pues a los pobres los tendrán siempre entre ustedes,pero a mí no siempre me van a tener.

12 Lo que ha hecho esta mujer, al derramar el perfume sobre mi cuerpo, es prepararme para mi entierro.

13 Les aseguro que en cualquier lugar del mundo donde se anuncie esta buena noticia, se hablará también de lo que hizo esta mujer, y así será recordada.

Judas traiciona a Jesús

14 Uno de los doce discípulos, el que se llamaba Judas Iscariote, fue a ver a los jefes de los sacerdotes

15 y les dijo:

—¿Cuánto me quieren dar, y yo les entrego a Jesús?

Ellos le pagaron treinta monedas de plata.

16 Y desde entonces Judas anduvo buscando el momento más oportuno para entregarles a Jesús.

La Cena del Señor

17 El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron:

—¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

18 Él les contestó:

—Vayan a la ciudad, a casa de Fulano, y díganle: “El Maestro dice: Mi hora está cerca, y voy a tu casa a celebrar la Pascua con mis discípulos.”

19 Los discípulos hicieron como Jesús les había mandado, y prepararon la cena de Pascua.

20 Cuando llegó la noche, Jesús estaba a la mesacon los doce discípulos;

21 y mientras comían, les dijo:

—Les aseguro que uno de ustedes me va a traicionar.

22 Ellos se pusieron muy tristes, y comenzaron a preguntarle uno tras otro:

—Señor, ¿acaso seré yo?

23 Jesús les contestó:

—Uno que moja el pan en el mismo plato que yo, va a traicionarme.

24 El Hijo del hombre ha de recorrer el camino que dicen las Escrituras; pero ¡ay de aquel que lo traiciona! Hubiera sido mejor para él no haber nacido.

25 Entonces Judas, el que lo estaba traicionando, le preguntó:

—Maestro, ¿acaso seré yo?

—Tú lo has dicho —contestó Jesús.

26 Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo:

—Tomen y coman, esto es mi cuerpo.

27 Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, diciendo:

—Beban todos ustedes de esta copa,

28 porque esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza,sangre que es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados.

29 Pero les digo que no volveré a beber de este producto de la vid, hasta el día en que beba con ustedes el vino nuevo en el reino de mi Padre.

Jesús anuncia que Pedro lo negará

30 Después de cantar los salmos,se fueron al Monte de los Olivos.

31 Y Jesús les dijo:

—Todos ustedes van a perder su fe en mí esta noche. Así lo dicen las Escrituras: “Mataré al pastor, y las ovejas se dispersarán.”

32 Pero cuando yo resucite, los volveré a reunir en Galilea.

33 Pedro le contestó:

—Aunque todos pierdan su fe en ti, yo no la perderé.

34 Jesús le dijo:

—Te aseguro que esta misma noche, antes que cante el gallo,me negarás tres veces.

35 Pedro afirmó:

—Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

Y todos los discípulos decían lo mismo.

Jesús ora en Getsemaní

36 Luego fue Jesús con sus discípulos a un lugar llamado Getsemaní,y les dijo:

—Siéntense aquí, mientras yo voy allí a orar.

37 Y se llevó a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,y comenzó a sentirse muy triste y angustiado.

38 Les dijo:

—Siento en mi alma una tristeza de muerte.Quédense ustedes aquí, y permanezcan despiertos conmigo.

39 En seguida Jesús se fue un poco más adelante, se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, y oró diciendo: «Padre mío, si es posible, líbrame de este trago amargo;pero que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»

40 Luego volvió a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos. Le dijo a Pedro:

—¿Ni siquiera una hora pudieron ustedes mantenerse despiertos conmigo?

41 Manténganse despiertos y oren, para que no caigan en tentación.Ustedes tienen buena voluntad, pero son débiles.

42 Por segunda vez se fue, y oró así: «Padre mío, si no es posible evitar que yo sufra esta prueba, hágase tu voluntad.»

43 Cuando volvió, encontró otra vez dormidos a los discípulos, porque sus ojos se les cerraban de sueño.

44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras.

45 Entonces regresó a donde estaban los discípulos, y les dijo:

—¿Siguen ustedes durmiendo y descansando?Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.

46 Levántense, vámonos; ya se acerca el que me traiciona.

Arrestan a Jesús

47 Todavía estaba hablando Jesús, cuando Judas, uno de los doce discípulos, llegó acompañado de mucha gente armada con espadas y con palos. Iban de parte de los jefes de los sacerdotes y de los ancianos del pueblo.

48 Judas, el traidor, les había dado una contraseña, diciéndoles: «Al que yo bese, ese es; arréstenlo.»

49 Así que, acercándose a Jesús, dijo:

—¡Buenas noches, Maestro!

Y lo besó.

50 Jesús le contestó:

—Amigo, adelante con tus planes.

Entonces los otros se acercaron, echaron mano a Jesús y lo arrestaron.

51 En eso, uno de los que estaban con Jesús sacó su espada y le cortó una oreja al criado del sumo sacerdote.

52 Jesús le dijo:

—Guarda tu espada en su lugar. Porque todos los que pelean con la espada, también a espada morirán.

53 ¿No sabes que yo podría rogarle a mi Padre, y él me mandaría ahora mismo más de doce ejércitosde ángeles?

54 Pero en ese caso, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, que dicen que debe suceder así?

55 En seguida Jesús preguntó a la gente:

—¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos a arrestarme, como si yo fuera un bandido? Todos los días he estado enseñando en el templo,y nunca me arrestaron.

56 Pero todo esto sucede para que se cumpla lo que dijeron los profetas en las Escrituras.

En aquel momento, todos los discípulos dejaron solo a Jesús y huyeron.

Jesús ante la Junta Suprema

57 Los que habían arrestado a Jesús lo llevaron a la casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde los maestros de la ley y los ancianos estaban reunidos.

58 Pedro lo siguió de lejos hasta el patio de la casa del sumo sacerdote. Entró, y se quedó sentado con los guardianes del templo, para ver en qué terminaría todo aquello.

59 Los jefes de los sacerdotes y toda la Junta Suprema buscaban alguna prueba falsa para condenar a muerte a Jesús,

60 pero no la encontraron, a pesar de que muchas personas se presentaron y lo acusaron falsamente. Por fin se presentaron dos más,

61 que afirmaron:

—Este hombre dijo: “Yo puedo destruir el templo de Dios y volver a levantarlo en tres días.”

62 Entonces el sumo sacerdote se levantó y preguntó a Jesús:

—¿No contestas nada? ¿Qué es esto que están diciendo contra ti?

63 Pero Jesús se quedó callado.El sumo sacerdote le dijo:

—En el nombre del Dios viviente te ordeno que digas la verdad. Dinos si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

64 Jesús le contestó:

—Tú lo has dicho.Y yo les digo también que ustedes van a ver al Hijo del hombre sentado a la derecha del Todopoderoso, y viniendo en las nubes del cielo.

65 Entonces el sumo sacerdote se rasgó las ropas en señal de indignación, y dijo:

—¡Las palabras de este hombre son una ofensa contra Dios! ¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Ustedes han oído sus palabras ofensivas;

66 ¿qué les parece?

Ellos contestaron:

—Es culpable, y debe morir.

67 Entonces le escupieron en la cara y lo golpearon. Otros le pegaron en la cara,

68 diciéndole:

—Tú que eres el Mesías, ¡adivina quién te pegó!

Pedro niega conocer a Jesús

69 Pedro, entre tanto, estaba sentado afuera, en el patio. En esto, una sirvienta se le acercó y le dijo:

—Tú también andabas con Jesús, el de Galilea.

70 Pero Pedro lo negó delante de todos, diciendo:

—No sé de qué estás hablando.

71 Luego se fue a la puerta, donde otra lo vio y dijo a los demás:

—Ese andaba con Jesús, el de Nazaret.

72 De nuevo Pedro lo negó, jurando:

—¡No conozco a ese hombre!

73 Poco después, los que estaban allí se acercaron a Pedro y le dijeron:

—Seguro que tú también eres uno de ellos. Hasta en tu manera de hablar se te nota.

74 Entonces él comenzó a jurar y perjurar,diciendo:

—¡No conozco a ese hombre!

En aquel mismo momento cantó un gallo,

75 y Pedro se acordó de que Jesús le había dicho: «Antes que cante el gallo, me negarás tres veces.»Y salió Pedro de allí, y lloró amargamente.

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San Mateo 27

Jesús es entregado a Pilato

1 Cuando amaneció, todos los jefes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos se pusieron de acuerdoen un plan para matar a Jesús.

2 Lo llevaron atado y se lo entregaron a Pilato, el gobernador romano.

La muerte de Judas

3 Judas, el que había traicionado a Jesús, al ver que lo habían condenado, tuvo remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos,

4 diciéndoles:

—He pecado entregando a la muerte a un hombre inocente.

Pero ellos le contestaron:

—¿Y eso qué nos importa a nosotros? ¡Eso es cosa tuya!

5 Entonces Judas arrojó las monedas en el templo, y fue y se ahorcó.

6 Los jefes de los sacerdotes recogieron aquel dinero, y dijeron:

—Este dinero está manchado de sangre; no podemos ponerlo en el cofre de las ofrendas.

7 Así que tomaron el acuerdo de comprar con él un terreno llamado el Campo del Alfarero, para tener un lugar donde enterrar a los extranjeros.

8 Por eso, aquel terreno se llama hasta el día de hoy Campo de Sangre.

9 Así se cumplió lo que había dicho el profeta Jeremías: «Tomaron las treinta monedas de plata, el precio que los israelitas le habían puesto,

10 y con ellas compraron el campo del alfarero, tal como me lo ordenó el Señor.»

Jesús ante Pilato

11 Jesús fue llevado ante el gobernador, que le preguntó:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

—Tú lo has dicho—contestó Jesús.

12 Mientras los jefes de los sacerdotes y los ancianos lo acusaban, Jesús no respondía nada.

13 Por eso Pilato le preguntó:

—¿No oyes todo lo que están diciendo contra ti?

14 Pero Jesús no le contestó ni una sola palabra;de manera que el gobernador se quedó muy extrañado.

Jesús es sentenciado a muerte

15 Durante la fiesta,el gobernador acostumbraba dejar libre un preso, el que la gente escogiera.

16 Había entonces un preso famoso llamado Jesús Barrabás;

17 y estando ellos reunidos, Pilato les preguntó:

—¿A quién quieren ustedes que les ponga en libertad: a Jesús Barrabás, o a Jesús, el que llaman el Mesías?

18 Porque se había dado cuenta de que lo habían entregado por envidia.

19 Mientras Pilato estaba sentado en el tribunal, su esposa mandó a decirle: «No te metas con ese hombre justo, porque anoche tuve un sueño horrible por causa suya.»

20 Pero los jefes de los sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitudde que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús.

21 El gobernador les preguntó otra vez:

—¿A cuál de los dos quieren ustedes que les ponga en libertad?

Ellos dijeron:

—¡A Barrabás!

22 Pilato les preguntó:

—¿Y qué voy a hacer con Jesús, el que llaman el Mesías?

Todos contestaron:

—¡Crucifícalo!

23 Pilato les dijo:

—Pues ¿qué mal ha hecho?

Pero ellos volvieron a gritar:

—¡Crucifícalo!

24 Cuando Pilato vio que no conseguía nada, sino que el alboroto era cada vez mayor, mandó traer agua y se lavó las manosdelante de todos, diciendo:

—Yo no soy responsable de la muerte de este hombre; es cosa de ustedes.

25 Toda la gente contestó:

—¡Nosotros y nuestros hijos nos hacemos responsables de su muerte!

26 Entonces Pilato dejó libre a Barrabás; luego mandó azotar a Jesús y lo entregó para que lo crucificaran.

27 Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al palacio y reunieron toda la tropa alrededor de él.

28 Le quitaron su ropa, lo vistieron con una capa roja

29 y le pusieron en la cabeza una corona tejida de espinas y una vara en la mano derecha.Luego se arrodillaron delante de él, y burlándose le decían:

—¡Viva el Rey de los judíos!

30 También lo escupían, y con la misma vara le golpeaban la cabeza.

31 Después de burlarse así de él, le quitaron la capa roja, le pusieron su propia ropa y se lo llevaron para crucificarlo.

Jesús es crucificado

32 Al salir de allí, encontraron a un hombre llamado Simón, natural de Cirene,a quien obligaron a cargar con la cruz de Jesús.

33 Cuando llegaron a un sitio llamado Gólgota,(es decir, «Lugar de la Calavera»),

34 le dieron a beber vino mezclado con hiel;pero Jesús, después de probarlo, no lo quiso beber.

35 Cuando ya lo habían crucificado, los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

36 Luego se sentaron allí para vigilarlo.

37 Y por encima de su cabeza pusieron un letrero, donde estaba escrita la causa de su condena. El letrero decía: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»

38 También fueron crucificados con él dos bandidos,uno a su derecha y otro a su izquierda.

39 Los que pasaban lo insultaban, meneando la cabeza

40 y diciendo:

—¡Tú ibas a derribar el templo y a reconstruirlo en tres días!¡Si eres Hijo de Dios, sálvate a ti mismo y bájate de la cruz!

41 De la misma manera se burlaban de él los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, junto con los ancianos. Decían:

42 —Salvó a otros, pero a sí mismo no puede salvarse. Es el Rey de Israel: ¡pues que baje de la cruz, y creeremos en él!

43 Ha puesto su confianza en Dios: ¡pues que Dios lo salve ahora, si de veras lo quiere!¿No nos ha dicho que es Hijo de Dios?

44 Y hasta los bandidos que estaban crucificados con él, lo insultaban.

Muerte de Jesús

45 Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad.

46 A esa misma hora, Jesús gritó con fuerza: «Elí, Elí, ¿lemá sabactani?» (es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»)

47 Algunos de los que estaban allí, lo oyeron y dijeron:

—Este está llamando al profeta Elías.

48 Al momento, uno de ellos fue corriendo en busca de una esponja, la empapó en vino agrio, la ató a una caña y se la acercó para que bebiera.

49 Pero los otros dijeron:

—Déjalo, a ver si Elías viene a salvarlo.

50 Jesús dio otra vez un fuerte grito, y murió.

51 En aquel momento el velodel templo se rasgó en dos, de arriba abajo. La tierra tembló, las rocas se partieron

52 y los sepulcros se abrieron; y hasta muchas personas santas, que habían muerto, volvieron a la vida.

53 Entonces salieron de sus tumbas, después de la resurrección de Jesús, y entraron en la santa ciudad de Jerusalén, donde mucha gente los vio.

54 Cuando el capitán y los que estaban con él vigilando a Jesús vieron el terremoto y todo lo que estaba pasando, se llenaron de miedo y dijeron:

—¡De veras este hombre era Hijo de Dios!

55 Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea y que lo habían ayudado.

56 Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.

Jesús es sepultado

57 Cuando ya anochecía,llegó un hombre rico llamado José, natural de Arimatea,que también se había hecho seguidor de Jesús.

58 José fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato ordenó que se lo dieran,

59 y José tomó el cuerpo, lo envolvió en una sábana de lino limpia

60 y lo puso en un sepulcro nuevo, de su propiedad, que había hecho cavar en la roca. Después de tapar la entrada del sepulcro con una gran piedra, se fue.

61 Pero María Magdalena y la otra Maríase quedaron sentadas frente al sepulcro.

La guardia ante el sepulcro de Jesús

62 Al día siguiente, es decir, el sábado,los jefes de los sacerdotes y los fariseos fueron juntos a ver a Pilato,

63 y le dijeron:

—Señor, recordamos que aquel mentiroso, cuando aún vivía, dijo que después de tres días iba a resucitar.

64 Por eso, mande usted asegurar el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vengan sus discípulos y roben el cuerpo, y después digan a la gente que ha resucitado. En tal caso, la última mentira sería peor que la primera.

65 Pilato les dijo:

—Ahí tienen ustedes soldados de guardia.Vayan y aseguren el sepulcro lo mejor que puedan.

66 Fueron, pues, y aseguraron el sepulcro poniendo un sello sobre la piedra que lo tapaba; y dejaron allí los soldados de guardia.

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San Mateo 28

Anuncio de la resurrección de Jesús

1 Pasado el sábado, cuando al anochecer comenzaba el primer día de la semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro.

2 De pronto hubo un fuerte temblor de tierra, porque un ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose al sepulcro, quitó la piedra que lo tapaba y se sentó sobre ella.

3 El ángel brillaba como un relámpago, y su ropa era blanca como la nieve.

4 Al verlo, los soldados temblaron de miedo y quedaron como muertos.

5 El ángel dijo a las mujeres:

—No tengan miedo. Yo sé que están buscando a Jesús, el que fue crucificado.

6 No está aquí, sino que ha resucitado, como dijo.Vengan a ver el lugar donde lo pusieron.

7 Vayan pronto y digan a los discípulos: “Ha resucitado, y va a Galilea para reunirlos de nuevo;allí lo verán.” Esto es lo que yo tenía que decirles.

Jesús se aparece a las mujeres

8 Las mujeres se fueron rápidamente del sepulcro, con miedo y mucha alegría a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos.

9 En eso, Jesús se presentó ante ellas y las saludó. Ellas se acercaron a Jesús y lo adoraron, abrazándole los pies,

10 y él les dijo:

—No tengan miedo. Vayan a decir a mis hermanosque se dirijan a Galilea, y que allá me verán.

Los soldados son sobornados

11 Mientras iban las mujeres, algunos soldados de la guardia llegaron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado.

12 Estos jefes fueron a hablar con los ancianos, para ponerse de acuerdo con ellos. Y dieron mucho dinero a los soldados,

13 a quienes advirtieron:

—Ustedes digan que durante la noche, mientras ustedes dormían, los discípulos de Jesús vinieron y robaron el cuerpo.

14 Y si el gobernadorse entera de esto, nosotros lo convenceremos, y a ustedes les evitaremos dificultades.

15 Los soldados recibieron el dinero e hicieron lo que se les había dicho. Y esta es la explicación que hasta el día de hoy circula entre los judíos.

El encargo de Jesús a sus discípulos

16 Así pues, los once discípulos se fueron a Galilea,al cerro que Jesús les había indicado.

17 Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban.

18 Jesús se acercó a ellos y les dijo:

—Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra.

19 Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos;bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

20 y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.