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San Marcos

San Marcos 1

Juan el Bautista en el desierto

1 Principio de la buena noticiade Jesús el Mesías, el Hijo de Dios.

2 Está escrito en el libro del profeta Isaías:

«Envío mi mensajero delante de ti,

para que te prepare el camino.

3 Una voz grita en el desierto:

“Preparen el camino del Señor;

ábranle un camino recto.”»

4 Y así se presentó Juan el Bautistaen el desierto; decía a todos que debían volverse a Diosy ser bautizados, para que Dios les perdonara sus pecados.

5 Todos los de la región de Judea y de la ciudad de Jerusalén salían a oírlo. Confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba en el río Jordán.

6 La ropa de Juan estaba hecha de pelo de camello, y se la sujetaba al cuerpo con un cinturón de cuero;y comía langostasy miel del monte.

7 En su proclamación decía: «Después de mí viene uno más poderoso que yo, que ni siquiera merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.

8 Yo los he bautizado a ustedes con agua; pero él los bautizará con el Espíritu Santo.»

Jesús es bautizado

9 Por aquellos días, Jesús salió de Nazaret, que está en la región de Galilea,y Juan lo bautizó en el Jordán.

10 En el momento de salir del agua, Jesús vio que el cielo se abría y que el Espíritu bajaba sobre él como una paloma.

11 Y se oyó una voz del cielo, que decía: «Tú eres mi Hijo amado, a quien he elegido.»

Jesús en el desierto

12 Después de esto, el Espíritu llevó a Jesús al desierto.

13 Allí estuvo cuarenta días,viviendo entre las fieras y siendo puesto a pruebapor Satanás;y los ángeles le servían.

Jesús comienza su actividad en Galilea

14 Después que metieron a Juan en la cárcel,Jesús fue a Galilea a anunciar las buenas noticias de parte de Dios.

15 Decía: «Ya se cumplió el plazo señalado, y el reino de Diosestá cerca. Vuélvanse a Diosy acepten con fe sus buenas noticias.»

Jesús llama a cuatro pescadores

16 Jesús pasaba por la orilla del Lago de Galilea,cuando vio a Simóny a su hermano Andrés. Eran pescadores, y estaban echando la red al agua.

17 Les dijo Jesús:

—Síganme, y yo haré que ustedes sean pescadores de hombres.

18 Al momento dejaron sus redes y se fueron con él.

19 Un poco más adelante, Jesús vio a Santiagoy a su hermano Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca arreglando las redes.

20 En seguida los llamó, y ellos dejaron a su padre Zebedeo en la barca con sus ayudantes, y se fueron con Jesús.

Un hombre que tenía un espíritu impuro

21 Llegaron a Cafarnaúm,y en el sábadoJesús entró en la sinagogay comenzó a enseñar.

22 La gente se admiraba de cómo les enseñaba, porque lo hacía con plena autoridad y no como los maestros de la ley.

23 En la sinagoga del pueblo había un hombre que tenía un espíritu impuro,el cual gritó:

24 —¿Por qué te metes con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos?Yo te conozco, y sé que eres el Santo de Dios.

25 Jesús reprendió a aquel espíritu, diciéndole:

—¡Cállate y deja a este hombre!

26 El espíritu impuro hizo que al hombre le diera un ataque, y gritando con gran fuerza salió de él.

27 Todos se asustaron, y se preguntaban unos a otros:

—¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, y con plena autoridad! ¡Incluso a los espíritus impuros da órdenes, y lo obedecen!

28 Y muy pronto la fama de Jesús se extendió por toda la región de Galilea.

Jesús sana a la suegra de Simón

29 Cuando salieron de la sinagoga, Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre. Se lo dijeron a Jesús,

31 y él se acercó, y tomándola de la mano la levantó; al momento se le quitó la fiebre y comenzó a atenderlos.

Jesús sana a muchos enfermos

32 Al anochecer, cuando ya se había puesto el sol, llevaron todos los enfermos y endemoniados a Jesús,

33 y el pueblo entero se reunió a la puerta.

34 Jesús sanó de toda clase de enfermedades a mucha gente, y expulsó a muchos demonios; pero no dejaba que los demonios hablaran,porque ellos lo conocían.

Jesús anuncia el mensaje en las sinagogas

35 De madrugada, cuando todavía estaba oscuro, Jesús se levantó y salió de la ciudad para ir a orar a un lugar solitario.

36 Simón y sus compañeros fueron en busca de Jesús,

37 y cuando lo encontraron le dijeron:

—Todos te están buscando.

38 Pero él les contestó:

—Vamos a los otros lugares cercanos; también allí debo anunciar el mensaje, porque para esto he salido.

39 Así que Jesús andaba por toda Galilea, anunciando el mensaje en las sinagogas de cada lugar y expulsando a los demonios.

Jesús sana a un leproso

40 Un hombre enfermo de lepra se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo:

—Si quieres, puedes limpiarmede mi enfermedad.

41 Jesús tuvo compasión de él;lo tocó con la mano y dijo:

—Quiero. ¡Queda limpio!

42 Al momento se le quitó la lepra al enfermo, y quedó limpio.

43 Jesús lo despidió en seguida, y le recomendó mucho:

44 —Mira, no se lo digas a nadie;solamente ve y preséntate al sacerdote, y lleva, por tu purificación, la ofrenda que ordenó Moisés,para que conste ante los sacerdotes.

45 Pero el hombre se fue y comenzó a contar a todos lo que había pasado. Por eso Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba fuera, en lugares donde no había gente; pero de todas partes acudían a verlo.

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San Marcos 2

Jesús perdona y sana a un paralítico

1 Algunos días después, Jesús volvió a entrar en Cafarnaúm. En cuanto se supo que estaba en casa,

2 se juntó tanta gente que ni siquiera cabían frente a la puerta; y él les anunciaba el mensaje.

3 Entonces, entre cuatro, le llevaron un paralítico.

4 Pero como había mucha gente y no podían acercarlo hasta Jesús, quitaron parte del techo de la casa donde él estaba, y por la abertura bajaron al enfermo en la camilla en que estaba acostado.

5 Cuando Jesús vio la fe que tenían, le dijo al enfermo:

—Hijo mío, tus pecados quedan perdonados.

6 Algunos maestros de la ley que estaban allí sentados, pensaron:

7 «¿Cómo se atreve este a hablar así? Sus palabras son una ofensa contra Dios.Solo Dios puede perdonar pecados.»

8 Pero Jesús en seguida se dio cuenta de lo que estaban pensando, y les preguntó:

—¿Por qué piensan ustedes así?

9 ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: “Tus pecados quedan perdonados”, o decirle: “Levántate, toma tu camilla y anda”?

10 Pues voy a demostrarles que el Hijo del hombretiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.

Entonces le dijo al paralítico:

11 —A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

12 El enfermo se levantó en el acto, y tomando su camilla salió de allí, a la vista de todos. Por esto, todos se admiraron y alabaron a Dios, diciendo:

—Nunca hemos visto una cosa así.

Jesús llama a Leví

13 Después fue Jesús otra vez a la orilla del lago;la gente se acercaba a él, y él les enseñaba.

14 Al pasar vio a Leví,hijo de Alfeo, sentado en el lugar donde cobraba los impuestos para Roma. Jesús le dijo:

—Sígueme.

Leví se levantó y lo siguió.

15 Sucedió que Jesús estaba comiendo en casa de Leví,y muchos de los que cobraban impuestos para Roma,y otra gente de mala fama,estaban también sentados a la mesa, junto con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que lo seguían.

16 Algunos maestros de la ley, que eran fariseos, al ver que Jesús comía con todos aquellos, preguntaron a los discípulos:

—¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?

17 Jesús lo oyó, y les dijo:

—Los que están sanos no necesitan médico, sino los enfermos. Yo no he venido a llamar a los justos,sino a los pecadores.

La pregunta sobre el ayuno

18 Una vez estaban ayunando los seguidores de Juan el Bautistay los fariseos, y algunas personas fueron a Jesús y le preguntaron:

—Los seguidores de Juan y los de los fariseos ayunan: ¿por qué no ayunan tus discípulos?

19 Jesús les contestó:

—¿Acaso pueden ayunar los invitados a una boda,mientras el novio está con ellos? Mientras está presente el novio, no pueden ayunar.

20 Pero llegará el momento en que se lleven al novio;cuando llegue ese día, entonces sí ayunarán.

21 »Nadie arregla un vestido viejo con un remiendo de tela nueva, porque el remiendo nuevo encoge y rompe el vestido viejo, y el desgarrón se hace mayor.

22 Ni tampoco se echa vino nuevo en cueros viejos, porque el vino nuevo hace que se revienten los cueros, y se pierden tanto el vino como los cueros. Por eso hay que echar el vino nuevo en cueros nuevos.

Los discípulos arrancan espigas en sábado

23 Un sábado, Jesús caminaba entre los sembrados, y sus discípulos, al pasar, comenzaron a arrancar espigas de trigo.

24 Los fariseos le preguntaron:

—Oye, ¿por qué hacen tus discípulos algo que no está permitido hacer en sábado?

25 Pero él les dijo:

—¿Nunca han leído ustedes lo que hizo David en una ocasión en que él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre?

26 Pues siendo Abiatar sumo sacerdote, David entró en la casa de Dios y comió los panes consagrados a Dios, que solamente a los sacerdotes se les permitía comer;y dio también a la gente que iba con él.

27 Jesús añadió:

—El sábado se hizo para el hombre, y no el hombre para el sábado.

28 Por esto, el Hijo del hombre tiene autoridad también sobre el sábado.

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San Marcos 3

Jesús sana a un enfermo en sábado

1 Jesús entró otra vez en la sinagoga; y había en ella un hombre que tenía una mano tullida.

2 Y espiaban a Jesús para ver si lo sanaría en sábado, y así tener de qué acusarlo.

3 Jesús le dijo entonces al hombre que tenía la mano tullida:

—Levántate y ponte ahí en medio.

4 Luego preguntó a los otros:

—¿Qué está permitido hacer en sábado: el bien o el mal? ¿Salvar una vida o destruirla?

Pero ellos se quedaron callados.

5 Jesús miró entonces con enojo a los que le rodeaban, y entristecido por la dureza de su corazón le dijo a aquel hombre:

—Extiende la mano.

El hombre la extendió, y su mano quedó sana.

6 Pero en cuanto los fariseos salieron, comenzaron a hacer planes con los del partido de Herodespara matar a Jesús.

Mucha gente a la orilla del lago

7 Jesús, seguido por mucha gente de Galilea, se fue con sus discípulos a la orilla del lago.

8 Cuando supieron las grandes cosas que hacía, también acudieron a verlo muchos de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del oriente del Jordán y de la región de Tiro y Sidón.

9 Por esto, Jesús encargó a sus discípulos que le tuvieran lista una barca, para evitar que la multitud lo apretujara.

10 Porque había sanado a tantos, que todos los enfermos se echaban sobre él para tocarlo.

11 Y cuando los espíritus impuros lo veían, se ponían de rodillas delante de él y gritaban:

—¡Tú eres el Hijo de Dios!

12 Pero Jesús les ordenaba severamente que no hablaran de él en público.

Jesús escoge a los doce apóstoles

13 Después Jesús subió a un cerro, y llamó a los que le pareció bien. Una vez reunidos,

14 eligió de entre ellos a doce, para que lo acompañaran y para mandarlos a anunciar el mensaje. A estos les dio el nombre de apóstoles,

15 y les dio autoridad para expulsar a los demonios.

16 Estos son los doce que escogió: Simón, a quien puso el nombre de Pedro;

17 Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes llamó Boanerges (es decir, «Hijos del Trueno»);

18 Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás y Santiago, hijo de Alfeo; Tadeo, Simón el cananeo,,

19 y Judas Iscariote, que después traicionó a Jesús.

Acusación contra Jesús

20 Después entró Jesús en una casa,y otra vez se juntó tanta gente, que ni siquiera podían comer él y sus discípulos.

21 Cuando lo supieron los parientes de Jesús, fueron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco.

22 También los maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén decían: «Beelzebú, el propio jefe de los demonios, es quien le ha dado a este hombre el poder de expulsarlos.»

23 Jesús los llamó, y les puso un ejemplo, diciendo: «¿Cómo puede Satanás expulsar al propio Satanás?

24 Un país dividido en bandos enemigos, no puede mantenerse;

25 y una familia dividida, no puede mantenerse.

26 Así también, si Satanás se divide y se levanta contra sí mismo, no podrá mantenerse; habrá llegado su fin.

27 »Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y robarle sus cosas, si no lo ata primero; solamente así podrá robárselas.

28 »Les aseguro que Dios dará su perdón a los hombres por todos los pecados y todo lo malo que digan:

29 pero el que ofenda con sus palabras al Espíritu Santo, nunca tendrá perdón, sino que será culpable para siempre.»

30 Esto lo dijo Jesús porque ellos afirmaban que tenía un espíritu impuro.

La madre y los hermanos de Jesús

31 Entre tanto llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero se quedaron afuera y mandaron llamarlo.

32 La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le dijo:

—Tu madre, tus hermanos y tus hermanasestán afuera, y te buscan.

33 Él les contestó:

—¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?

34 Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió:

—Estos son mi madre y mis hermanos.

35 Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.

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San Marcos 4

La parábola del sembrador

1 Otra vez comenzó Jesús a enseñar a la orilla del lago.Como se reunió una gran multitud, Jesús subió a una barca que había en el lago, y se sentó,mientras la gente se quedaba en la orilla.

2 Entonces se puso a enseñarles muchas cosas por medio de parábolas.

En su enseñanza les decía:

3 «Oigan esto: Un sembrador salió a sembrar.

4 Y al sembrar, una parte de la semilla cayó en el camino, y llegaron las aves y se la comieron.

5 Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra; esa semilla brotó pronto, porque la tierra no era muy honda;

6 pero el sol, al salir, la quemó, y como no tenía raíz, se secó.

7 Otra parte de la semilla cayó entre espinos, y los espinos crecieron y la ahogaron, de modo que la semilla no dio grano.

8 Pero otra parte cayó en buena tierra, y creció, dando una buena cosecha; algunas espigas dieron treinta granos por semilla, otras sesenta granos, y otras cien.»

9 Y añadió Jesús: «Los que tienen oídos, oigan.»

El porqué de las parábolas

10 Después, cuando Jesús se quedó solo, los que estaban cerca de él junto con los doce discípulos le preguntaron qué quería decir aquella parábola.

11 Les contestó: «A ustedes, Dios les daa conocer el secretode su reino; pero a los que están afuera se les dice todo por medio de parábolas,

12 para que por más que miren, no vean, y por más que oigan, no entiendan, para que no se vuelvan a Dios, y él no los perdone.»

Jesús explica la parábola del sembrador

13 Les dijo: «¿No entienden ustedes esta parábola? ¿Cómo, pues, entenderán todas las demás?

14 El que siembra la semilla representa al que anuncia el mensaje.

15 Hay quienes son como la semilla que cayó en el camino: oyen el mensaje, pero después de oírlo viene Satanás y les quita el mensaje sembrado en su corazón.

16 Otros son como la semilla sembrada entre las piedras: oyen el mensaje y lo reciben con gusto,

17 pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; por eso, cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, pierden la fe.

18 Otros son como la semilla sembrada entre espinos: oyen el mensaje,

19 pero los negocios de la vida presente les preocupan demasiado, el amor por las riquezas los engaña, y quisieran poseer todas las cosas. Todo esto entra en ellos, y ahoga el mensaje y no lo deja dar fruto.

20 Pero hay otros que oyen el mensaje y lo aceptan, y dan una buena cosecha, como la semilla sembrada en buena tierra. De esos, algunos rinden treinta, otros sesenta, y otros ciento por uno.»

La parábola de la lámpara

21 También les dijo: «¿Acaso se trae una lámparapara ponerla bajo un cajóno debajo de la cama? No, una lámpara se pone en alto, para que alumbre.

22 De la misma manera, no hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a ponerse en claro.

23 Los que tienen oídos, oigan.»

24 También les dijo: «Fíjense en lo que oyen. Con la misma medida con que ustedes den a otros, Dios les dará a ustedes;y les dará todavía más.

25 Pues al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.»

La parábola del crecimiento de la semilla

26 Jesús dijo también: «Con el reino de Dios sucede como con el hombre que siembra semilla en la tierra:

27 que lo mismo da que esté dormido o despierto, que sea de noche o de día, la semilla nace y crece, sin que él sepa cómo.

28 Y es que la tierra produce por sí misma: primero el tallo, luego la espiga y más tarde los granos que llenan la espiga.

29 Y cuando ya el grano está maduro, lo recoge,porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»

La parábola de la semilla de mostaza

30 También dijo Jesús: «¿A qué se parece el reino de Dios, o con qué podremos compararlo?

31 Es como una semilla de mostazaque se siembra en la tierra. Es la más pequeña de todas las semillas del mundo,

32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las otras plantas del huerto, con ramas tan grandes que hasta las aves pueden posarse bajo su sombra.»

El uso que Jesús hacía de las parábolas

33 De esta manera les enseñaba Jesús el mensaje, por medio de muchas parábolas como estas, según podían entender.

34 Pero no les decía nada sin parábolas, aunque a sus discípulos se lo explicaba todo aparte.

Jesús calma la tormenta

35 Al anochecer de aquel mismo día, Jesús dijo a sus discípulos:

—Vamos al otro lado del lago.

36 Entonces dejaron a la gente y llevaron a Jesús en la barca en que ya estaba;y también otras barcas lo acompañaban.

37 En esto se desató una tormenta, con un viento tan fuerte que las olas caían sobre la barca, de modo que se llenaba de agua.

38 Pero Jesús se había dormido en la parte de atrás, apoyado sobre una almohada. Lo despertaron y le dijeron:

—¡Maestro! ¿No te importa que nos estemos hundiendo?

39 Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar:

—¡Silencio! ¡Quédate quieto!

El viento se calmó, y todo quedó completamente tranquilo.

40 Después dijo Jesús a los discípulos:

—¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?

41 Ellos se llenaron de miedo, y se preguntaban unos a otros:

—¿Quién será este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?

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San Marcos 5

El endemoniado de Gerasa

1 Llegaron al otro lado del lago, a la tierra de Gerasa.

2 En cuanto Jesús bajó de la barca, se le acercó un hombre que tenía un espíritu impuro. Este hombre había salido de entre las tumbas,

3 porque vivía en ellas. Nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas.

4 Pues aunque muchas veces lo habían atado de pies y manos con cadenas, siempre las había hecho pedazos, sin que nadie lo pudiera dominar.

5 Andaba de día y de noche por los cerros y las tumbas, gritando y golpeándose con piedras.

6 Pero cuando vio de lejos a Jesús, echó a correr, y poniéndose de rodillas delante de él

7 le dijo a gritos:

—¡No te metas conmigo, Jesús, Hijo del Dios altísimo! ¡Te ruego por Dios que no me atormentes!

8 Hablaba así porque Jesús le había dicho:

—¡Espíritu impuro, deja a ese hombre!

9 Jesús le preguntó:

—¿Cómo te llamas?

Él contestó:

—Me llamo Legión,porque somos muchos.

10 Y rogaba mucho a Jesús que no enviara los espíritus fuera de aquella región.

11 Y como cerca de allí, junto al cerro, había gran número de cerdos comiendo,

12 los espíritus le rogaron:

—Mándanos a los cerdos y déjanos entrar en ellos.

13 Jesús les dio permiso, y los espíritus impuros salieron del hombre y entraron en los cerdos. Estos, que eran unos dos mil, echaron a correr pendiente abajo hasta el lago, y allí se ahogaron.

14 Los que cuidaban de los cerdos salieron huyendo, y fueron a contar en el pueblo y por los campos lo sucedido. La gente acudió a ver lo que había pasado.

15 Y cuando llegaron a donde estaba Jesús, vieron sentado, vestido y en su cabal juicio al endemoniado que había tenido la legión de espíritus. La gente estaba asustada,

16 y los que habían visto lo sucedido con el endemoniado y con los cerdos, se lo contaron a los demás.

17 Entonces comenzaron a rogarle a Jesús que se fuera de aquellos lugares.

18 Al volver Jesús a la barca, el hombre que había estado endemoniado le rogó que lo dejara ir con él.

19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo:

—Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho,y cómo ha tenido compasión de ti.

20 El hombre se fue, y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se quedaron admirados.

La mujer enferma y la hija de Jairo

21 Cuando Jesús regresó en la barca al otro ladodel lago, se le reunió mucha gente, y él se quedó en la orilla.

22 En esto llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies

23 y le rogó mucho, diciéndole:

—Mi hija se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella,para que sane y viva.

24 Jesús fue con él, y mucha gente lo acompañaba apretujándose a su alrededor.

25 Entre la multitud había una mujer que desde hacía doce años estaba enferma, con derrames de sangre.

26 Había sufrido mucho a manos de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, sin que le hubiera servido de nada. Al contrario, iba de mal en peor.

27 Cuando oyó hablar de Jesús,esta mujer se le acercó por detrás, entre la gente, y le tocó la capa.

28 Porque pensaba: «Tan solo con que llegue a tocar su capa, quedaré sana.»

29 Al momento, el derrame de sangre se detuvo, y sintió en el cuerpo que ya estaba curada de su enfermedad.

30 Jesús, dándose cuenta de que había salido poder de él, se volvió a mirar a la gente, y preguntó:

—¿Quién me ha tocado la ropa?

31 Sus discípulos le dijeron:

—Ves que la gente te oprime por todos lados, y preguntas “¿Quién me ha tocado?”

32 Pero Jesús seguía mirando a su alrededor, para ver quién lo había tocado.

33 Entonces la mujer, temblando de miedo y sabiendo lo que le había pasado, fue y se arrodilló delante de él, y le contó toda la verdad.

34 Jesús le dijo:

—Hija, por tu fe has sido sanada. Vete tranquila y curada ya de tu enfermedad.

35 Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegaron unos de casa del jefe de la sinagoga a decirle al padre de la niña:

—Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar más al Maestro?

36 Pero Jesús, sin hacer caso de ellos,le dijo al jefe de la sinagoga:

—No tengas miedo; cree solamente.

37 Y no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

38 Al llegar a la casa del jefe de la sinagoga y ver el alboroto y la gente que lloraba y gritaba,

39 entró y les dijo:

—¿Por qué hacen tanto ruido y lloran de esa manera? La niña no está muerta, sino dormida.

40 La gente se rió de Jesús, pero él los hizo salir a todos, y tomando al padre, a la madre y a los que lo acompañaban, entró a donde estaba la niña.

41 La tomó de la mano y le dijo:

—Talitá, cum(que significa: «Muchacha, a ti te digo, levántate»).

42 Al momento, la muchacha, que tenía doce años, se levantó y echó a andar. Y la gente se quedó muy admirada.

43 Pero Jesús ordenó severamente que no se lo contaran a nadie,y luego mandó que dieran de comer a la niña.

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San Marcos 6

Jesús en Nazaret

1 Jesús se fue de allí a su propia tierra,y sus discípulos fueron con él.

2 Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga.Y muchos oyeron a Jesús, y se preguntaron admirados:

—¿Dónde aprendió este tantas cosas? ¿De dónde ha sacado esa sabiduría y los milagros que hace?

3 ¿No es este el carpintero,el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no viven sus hermanas también aquí, entre nosotros?

Y no tenían fe en él.

4 Pero Jesús les dijo:

—En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra,entre sus parientes y en su propia casa.

5 No pudo hacer allí ningún milagro, aparte de poner las manos sobre unos pocos enfermos y sanarlos.

6 Y estaba asombrado porque aquella gente no creía en él.

Jesús envía a los discípulos a anunciar el reino de Dios

Jesús recorría las aldeas cercanas, enseñando.

7 Llamó a los doce discípulos, y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus impuros.

8 Les ordenó que no llevaran nada para el camino, sino solamente un bastón. No debían llevar pan ni provisiones ni dinero.

9 Podían ponerse sandalias, pero no llevar ropa de repuesto.

10 Les dijo:

—Cuando entren ustedes en una casa, quédense allí hasta que se vayan del lugar.

11 Y si en algún lugar no los reciben ni los quieren oír, salgan de allí y sacúdanse el polvo de los pies,para que les sirva a ellos de advertencia.

12 Entonces salieron los discípulos a decirle a la gente que se volviera a Dios.

13 También expulsaron muchos demonios, y curaron a muchos enfermos ungiéndolos con aceite.

La muerte de Juan el Bautista

14 El rey Herodesoyó hablar de Jesús, cuya fama había corrido por todas partes. Pues unos decían: «Juan el Bautista ha resucitado, y por eso tiene este poder milagroso.»

15 Otros decían: «Es el profeta Elías.»

Y otros: «Es un profeta, como los antiguos profetas.»

16 Al oír estas cosas, Herodes decía:

—Ese es Juan. Yo mandé cortarle la cabeza y ahora ha resucitado.

17 Es que, por causa de Herodías, Herodes había mandado arrestar a Juan, y lo había hecho encadenar en la cárcel. Herodías era esposa de Filipo, hermano de Herodes, pero Herodes se había casado con ella.

18 Y Juan había dicho a Herodes: «No debes tener como tuya a la mujer de tu hermano.»

19 Herodías odiaba por eso a Juan, y quería matarlo; pero no podía,

20 porque Herodes le tenía miedo, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Y aunque al oírlo se quedaba sin saber qué hacer,Herodes escuchaba a Juan de buena gana.

21 Pero Herodías vio llegar su oportunidad cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus jefes y comandantes y a las personas importantes de Galilea.

22 La hija de Herodíasentró en el lugar del banquete y bailó, y el baile gustó tanto a Herodes y a los que estaban cenando con él, que el rey dijo a la muchacha:

—Pídeme lo que quieras, y te lo daré.

23 Y le juró una y otra vez que le daría cualquier cosa que pidiera, aunque fuera la mitad del país que él gobernaba.

24 Ella salió, y le preguntó a su madre:

—¿Qué pediré?

Le contestó:

—Pídele la cabeza de Juan el Bautista.

25 La muchacha entró de prisa donde estaba el rey, y le dijo:

—Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.

26 El rey se puso muy triste; pero como había hecho un juramento en presencia de sus invitados, no quiso negarle lo que le pedía.

27 Así que mandó en seguida a un soldado con la orden de llevarle la cabeza de Juan. Fue el soldado a la cárcel, le cortó la cabeza a Juan

28 y se la llevó en un plato. Se la dio a la muchacha, y ella se la entregó a su madre.

29 Cuando los seguidores de Juan lo supieron, recogieron el cuerpo y se lo llevaron a enterrar.

Jesús da de comer a una multitud

30 Después de esto, los apóstoles se reunieron con Jesúsy le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

31 Jesús les dijo:

—Vengan, vamos nosotros solos a descansar un poco en un lugar tranquilo.

Porque iba y venía tanta gente, que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer.

32 Así que Jesús y sus apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado.

33 Pero muchos los vieron ir, y los reconocieron; entonces de todos los pueblos corrieron allá, y llegaron antes que ellos.

34 Al bajar Jesús de la barca, vio la multitud, y sintió compasión de ellos, porque estaban como ovejas que no tienen pastor;y comenzó a enseñarles muchas cosas.

35 Por la tarde, sus discípulos se le acercaron y le dijeron:

—Ya es tarde, y este es un lugar solitario.

36 Despide a la gente, para que vayan por los campos y las aldeas de alrededor y se compren algo de comer.

37 Pero Jesús les contestó:

—Denles ustedes de comer.

Ellos respondieron:

—¿Quieres que vayamos a comprar pan por el equivalente al salario de doscientos días,para darles de comer?

38 Jesús les dijo:

—¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a verlo.

Cuando lo averiguaron, le dijeron:

—Cinco panes y dos pescados.

39 Entonces les mandó que hicieran sentar a la gente en grupos sobre la hierba verde;

40 y se sentaron en grupos de cien y de cincuenta.

41 Luego Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos pescados y, mirando al cielo, pronunció la bendición,partió los panes y se los fue dando a sus discípulos para que los repartieran entre la gente. Repartió también los dos pescados entre todos.

42 Todos comieron hasta quedar satisfechos;

43 recogieron los pedazos sobrantes de pan y de pescado, y con ellos llenaron doce canastas.

44 Los que comieron de aquellos panes fueron cinco mil hombres.

Jesús camina sobre el agua

45 Después de esto, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca para que cruzaran el lago antes que él, en dirección a Betsaida,mientras él despedía a la gente.

46 Y cuando la hubo despedido, se fue al cerro a orar.

47 Al llegar la noche, la barca ya estaba en medio del lago. Jesús, que se había quedado solo en tierra,

48 vio que remaban con dificultad, porque tenían el viento en contra. A la madrugada,fue Jesús hacia ellos caminando sobre el agua, y ya iba a pasar junto a ellos.

49 Cuando lo vieron andar sobre el agua, pensaron que era un fantasma, y gritaron;

50 porque todos lo vieron y se asustaron. Pero en seguida él les habló, diciéndoles:

—¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!

51 Subió a la barca, y se calmó el viento; y ellos se quedaron muy asombrados,

52 porque no habían entendido el milagro de los panes, pues tenían el entendimiento oscurecido.

Jesús sana a los enfermos de Genesaret

53 Cruzaron el lago y llegaron a la tierra de Genesaret,donde amarraron la barca a la orilla.

54 Tan pronto como bajaron de la barca, la gente reconoció a Jesús.

55 Corrieron por toda aquella región, y comenzaron a llevar en camillas a los enfermos a donde oían decir que estaba Jesús.

56 Y dondequiera que él entraba, ya fuera en las aldeas, en los pueblos o en los campos, ponían a los enfermos en las calles y le rogaban que los dejara tocar siquiera el borde de su capa; y todos los que la tocaban, quedaban sanos.

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San Marcos 7

Lo que hace impuro al hombre

1 Se acercaron los fariseos a Jesús, con unos maestros de la ley que habían llegado de Jerusalén.

2 Estos, al ver que algunos discípulos de Jesús comían con las manos impuras, es decir, sin haber cumplido con la ceremonia de lavárselas, los criticaron.

3 (Porque los fariseos y todos los judíos siguen la tradición de sus antepasados,de no comer sin antes lavarse las manos debidamente.

4 Y cuando regresan del mercado, no comen sin antes cumplir con la ceremonia de lavarse. Y aun tienen otras muchas costumbres, como lavar los vasos, los jarros, las vasijas de metal y las camas.)

5 Por eso, los fariseos y los maestros de la ley le preguntaron:

—¿Por qué tus discípulos no siguen la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?

6 Jesús les contestó:

—Bien habló el profeta Isaías acerca de lo hipócritas que son ustedes, cuando escribió:

“Este pueblo me honra con la boca,

pero su corazón está lejos de mí.

7 De nada sirve que me rinda culto:

sus enseñanzas son mandatos de hombres.”

8 Porque ustedes dejan el mandato de Dios para seguir las tradiciones de los hombres.

9 También les dijo:

—Para mantener sus propias tradiciones, ustedes pasan por alto el mandato de Dios.

10 Pues Moisés dijo: “Honra a tu padre y a tu madre”,y “El que maldiga a su padre o a su madre, será condenado a muerte.”

11 Pero ustedes afirman que un hombre puede decirle a su padre o a su madre: “No puedo ayudarte, porque todo lo que tengo es corbán”(es decir: «ofrecido a Dios»);

12 y también afirman que quien dice esto ya no está obligado a ayudar a su padre o a su madre.

13 De esta manera ustedes anulan la palabra de Dios con esas tradiciones que se trasmiten unos a otros. Y hacen otras muchas cosas parecidas.

14 Luego Jesús llamó a la gente, y dijo:

—Escúchenme todos, y entiendan:

15 Nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre.Lo que sale del corazón del hombre es lo que lo hace impuro.

17 Cuando Jesús dejó a la gente y entró en la casa,sus discípulos le preguntaron sobre esta enseñanza.

18 Él les dijo:

—¿Así que ustedes tampoco lo comprenden? ¿No entienden que nada de lo que entra de afuera puede hacer impuro al hombre,

19 porque no entra en el corazón, sino en el vientre, para después salir del cuerpo?

Con esto quiso decir que todos los alimentos son limpios.

20 Dijo también:

—Lo que sale del hombre, eso sí lo hace impuro.

21 Porque de adentro, es decir, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los asesinatos,

22 los adulterios, la codicia, las maldades, el engaño, los vicios, la envidia, los chismes, el orgullo y la falta de juicio.

23 Todas estas cosas malas salen de adentro y hacen impuro al hombre.

La fe de una mujer no judía

24 De allí se dirigió Jesús a la región de Tiro.Entró en una casa, sin querer que nadie lo supiera; pero no pudo esconderse.

25 Pronto supo de él la madre de una muchacha que tenía un espíritu impuro, la cual fue y se arrodilló a los pies de Jesús.

26 La mujer no era judía, sino originaria de Sirofenicia.Fue, pues, y rogó a Jesús que expulsara de su hija al demonio.

27 Pero Jesús le dijo:

—Deja que los hijos coman primero, porque no está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros.

28 Ella le respondió:

—Pero, Señor, hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan caer los hijos.

29 Jesús le dijo:

—Por haber hablado así, vete tranquila. El demonio ya ha salido de tu hija.

30 Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña en la cama; el demonio ya había salido de ella.

Jesús sana a un sordo y tartamudo

31 Jesús volvió a salir de la región de Tiro y, pasando por Sidón, llegó al Lago de Galilea, en pleno territorio de Decápolis.

32 Allí le llevaron un sordo y tartamudo, y le pidieron que pusiera su mano sobre él.

33 Jesús se lo llevó a un lado, aparte de la gente, le metió los dedos en los oídos y con saliva le tocó la lengua.

34 Luego, mirando al cielo, suspiró y dijo al hombre: «¡Efatá!»(es decir: «¡Ábrete!»)

35 Al momento, los oídos del sordo se abrieron, y se le desató la lengua y pudo hablar bien.

36 Jesús les mandó que no se lo dijeran a nadie;pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo contaban.

37 Llenos de admiración, decían: «Todo lo hace bien. ¡Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen!»

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San Marcos 8

Jesús da de comer a una multitud

1 Un día en que de nuevo se había juntado mucha gente y no tenían nada que comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:

2 —Siento compasión de esta gente, porque ya hace tres días que están aquí conmigo y no tienen nada que comer.

3 Y si los mando sin comer a sus casas, pueden desmayarse por el camino, porque algunos han venido de lejos.

4 Sus discípulos le contestaron:

—¿Pero cómo se les puede dar de comer en un lugar como este, donde no vive nadie?

5 Jesús les preguntó:

—¿Cuántos panes tienen ustedes?

—Siete —contestaron ellos.

6 Entonces mandó que la gente se sentara en el suelo, tomó en sus manos los siete panes y, habiendo dado gracias a Dios, los partió y se los iba dando a sus discípulos, para que ellos los repartieran entre la gente, y así lo hicieron.

7 Tenían también unos cuantos pescaditos; Jesús pronunció sobre ellos la bendición,y también mandó repartirlos.

8 Todos comieron hasta quedar satisfechos, y recogieron los pedazos sobrantes en siete canastas.

9 Los que comieron eran cerca de cuatro mil. Luego Jesús los despidió,

10 subió a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

Los fariseos piden una señal milagrosa

11 Llegaron los fariseos y comenzaron a discutir con Jesús. Y para tenderle una trampa, le pidieron que hiciera alguna señal milagrosa que probara que él venía de parte de Dios.

12 Jesús suspiró profundamente y dijo:

—¿Por qué pide esta gente una señal milagrosa?Les aseguro que no se les dará ninguna señal.

13 Entonces los dejó, y volviendo a entrar en la barca se fue al otro lado del lago.

La levadura de los fariseos

14 Se habían olvidado de llevar algo de comer, y solamente tenían un pan en la barca.

15 Jesús les advirtió:

—Miren, cuídense de la levadura de los fariseosy de la levadura de Herodes.

16 Los discípulos comentaban entre sí que no tenían pan.

17 Jesús se dio cuenta, y les dijo:

—¿Por qué dicen que no tienen pan? ¿Todavía no entienden ni se dan cuenta? ¿Tienen tan cerrado el entendimiento?

18 ¿Tienen ojos y no ven, y oídos y no oyen?¿No se acuerdan?

19 Cuando repartí los cinco panes entre cinco mil hombres, ¿cuántas canastas llenas de pedazos recogieron?

Ellos contestaron:

—Doce.

20 —Y cuando repartí los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas recogieron?

Contestaron:

—Siete.

21 Entonces les dijo:

—¿Todavía no entienden?

Jesús sana a un ciego en Betsaida

22 Después llegaron a Betsaida,y llevaron un ciego a Jesús, y le rogaron que lo tocara.

23 Jesús tomó de la mano al ciego y lo sacó fuera del pueblo. Le mojó los ojos con saliva,puso las manos sobre él y le preguntó si podía ver algo.

24 El ciego comenzó a ver, y dijo:

—Veo a los hombres. Me parecen como árboles que andan.

25 Jesús le puso otra vez las manos sobre los ojos, y el hombre miró con atención y quedó sano. Ya todo lo veía claramente.

26 Entonces Jesús lo mandó a su casa, y le dijo:

—No vuelvas al pueblo.

Pedro declara que Jesús es el Mesías

27 Después de esto, Jesús y sus discípulos fueron a las aldeas de la región de Cesarea de Filipo.En el camino, Jesús preguntó a sus discípulos:

—¿Quién dice la gente que soy yo?

28 Ellos contestaron:

—Algunos dicen que eres Juan el Bautista,otros dicen que eres Elías,y otros dicen que eres uno de los profetas.

29 —Y ustedes, ¿quién dicen que soy? —les preguntó.

Pedro le respondió:

—Tú eres el Mesías.

30 Pero Jesús les ordenó que no hablaran de él a nadie.

31 Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre tendría que sufrir mucho, y que sería rechazado por los ancianos, por los jefes de los sacerdotes y por los maestros de la ley. Les dijo que lo iban a matar, pero que resucitaría a los tres días.

32 Esto se lo advirtió claramente. Entonces Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo.

33 Pero Jesús se volvió, miró a los discípulos y reprendió a Pedro, diciéndole:

—¡Apártate de mí, Satanás!Tú no ves las cosas como las ve Dios, sino como las ven los hombres.

34 Luego Jesús llamó a sus discípulos y a la gente, y dijo:

—Si alguno quiere ser discípulo mío, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz y sígame.

35 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda la vida por causa mía y por aceptar el evangelio, la salvará.

36 ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde la vida?

37 O también, ¿cuánto podrá pagar el hombre por su vida?

38 Pues si alguno se avergüenza de mí y de mi mensaje delante de esta gente infiely pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre y con los santos ángeles.

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San Marcos 9

1 Jesús también les dijo:

—Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán hasta que vean el reino de Dios llegar con poder.

La transfiguración de Jesús

2 Seis días después, Jesús se fue a un cerro alto llevándose solamente a Pedro, a Santiago y a Juan. Allí, delante de ellos, cambió la apariencia de Jesús.

3 Su ropa se volvió brillante y más blanca de lo que nadie podría dejarla por mucho que la lavara.

4 Y vieron a Elías y a Moisés,que estaban conversando con Jesús.

5 Pedro le dijo a Jesús:

—Maestro, ¡qué bien que estemos aquí! Vamos a hacer tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

6 Es que los discípulos estaban asustados, y Pedro no sabía qué decir.

7 En esto, apareció una nube y se posó sobre ellos.Y de la nube salió una voz, que dijo: «Este es mi Hijo amado:escúchenlo.»

8 Al momento, cuando miraron alrededor, ya no vieron a nadie con ellos, sino a Jesús solo.

9 Mientras bajaban del cerro, Jesús les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre hubiera resucitado.

10 Por esto guardaron el secreto entre ellos, aunque se preguntaban qué sería eso de resucitar.

11 Le preguntaron a Jesús:

—¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías ha de venir primero?

12 Él les contestó:

—Es cierto que Elías viene primero, y que él lo arreglará todo. ¿Y por qué dicen las Escrituras que el Hijo del hombre ha de sufrir y ser despreciado?

13 Pero yo les digo que Elías ya vino, y que ellos hicieron con él todo lo que quisieron, como dicen las Escrituras que le había de suceder.

Jesús sana a un muchacho que tenía un espíritu impuro

14 Cuando regresaron a donde estaban los discípulos, los encontraron rodeados de una gran multitud, y algunos maestros de la ley discutían con ellos.

15 Al ver a Jesús, todos corrieron a saludarlo llenos de admiración.

16 Él les preguntó:

—¿Qué están ustedes discutiendo con ellos?

17 Uno de los presentes contestó:

—Maestro, aquí te he traído a mi hijo, pues tiene un espíritu que lo ha dejado mudo.

18 Dondequiera que se encuentra, el espíritu lo agarra y lo tira al suelo; y echa espuma por la boca, le rechinan los dientes y se queda tieso.He pedido a tus discípulos que le saquen ese espíritu, pero no han podido.

19 Jesús contestó:

—¡Gente sin fe! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Traigan acá al muchacho.

20 Entonces llevaron al muchacho ante Jesús. Pero cuando el espíritu vio a Jesús, hizo que le diera un ataque al muchacho, el cual cayó al suelo revolcándose y echando espuma por la boca.

21 Jesús le preguntó al padre:

—¿Desde cuándo le sucede esto?

El padre contestó:

—Desde que era niño.

22 Y muchas veces ese espíritu lo ha arrojado al fuego y al agua, para matarlo. Así que, si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.

23 Jesús le dijo:

—¿Cómo que “si puedes”?¡Todo es posible para el que cree!

24 Entonces el padre del muchacho gritó:

—Yo creo. ¡Ayúdame a creer más!

25 Al ver Jesús que se estaba reuniendo mucha gente, reprendió al espíritu impuro, diciendo:

—Espíritu mudo y sordo, yo te ordeno que salgas de este muchacho y que no vuelvas a entrar en él.

26 El espíritu gritó, e hizo que le diera otro ataque al muchacho. Luego salió de él, dejándolo como muerto, de modo que muchos decían que, en efecto, estaba muerto.

27 Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó; y el muchacho se puso de pie.

28 Luego Jesús entró en una casa,y sus discípulos le preguntaron a solas:

—¿Por qué nosotros no pudimos expulsar ese espíritu?

29 Y Jesús les contestó:

—A esta clase de demonios solamente se la puede expulsar por medio de la oración.

Jesús anuncia por segunda vez su muerte

30 Cuando se fueron de allí, pasaron por Galilea. Pero Jesús no quiso que nadie lo supiera,

31 porque estaba enseñando a sus discípulos. Les decía:

—El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; pero tres días después resucitará.

32 Ellos no entendían lo que les decía, y tenían miedo de preguntarle.

¿Quién es el más importante?

33 Llegaron a la ciudad de Cafarnaúm. Cuando ya estaban en casa,Jesús les preguntó:

—¿Qué venían discutiendo ustedes por el camino?

34 Pero se quedaron callados, porque en el camino habían discutido quién de ellos era el más importante.

35 Entonces Jesús se sentó, llamó a los doce y les dijo:

—Si alguien quiere ser el primero, deberá ser el último de todos, y servirlos a todos.

36 Luego puso un niño en medio de ellos, y tomándolo en brazos les dijo:

37 —El que recibe en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no solamente a mí me recibe, sino también a aquel que me envió.

El que no está contra nosotros, está a nuestro favor

38 Juan le dijo:

—Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo, porque no es de los nuestros.

39 Jesús contestó:

—No se lo prohíban, porque nadie que haga un milagro en mi nombre podrá luego hablar mal de mí.

40 El que no está contra nosotros, está a nuestro favor.

41 Cualquiera que les dé a ustedes aunque solo sea un vaso de agua por ser ustedes de Cristo, les aseguro que tendrá su premio.

El peligro de caer en pecado

42 »A cualquiera que haga caer en pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor le sería que lo echaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello.

43 Si tu mano te hace caer en pecado, córtatela;es mejor que entres manco en la vida, y no que con las dos manos vayas a parar al infierno,donde el fuego no se puede apagar.

45 Y si tu pie te hace caer en pecado, córtatelo; es mejor que entres cojo en la vida, y no que con los dos pies seas arrojado al infierno.

47 Y si tu ojo te hace caer en pecado, sácatelo; es mejor que entres con un solo ojo en el reino de Dios, y no que con los dos ojos seas arrojado al infierno,

48 donde los gusanos no mueren y el fuego no se apaga.

49 »Porque todos serán salados con fuego.

50 La sal es buena; pero si deja de estar salada, ¿cómo podrán ustedes hacerla útil otra vez?Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.

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San Marcos 10

Jesús enseña sobre el divorcio

1 Jesús salió de Cafarnaúm y fue a la región de Judea y a la tierra que está al oriente del Jordán.Allí volvió a reunírsele la gente, y él comenzó de nuevo a enseñar, como tenía por costumbre.

2 Algunos fariseos se acercaron a Jesús y, para tenderle una trampa, le preguntaron si al esposo le está permitido divorciarse de su esposa.

3 Él les contestó:

—¿Qué les mandó a ustedes Moisés?

4 Dijeron:

—Moisés permitió divorciarse de la esposa dándole un certificado de divorcio.

5 Entonces Jesús les dijo:

—Moisés les dio ese mandato por lo tercos que son ustedes.

6 Pero en el principio de la creación, “Dios los creó hombre y mujer.

7 Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su esposa,

8 y los dos serán como una sola persona.” Así que ya no son dos, sino uno solo.

9 De modo que el hombre no debe separar lo que Dios ha unido.

10 Cuando ya estaban en casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre este asunto.

11 Jesús les dijo:

—El que se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera;

12 y si la mujer deja a su esposo y se casa con otro, también comete adulterio.

Jesús bendice a los niños

13 Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban.

14 Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo:

—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.

15 Les aseguro que el que no acepta el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

16 Y tomó en sus brazos a los niños, y los bendijo poniendo las manos sobre ellos.

Un hombre rico habla con Jesús

17 Cuando Jesús iba a seguir su viaje, llegó un hombre corriendo, se puso de rodillas delante de él y le preguntó:

—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

18 Jesús le contestó:

—¿Por qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios.

19 Ya sabes los mandamientos: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie ni engañes; honra a tu padre y a tu madre.”

20 El hombre le dijo:

—Maestro, todo eso lo he cumplido desde joven.

21 Jesús lo miró con cariño, y le contestó:

—Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.

22 El hombre se afligió al oír esto; y se fue triste, porque era muy rico.

23 Jesús miró entonces alrededor, y dijo a sus discípulos:

—¡Qué difícil va a ser para los ricos entrar en el reino de Dios!

24 Estas palabras dejaron asombrados a los discípulos, pero Jesús les volvió a decir:

—Hijos, ¡qué difícil esentrar en el reino de Dios!

25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja,que para un rico entrar en el reino de Dios.

26 Al oírlo, se asombraron más aún, y se preguntaban unos a otros:

—¿Y quién podrá salvarse?

27 Jesús los miró y les contestó:

—Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible.

28 Pedro comenzó a decirle:

—Nosotros hemos dejado todo lo que teníamos, y te hemos seguido.

29 Jesús respondió:

—Les aseguro que cualquiera que por mi causa y por aceptar el evangelio haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o terrenos,

30 recibirá ahora en la vida presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones; y en la vida venidera recibirá la vida eterna.

31 Pero muchos que ahora son los primeros, serán los últimos; y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros.

Jesús anuncia por tercera vez su muerte

32 Se dirigían a Jerusalén, y Jesús caminaba delante de los discípulos. Ellos estaban asombrados, y los que iban detrás tenían miedo. Jesús volvió a llamar aparte a los doce discípulos, y comenzó a decirles lo que le iba a pasar:

33 «Como ustedes ven, ahora vamos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, que lo condenarán a muerte y lo entregarán a los extranjeros.

34 Se burlarán de él, lo escupirán, lo golpearán y lo matarán; pero tres días después resucitará.»

Jesús responde a Santiago y Juan

35 Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:

—Maestro, queremos que nos hagas el favor que vamos a pedirte.

36 Él les preguntó:

—¿Qué quieren que haga por ustedes?

37 Le dijeron:

—Concédenos que en tu reino glorioso nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda.

38 Jesús les contestó:

—Ustedes no saben lo que piden. ¿Pueden beber este trago amargo que voy a beber yo, y recibir el bautismo que yo voy a recibir?

39 Ellos contestaron:

—Podemos.

Jesús les dijo:

—Ustedes beberán este trago amargo, y recibirán el bautismo que yo voy a recibir;

40 pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me corresponde a mí darlo, sino que les será dado a aquellos para quienes está preparado.

41 Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enojaron con Santiago y Juan.

42 Pero Jesús los llamó, y les dijo:

—Como ustedes saben, entre los paganos hay jefes que se creen con derecho a gobernar con tiranía a sus súbditos, y los grandes hacen sentir su autoridad sobre ellos.

43 Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera ser grande entre ustedes, deberá servir a los demás,

44 y el que entre ustedes quiera ser el primero, deberá ser el esclavo de los demás.

45 Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud.

Jesús sana a Bartimeo el ciego

46 Llegaron a Jericó.Y cuando Jesús ya salía de la ciudad, seguido de sus discípulos y de mucha gente, un mendigo ciego llamado Bartimeo, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino.

47 Al oír que era Jesús de Nazaret, el ciego comenzó a gritar:

—¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!

48 Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía:

—¡Hijo de David, ten compasión de mí!

49 Entonces Jesús se detuvo, y dijo:

—Llámenlo.

Llamaron al ciego, diciéndole:

—Ánimo, levántate; te está llamando.

50 El ciego arrojó su capa, y dando un salto se acercó a Jesús,

51 que le preguntó:

—¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego le contestó:

—Maestro, quiero recobrar la vista.

52 Jesús le dijo:

—Puedes irte; por tu fe has sido sanado.

En aquel mismo instante el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús por el camino.