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Jueces 1

Judá y Simeón capturan a Adonisédec

1 Después que murió Josué,los israelitas consultaron al Señorpara saber cuál de las tribus debía atacar primero a los cananeos.

2 El Señor respondió que Judá debía atacar primero, y que a Judá le entregaría ese territorio.

3 Entonces los de la tribu de Judá invitaron a sus hermanos, los de la tribu de Simeón,a unirse a ellos para invadir juntos el territorio que le tocaba a Judá, y después invadir juntos también el territorio que le tocaba a Simeón.Los de Simeón aceptaron unirse a los de Judá,

4-5 y así los de Judá invadieron el territorio de los cananeos y el de los ferezeos, a quienes el Señor entregó en sus manos. En Bézecderrotaron a diez mil de ellos, entre los que se encontraba Adonisédec.

6 Y aunque Adonisédec huyó, ellos lo persiguieron y lo atraparon, y le cortaron los pulgares de las manosy los dedos gordos de los pies.

7 Entonces él dijo: «Antes yo les corté a setentareyes los pulgares de las manos y los dedos gordos de los pies, y los tuve recogiendo las sobras debajo de mi mesa. Pero ahora Dios me ha hecho a mí lo mismo que yo les hice a ellos.» Y lo llevaron a Jerusalén, donde murió.

Judá conquista Hebrón y Jerusalén

8 Los de la tribu de Judá atacaron y tomaron Jerusalén, y después de matar a filo de espada a toda la población, quemaron la ciudad.

9 Luego atacaron a los cananeos que vivían en las montañas, en la región del Négueby en la llanura.

10 También atacaron a los cananeos de la ciudad de Hebrón, que antes se llamaba Quiriat-arbá,y derrotaron a Sesai, a Ahimán y a Talmai.

Otoniel conquista Debir y recibe a Acsa

11 Luego atacaron la ciudad de Debir,que antes se llamaba Quiriat-séfer.

12 Y Caleb prometió que al que conquistara Debir le daría por esposa a su hija Acsa.

13 El que la conquistó fue Otoniel, hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb; entonces Caleb le dio por esposa a su hija Acsa.

14 Pero cuando llegó ella, Otoniel la convenciópara que le pidiera un terreno a su padre. Al ver Caleb que Acsa se bajaba de su asno, le preguntó:

—¿Qué te pasa?

15 —Quiero que me concedas algo —contestó ella—. Ya que me has dado tierras en el Négueb, dame también manantiales.

Y Caleb le dio los manantiales de arriba y los de abajo.

Conquistas de las tribus de Judá y de Benjamín

16 Los descendientes de Hobab el quenita,suegro de Moisés, salieron de la ciudad de las palmerascon la tribu de Judá, y fueron al desierto de Judá, al sur de Arad,donde se quedaron a vivir con la gente de la región.

17 Entonces los de la tribu de Judá fueron con los de Simeón, según habían acordado, y atacaron a los cananeos que vivían en Sefat,destruyendo por completo aquella ciudad. Por eso le pusieron el nombre de Hormá.

18 Sin embargo, no pudieron tomarGaza, Ascalón y Ecrón, ni sus territorios vecinos.

19 Y aunque el Señor acompañaba a los de Judá, y ellos pudieron conquistar las montañas, no pudieron echar de los llanos a los que allí vivían, porque estos tenían carros de hierro.

20 A Caleb le tocó Hebrón, tal como Moisés se lo había prometido, y Caleb desalojó a los tres hijos de Anac.

21 Pero los de la tribu de Benjamín no pudieron echar de Jerusalén a los jebuseos que allí vivían. Por eso, hasta el día de hoy, los jebuseos y los de la tribu de Benjamín siguen viviendo juntos en Jerusalén.

Las tribus de José conquistan Betel

22-23 Los de las tribus de Josédecidieron atacar Betel, ciudad que antes se llamaba Luz,y mandaron espías allá. El Señor los ayudaba.

24 Y los espías vieron a un hombre que salía de la ciudad, y le dijeron: «Si tú nos enseñas cómo entrar en la ciudad, nosotros seremos generosos contigo.»

25 El hombre les enseñó cómo entrar en la ciudad, y ellos mataron a filo de espada a todos los que allí vivían; pero le perdonaron la vida al que les había enseñado el camino y a toda su familia.

26 Entonces aquel hombre se fue a la tierra de los hititasy construyó una nueva ciudad, y la llamó Luz, nombre que aún hoy conserva.

Límites de las conquistas de las tribus de Manasés y de Efraín

27 Los de la tribu de Manasés no pudieron echar de Bet-seán, Taanac, Dor, Ibleam y Meguido a los que allí vivían, ni a los que vivían en las aldeas cercanas a esas ciudades, así que los cananeos siguieron viviendo en ellas.

28 Cuando los israelitas se hicieron más poderosos, lograron someter a los cananeos a trabajos forzados, pero no pudieron desalojarlos.

29 Los de la tribu de Efraín tampoco pudieron echar de Guézer a los cananeos que allí vivían, de modo que los cananeos siguieron viviendo entre ellos.

Conquistas de las otras tribus

30 Los de la tribu de Zabulón tampoco pudieron echar de Quitrón y Nahalal a los cananeos que allí vivían, de modo que los cananeos siguieron viviendo entre ellos, aunque sometidos a trabajos forzados.

31-32 Los de la tribu de Aser tampoco pudieron echar de Aco, Sidón, Ahlab, Aczib, Helbá, Afec y Rehob a los cananeos que allí vivían; y como no pudieron echarlos de esas ciudades, se quedaron a vivir entre ellos.

33 Los de la tribu de Neftalí tampoco pudieron echar de Bet-semes y Bet-anat a los cananeos que allí vivían, pero los sometieron a trabajos forzados y se quedaron a vivir entre ellos.

34 Los amorreos rechazaron a los de la tribu de Dan hasta las montañas, y no los dejaron bajar a las llanuras.

35 Y así los amorreos siguieron viviendo en Heres, Aialóny Saalbim. Pero cuando los descendientes de José se hicieron más fuertes, sometieron a los amorreos a trabajos forzados.

36 La frontera de los edomitasiba desde la cuesta de Acrabimhasta Selá, y seguía hacia arriba.

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Jueces 2

El ángel del Señor en Boquim

1 El ángel del Señorfue de Guilgal a Boquim, y les dijo a los israelitas: «Yo los saqué a ustedes de Egipto, y los he traído a esta tierra que les prometí a sus antepasados cuando les dije: “Nunca romperé mi alianza con ustedes,

2 con tal de que ustedes no hagan ningún pacto con los habitantes de esa tierra, sino que destruyan sus altares.” Pero ustedes no me obedecieron, ¡y miren lo que han hecho!

3 Por eso ahora les digo: No voy a echar a esos pueblos de delante de ustedes, y ellos y sus dioses serán una trampa para ustedes.»

4 Cuando el ángel del Señor terminó de hablar, todos los israelitas se echaron a llorar a voz en cuello.

5 Por eso llamaron Boquima aquel lugar, y allí ofrecieron sacrificios al Señor.

Muerte de Josué

6 Cuando Josué se despidió de los israelitas, cada uno se fue a tomar posesión de la tierra que le había tocado.

7 Mientras él vivió, los israelitas mantuvieron el culto al Señor; y también mientras vivieron los ancianos que sobrevivieron a Josué, que habían visto todos los grandes hechos del Señor en favor de Israel.

8 Pero murió Josué, a la edad de ciento diez años,

9 y lo enterraron en su propio terreno de Timnat-sérah,que está al norte del monte de Gaas, en los montes de Efraín.

10 Murieron también todos los israelitas de la época de Josué. Y así, los que nacieron después no sabían nada del Señor ni de sus hechos en favor de Israel.

Los israelitas abandonan al Señor

11 Pero los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Señor, pues empezaron a adorar a las diferentes representaciones de Baal.

12 Dejaron al Señor, el Dios de sus antepasados que los había sacado de Egipto, y se entregaron a adorar a los dioses de la gente que vivía alrededor, provocando así el enojo del Señor.

13 Dejaron al Señor por adorar a Baal y a las diferentes representaciones de Astarté,

14 y por eso el Señor se enojó contra Israel e hizo que los ladrones los despojaran de lo que tenían, y que sus enemigos de los alrededores los derrotaran sin que ellos pudieran hacerles frente.

15 Cada vez que ellos marchaban a la batalla, el Señor se ponía en su contra y les iba mal, según él mismo se lo había anunciado.

Sin embargo, aunque el Señor puso a los israelitas en aprietos,

16 también hizo surgir caudillos que los libraran de quienes los despojaban.

17 Pero los israelitas no hicieron caso a estos caudillos, sino que fueron infieles al Señor y adoraron a otros dioses. Sus antepasados habían obedecido los mandamientos del Señor; pero ellos no siguieron su ejemplo.

18 Cada vez que el Señor hacía surgir un caudillo, también lo ayudaba, y durante la vida del caudillo libraba a los israelitas del poder de sus enemigos, pues sentía compasión de ellos al oírlos gemir por causa de la opresión que sufrían.

19 Pero cuando el caudillo moría, ellos volvían a corromperse, y llegaban a ser peores que sus padres, sirviendo y adorando a otros dioses. No abandonaban sus malas prácticas, ni su terca conducta.

20 Por eso el Señor se enfureció contra Israel, y dijo: «Esta gente rompe la alianza que yo hice con sus antepasados, y no quiere obedecerme.

21 Por lo tanto, no volveré a desalojar ante ellos a ninguno de los pueblos que Josué no desalojó antes de morir.»

22 Con esto el Señor quería ver si los israelitas seguirían el camino del Señor, como antes lo habían seguido sus antepasados, o no.

23 Por eso el Señor no desalojó en seguida a las naciones que no había entregado en manos de Josué, sino que les permitió quedarse.

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Jueces 3

Los pueblos que se quedaron en Canaán

1 Estos son los pueblos que el Señor dejó en la región para poner a prueba a los israelitas que aún no habían nacido cuando se luchó por conquistar Canaán.

2 El Señor los dejó para que aprendieran a pelear los que nunca habían estado en el campo de batalla.

3 Quedaron los cinco jefes filisteos, todos los cananeos, los sidonios y los heveos que vivían en los montes del Líbano, desde el monte de Baal-hermón hasta el paso de Hamat.

4 Con ellos el Señor quiso poner a prueba a los israelitas, para ver si obedecían los mandamientos que él había dado a los antepasados de ellos por medio de Moisés.

5 Y así los israelitas empezaron a vivir entre los cananeos, hititas, amorreos, ferezeos, heveos y jebuseos,

6 y los hijos y las hijas de los israelitas se casaron con los hijos y las hijas de aquellos pueblos, y adoraron a sus dioses.

Otoniel libera a Israel de Cusán-risataim

7 Los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Señor, pues se olvidaron de él y adoraron a las diferentes representaciones de Baaly de Aserá.

8 Por esto el Señor se enojó contra ellos y los entregó al poder de Cusán-risataim, rey de Mesopotamia.Durante ocho años los israelitas tuvieron que servir a Cusán-risataim,

9 hasta que le suplicaron al Señor y él hizo que surgiera alguien para salvarlos. Este salvador fue Otoniel,hijo de Quenaz, hermano menor de Caleb:

10 el espíritu del Señor vino sobre Otoniel,el cual acaudilló a los israelitas; salió a la batalla, y el Señor le dio la victoria sobre Cusán-risataim.

11 Después de eso hubo paz en la región durante cuarenta años.

Ehud libera a Israel de Moab

Después de la muerte de Otoniel,

12 los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Señor, y por eso el Señor dio a Eglón, rey de Moab,más poder que a Israel.

13 Eglón hizo una alianza con los amonitas y los amalecitas,y atacó a Israel, tomando posesión de la ciudad de las palmeras.

14 Durante dieciocho años, los israelitas tuvieron que servir a Eglón,

15 hasta que le suplicaron al Señor y él hizo que surgiera alguien para salvarlos.Ese salvador fue un zurdo llamado Ehud, hijo de Guerá, de la tribu de Benjamín.

Un día, los israelitas enviaron el tributo a Eglón por medio de Ehud.

16 Pero Ehud se hizo una espada de dos filos, como de medio metrode largo, y se la puso al cinto por debajo de la ropa y al lado derecho;

17 luego se fue a llevarle el tributo a Eglón, que era muy gordo.

18 Después de entregarle a Eglón el tributo, Ehud salió con los que habían venido con él,

19 pero al llegar a los ídolos que están cerca de Guilgal,Ehud regresó a donde estaba Eglón y le dijo:

—Tengo un mensaje para Su Majestad, pero debo dárselo en privado.

El rey ordenó entonces a los que estaban a su servicio que guardaran silencio y salieran de su presencia.

20 En cuanto Ehud se quedó a solas con Eglón, que estaba sentado en la sala de verano, se acercó a él y le dijo:

—El mensaje que traigo a Su Majestad es de parte de Dios.

Al oír esto, Eglón se levantó de su trono,

21 pero Ehud, que era zurdo, se llevó la mano izquierda al lado derecho, sacó su espada y se la clavó a Eglón en el vientre.

22 Se la clavó tan fuerte que no solo entró toda la hoja sino también la empuñadura, quedando cubierta la espada por la gordura de Eglón, pues Ehud no se la sacó.

23 Después Ehud cerró las puertas con el cerrojo, y salió por la ventana.

24 Cuando ya se había ido, vinieron los que estaban al servicio del rey, y al ver las puertas cerradas pensaron que el rey se había encerrado en la sala de verano para hacer sus necesidades.

25 Pero después de mucho esperar, empezaron a preocuparse al ver que el rey no salía. Entonces tomaron la llave, y al abrir encontraron a su amo tendido en el suelo.

26 Mientras aquellos perdían tiempo, Ehud huyó, y después de pasar los ídolos de Guilgal se refugió en Seirat.

27 Cuando llegó a territorio israelita,dio un toque de trompeta en los montes de Efraín para llamar a los israelitas, y todos ellos bajaron de los montes con Ehud a la cabeza.

28 Ehud les dijo que lo siguieran, pues el Señor les daría la victoria sobre sus enemigos los moabitas. Entonces ellos lo siguieron y tomaron posesión de los vados del Jordán, y no dejaron pasar a nadie.

29 En aquella ocasión mataron a unos diez mil moabitas, todos ellos soldados fuertes y valientes. Ni uno solo escapó con vida.

30 Así fue como los israelitas derrotaron a Moab. Después de eso hubo paz en la región durante ochenta años.

Samgar libera a Israel de los filisteos

31 El siguiente caudillo fue Samgar, hijo de Anat,que mató a seiscientos filisteos con una aguijada.Samgar también salvó a Israel.

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Jueces 4

Débora y Barac derrotan a Sísara

1 Después de la muerte de Ehud, los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Señor,

2 así que el Señor los entregó al poder de Jabín, un rey cananeo que gobernaba en la ciudad de Hasor.El jefe de su ejército se llamaba Sísara, y vivía en Haróset-goím.

3 Jabín tenía novecientos carros de hierro, y durante veinte años había oprimido cruelmente a los israelitas, hasta que por fin estos le suplicaron al Señor que los ayudara.

4 En aquel tiempo juzgaba a Israel una profetisa llamada Débora, esposa de Lapidot.

5 Débora acostumbraba sentarse bajo una palmera (conocida como «la palmera de Débora»), que había en los montes de Efraín, entre Ramá y Betel,y los israelitas acudían a ella para resolver sus pleitos.

6 Un día, Débora mandó llamar a un hombre llamado Barac,hijo de Abinoán, que vivía en Quedes, un pueblo de la tribu de Neftalí,y le dijo:

—El Señor, el Dios de Israel, te ordena lo siguiente: “Ve al monte Tabor,y reúne allí a diez mil hombres de las tribus de Neftalí y Zabulón.

7 Yo voy a hacer que Sísara, jefe del ejército de Jabín, venga al arroyo de Quisónpara atacarte con sus carros y su ejército. Pero yo voy a entregarlos en tus manos.”

8 —Solo iré si tú vienes conmigo —contestó Barac—. Pero si tú no vienes, yo no iré.

9 —Pues iré contigo —respondió Débora—. Solo que la gloria de esta campaña que vas a emprender no será para ti, porque el Señor entregará a Sísara en manos de una mujer.

Entonces Débora fue con Barac a Quedes.

10 Allí Barac llamó a las tribus de Zabulón y Neftalí, y reunió bajo su mando un ejército de diez mil hombres. Débora iba con él.

11 Cerca de Quedes, junto a la encina de Saanaim, estaba el campamento de Héber el quenita, quien se había separado de los demás quenitas que, como él, descendían de Hobab, el suegro de Moisés.

12 Cuando Sísara supo que Barac había subido al monte Tabor,

13 reunió sus novecientos carros de hierroy a todos sus soldados, y marchó con ellos desde Haróset-goím hasta el arroyo de Quisón.

14 Entonces Débora le dijo a Barac:

—¡Adelante, que ahora es cuando el Señor va a entregar en tus manos a Sísara! ¡Ya el Señor va al frente de tus soldados!

Barac bajó del monte Tabor con sus diez mil soldados,

15 y el Señor sembró el pánico entre los carros y los soldados de Sísara en el momento de enfrentarse con la espada de Barac; hasta el mismo Sísara se bajó de su carro y huyó a pie.

16 Mientras tanto, Barac persiguió a los soldados y los carros hasta Haróset-goím. Aquel día no quedó con vida ni un solo soldado del ejército de Sísara: todos murieron.

17 Como Jabín, el rey de Hasor, estaba en paz con la familia de Héber el quenita, Sísara llegó a pie, en su huida, hasta la tienda de Jael, la esposa de Héber,

18 la cual salió a recibirlo y le dijo:

—Por aquí, mi señor, por aquí; no tenga usted miedo.

Sísara entró, y Jael lo escondió tapándolo con una manta;

19 entonces Sísara le pidió agua, pues tenía mucha sed. Jael destapó el cuero donde guardaba la lechey le dio de beber; después volvió a taparlo.

20 Sísara le dijo:

—Quédate a la entrada de la tienda, y si alguien viene y te pregunta si hay alguien aquí dentro, dile que no.

21 Pero Sísara estaba tan cansado que se quedó profundamente dormido. Entonces Jael tomó un martillo y una estaca de las que usaban para sujetar la tienda de campaña, y acercándose sin hacer ruido hasta donde estaba Sísara, le clavó la estaca en la sien contra la tierra. Así murió Sísara.

22 Y cuando Barac llegó en busca de Sísara, Jael salió a recibirlo y le dijo:

—Ven, que te voy a mostrar al que andas buscando.

Barac entró en la tienda y encontró a Sísara tendido en el suelo, ya muerto y con la estaca clavada en la cabeza.

23 Así humilló el Señor aquel día a Jabín, el rey cananeo, delante de los israelitas.

24 Y desde entonces los israelitas trataron a Jabín cada vez con mayor dureza, hasta que lo destruyeron.

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Jueces 5

El canto de Débora y Barac

1 Aquel día, Débora y Barac, hijo de Abinoán, cantaron así:

2 «Alaben todos al Señor,

porque aún hay en Israel

hombres dispuestos a pelear;

porque aún hay entre el pueblo

hombres que responden al llamado de la guerra.

3 ¡Escúchenme, ustedes los reyes!

¡Óiganme, ustedes los gobernantes!

¡Voy a cantarle al Señor!,

¡voy a cantar al Dios de Israel!

4 »Cuando tú, Señor, saliste de Seír;

cuando te fuiste de los campos de Edom,

tembló la tierra, se estremecióel cielo,

las nubes derramaron su lluvia.

5 Delante de ti, Señor,

delante de ti, Dios de Israel,

temblaron los montes, tembló el Sinaí.

6 En los tiempos de Samgar, hijo de Anat,

y en los tiempos de Jael,

los viajeros abandonaron los caminos

y anduvieron por senderos escabrosos;

7 las aldeasde Israel

quedaron del todo abandonadas.

Fue entonces cuando yo me levanté,

¡yo, Débora, una madre de Israel!

8 »No faltó quien se escogiera nuevos dioses

mientras se luchaba a las puertas de la ciudad,

pero no se veía un escudo ni una lanza

entre cuarenta mil israelitas.

9 »¡Yo doy mi corazón

por los altos jefes de Israel,

por la gente de mi pueblo

que respondió al llamado de la guerra!

¡Alaben todos al Señor!

10 »Díganlo ustedes, los que montan asnas pardas;

y ustedes, los que se sientan en tapetes;

también ustedes, los viajeros:

11 ¡allá, entre los abrevaderos,

y al son de sonoros platillos,

proclamen las victorias del Señor,

las victorias de sus aldeas en Israel!

12 »¡Despierta, Débora, despierta,

despierta y entona una canción!

¡Y tú, Barac, hijo de Abinoán,

levántate y llévate a tus prisioneros!

13 »Entonces bajaron los israelitas

a luchar contra los poderosos;

bajaron por mí las tropas del Señor

a luchar contra los hombres de guerra.

14 Algunos hombres de Efraínbajaron al valle,

y tras ellos fueron las tropas de Benjamín.

De los de Maquir,bajaron sus jefes,

y de los de Zabulón, sus gobernantes.

15 También acompañaron a Débora

los jefes de Isacar;

Isacar fue el apoyo de Barac,

pues se lanzó tras él al valle.

»Si en los escuadrones de Rubén

hay grandes hombres de corazón resuelto,

16 ¿por qué se quedaron entre los rediles,

oyendo a los pastores llamar a sus ovejas?

¡En los escuadrones de Rubén

hay grandes hombres de corazón miedoso!

17 »Galaad se quedó acampando

al otro lado del río Jordán;

Dan se quedó junto a los barcos,

y Aser se quedó en la costa

y no se movió de sus puertos;

18 pero en las alturas de los campos,

Zabulón y Neftalí arriesgaron la vida.

19 »Entonces los reyes vinieron a Taanac,

junto a las aguas de Meguido;

los reyes cananeos vinieron en plan de guerra,

pero no obtuvieron plata ni riquezas.

20 Desde el cielo, desde sus órbitas,

las estrellas lucharon contra Sísara;

21 el arroyo, el arroyo antiguo,

el arroyo de Quisón los barrió a todos ellos.

¡Tú aplastarás la garganta de los poderosos!

22 »¡Resuenan los cascos de los caballos!

¡Galopan, galopan los briosos corceles!

23 Y el ángel del Señor anuncia:

“¡Que caiga una dura maldición

sobre Meroz y sus habitantes!”

Pues no acudieron, como los valientes,

en ayuda del Señor.

24 »¡Bendita sea entre las mujeres Jael,

la esposa de Héber el quenita!

¡Bendita sea entre las mujeres del campamento!

25 Agua pidió Sísara; leche le dio Jael.

¡Crema le dio en un tazón especial!

26 Mientras tanto, tomó la estaca con la izquierda

y el mazo de trabajo con la derecha,

y dando a Sísara un golpe en la cabeza

le rompió y atravesó las sienes.

27 Sísara se retorcía a los pies de Jael;

retorciéndose de dolor cayó al suelo,

y allí donde cayó, allí quedó muerto.

28 »La madre de Sísara, afligida,

se asoma a la ventana y dice:

“¿Por qué tarda tanto en llegar su carro?

¿Por qué se retrasa su carro de guerra?”

29 Algunas damas sabihondas le responden,

y aun ella misma se repite:

30 “Seguramente se están repartiendo

lo que ganaron en la guerra.

Una esclava, y aun dos, para cada guerrero;

para Sísara las telas de colores:

una tela, y aun dos,

bordadas de varios colores,

para el cuello del vencedor.”

31 »¡Que así sean destruidos, Señor,

todos tus enemigos,

y que brillen los que te aman,

como el sol en todo su esplendor!»

Después de eso hubo paz en la región durante cuarenta años.

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Jueces 6

Dios llama a Gedeón

1 Pero los hechos de los israelitas fueron malos a los ojos del Señor, y durante siete años el Señor los entregó al poder de los madianitas.

2 Como los madianitas oprimían cada vez más a los israelitas, estos, por temor a los madianitas, se hicieron escondites en los cerros, en las cuevas y en lugares difíciles de alcanzar.

3 Siempre que los israelitas tenían algo sembrado, los madianitas, los amalecitasy la gente del orientelos atacaban.

4 Acampaban en los territorios de Israel y destruían las cosechas hasta la región de Gaza,sin dejarles a los israelitas nada que comer, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos.

5 Con sus tiendas de campaña y su ganado invadían el país y lo destruían todo. Venían con sus camellos en grandes multitudes, como una plaga de langostas.

6 Por causa de los madianitas, los israelitas pasaban por muchas miserias, y finalmente le pidieron ayuda al Señor.

7 Cuando los israelitas le pidieron al Señor que los librara de los madianitas,

8 él les envió un profeta que les dijo: «Así dice el Señor y Dios de Israel: “Yo los saqué a ustedes de Egipto, donde vivían como esclavos,

9 y no solo los libré a ustedes de los egipcios, sino también de todos los que los oprimían. A ellos los fui echando de delante de ustedes, y a ustedes les di la tierra de ellos.

10 Y les dije a ustedes que yo soy el Señor su Dios, y que no tuvieran miedo de los dioses de los amorreos, en cuya tierra viven ustedes ahora; pero ustedes no me hicieron caso.”»

11 Entonces vino el ángel del Señory se sentó bajo la encina que estaba en Ofrá,y que pertenecía a Joás, que era del clan de Abiézer. Gedeón,el hijo de Joás, estaba limpiando el trigoa escondidas, en el lugar donde se pisaba la uva para hacer vino, para que los madianitas no lo vieran.

12 El ángel del Señor se le apareció y le dijo:

—¡El Señor está contigo, hombre fuerte y valiente!

13 Y Gedeón contestó:

—Perdón, señor, pero si el Señor está con nosotros, ¿por qué nos pasa todo esto? ¿Dónde están todos los milagros de que nos hablan nuestros antepasados, cuando dicen que el Señor nos sacó de Egipto? El Señor nos ha abandonado, y nos ha entregado al poder de los madianitas.

14 El Señor lo miró, y le dijo:

—Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los madianitas. Yo soy el que te envía.

15 Pero Gedeón volvió a contestar:

—Una vez más, perdón, señor, pero ¿cómo voy a salvar a Israel? Mi clan es el más pobre de toda la tribu de Manasés, y yo soy el más pequeño de mi familia.

16 Y el Señor le respondió:

—Podrás hacerlo porque yo estaré contigo.Derrotarás a los madianitas como quien derrota a un solo hombre.

17 Entonces Gedeón dijo:

—Si me he ganado tu favor, dame una pruebade que realmente eres tú quien habla conmigo.

18 Por favor, no te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda que te quiero presentar.

Y el Señor le aseguró:

—Aquí estaré esperando tu regreso.

19 Gedeón se fue y preparó un cabrito, y con unos veinte litros de harina hizo unos panes sin levadura; luego puso la carne en una canasta y el caldo en una olla, y se lo llevó todo hasta la encina.

20 El ángel de Dios le mandó poner sobre una roca la carne y los panes sin levadura, y derramar el caldo. Después que Gedeón hizo lo que se le había mandado,

21 el ángel tocó la carne y los panes con la punta del bastón que tenía en la mano, y de la roca salió fuego, el cual consumió la carne y los panes; luego el ángel del Señor desapareció de su vista.

22 Al darse cuenta Gedeón de que se trataba del ángel del Señor, dijo:

—¡Ay Señor, Señor! ¡He visto cara a cara al ángel del Señor!

23 Pero el Señor le contestó:

—No tengas miedo, que no vas a morir. Recibe mi paz.

24 Entonces Gedeón construyó allí un altar en honor del Señor, y lo llamó «El Señor es la paz».Este altar todavía está en Ofrá, ciudad del clan de Abiézer.

25 Aquella misma noche el Señor le dijo a Gedeón:

—Toma un toro del ganado de tu padre, el segundo toro, el de siete años,y echa abajo el altar de Baal que tiene tu padre. Echa abajo también el árbol sagrado que está junto al altar de Baal,

26 y en lo alto de esa fortaleza construye un altar al Señor tu Dios. Toma luego el toro, el segundo, y ofrécemelo como holocausto, usando para ello la leña del árbol sagrado que habrás echado abajo.

27 Entonces Gedeón tomó a diez de sus sirvientes e hizo todo lo que el Señor le había mandado; solo que no lo hizo de día, sino durante la noche, por miedo a la familia de su padre y a los hombres de la ciudad.

28 A la mañana siguiente, cuando la gente de la ciudad se levantó, se encontró con que el altar de Baal había sido echado abajo, lo mismo que el árbol sagrado que estaba junto al altar, y que además un toro había sido ofrecido en holocausto sobre el nuevo altar.

29 Unos a otros se preguntaban: «¿Quién habrá hecho esto?»

Cuando, después de mucho buscar y preguntar, supieron que lo había hecho Gedeón, el hijo de Joás, fueron y le dijeron a Joás:

30 —Saca a tu hijo, que lo vamos a matar. ¡Ha echado abajo el altar de Baal y el árbol sagrado que estaba junto al altar!

31 Pero Joás respondió a quienes le rodeaban:

—¿Van ustedes a defender a Baal, y a pelear en su favor? ¡Pues que muera antes del amanecer cualquiera que defienda a Baal! Si Baal es Dios, déjenlo que se defienda solo,puesto que era suyo el altar derribado.

32 Desde entonces comenzaron a llamar Jerubaala Gedeón, y decían: «Que Baal se defienda de él», pues Gedeón había echado abajo el altar de Baal.

33 Entonces todos los madianitas y los amalecitas y la gente del oriente, se juntaron y cruzaron el río Jordán, y acamparon en el valle de Jezreel.

34 Pero el espíritu del Señor se adueñó deGedeón, y este tocó un cuerno de carnero para que se le unieran los del clan de Abiézer;

35 además mandó mensajeros para que llamaran a toda la tribu de Manasés a que se le uniera. También envió mensajeros a llamar a las tribus de Aser, Zabulón y Neftalí, que también salieron a reunirse con él.

36 Y Gedeón le dijo a Dios: «Si de veras me vas a usar para salvar a Israel, como tú mismo has dicho,

37 voy a poner el cuero lanudo de una oveja en el lugar donde se trilla el trigo. Si por la mañana la lana está mojada de rocío, pero la tierra está seca, sabré que de veras vas a usarme para salvar a Israel, como tú mismo has dicho.»

38 En efecto, así sucedió. Cuando Gedeón se levantó por la mañana, exprimió el cuero lanudo y sacó de él una taza llena de rocío.

39 Sin embargo, Gedeón dijo: «No te enojes conmigo si vuelvo a insistir.Pero quiero hacer una sola prueba más. Esta vez harás que la lana quede seca y que el rocío humedezca la tierra.»

40 Aquella noche Dios lo hizo así. Y a la mañana siguiente, la lana estaba seca y toda la tierra cubierta de rocío.

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Jueces 7

Gedeón derrota a los madianitas

1 Gedeón, a quien ahora llamaban Jerubaal, y todos los que estaban con él, se levantaron de madrugada y fueron a acampar junto al manantial de Harod.El campamento de los madianitas les quedaba entonces al norte, en el valle que está al pie del monte de Moré.

2 El Señor le dijo a Gedeón: «Traes tanta gente contigo que si hago que los israelitas derroten a los madianitas, van a alardear ante mí creyendo que se han salvado ellos mismos.

3 Por eso, dile a la gente que cualquiera que tenga miedopuede irse a su casa.»

De este modo Gedeón los puso a prueba,y se fueron veintidós mil hombres, quedándose diez mil.

4 Pero el Señor insistió: «Son muchos todavía. Llévalos a tomar agua, y allí yo los pondré a prueba y te diré quiénes irán contigo y quiénes no.»

5 Gedeón llevó entonces a la gente a tomar agua, y el Señor le dijo: «Aparta a los que beban agua en sus manos, lamiéndola como perros, de aquellos que se arrodillen para beber.»

6 Los que bebieron agua llevándosela de las manos a la boca y lamiéndola como perros fueron trescientos. Todos los demás se arrodillaron para beber.

7 Entonces el Señor le dijo a Gedeón: «Con estos trescientos hombres voy a salvarlos a ustedes, y derrotaré a los madianitas. Todos los demás pueden irse.»

8 Gedeón mandó entonces que todos los demás regresaran a sus tiendas; pero antes de que se fueran les recogió sus cántaros y sus cuernos de carnero. Solo se quedó con los trescientos hombres escogidos, acampando más arriba de los madianitas, que estaban en el valle.

9 Aquella noche el Señor le ordenó a Gedeón: «Levántate y baja a atacar a los madianitas, pues los voy a entregar en tus manos.

10 Pero si tienes miedo de atacarlos, baja antes al campamento con Purá, tu criado,

11 y escucha lo que digan. Después te sentirás con más ánimo para atacarlos.»

Entonces Gedeón bajó con Purá, su criado, hasta los puestos avanzados del campamento enemigo.

12 Los madianitas, los amalecitas y la gente del oriente se habían esparcido por el valle como una plaga de langostas. Tenían tantos camellos como arena hay a la orilla del mar.

13 Al acercarse Gedeón al campamento enemigo, oyó que un soldado le contaba a otro un sueño que había tenido. Le decía:

—Soñé que un pan de cebada venía rodando hasta nuestro campamento, y que al chocar contra una tienda la hacía caer.

14 Y su compañero le contestó:

—Eso no es otra cosa que la espada de Gedeón, hijo de Joás, el israelita. Dios va a entregar en manos de Gedeón a los madianitas y a todo su campamento.

15 Al oír cómo se había contado e interpretado el sueño, Gedeón adoró al Señor. Después volvió al campamento israelita y ordenó:

—¡Arriba, que el Señor va a entregarnos el campamento madianita!

16 En seguida dividió sus trescientos hombres en tres grupos,y les dio cuernos de carnero a todos y unos cántaros vacíos que llevaban dentro antorchas encendidas.

17 Y les dijo:

—Cuando llegue yo al otro lado del campamento enemigo, fíjense en mí y hagan lo mismo que me vean hacer.

18 Cuando yo y los que van conmigo toquemos el cuerno, tóquenlo ustedes también alrededor de todo el campamento, y griten: “¡Por el Señor y por Gedeón!”

19 Así pues, Gedeón y sus cien hombres llegaron al otro lado del campamento cuando estaba por comenzar el turno de guardia de medianoche.Entonces tocaron los cuernos de carnero y rompieron los cántaros que llevaban en las manos,

20 y los tres grupos tocaron al mismo tiempo los cuernos de carnero y rompieron los cántaros. En la mano izquierda llevaban las antorchas encendidas, y los cuernos de carnero en la derecha, y gritaban: «¡Guerra! ¡Por el Señor y por Gedeón!»

21 Y como los israelitas se quedaron quietos en sus puestos alrededor del campamento, y todos en el ejército madianita gritaban y salían huyendo

22 mientras los trescientos israelitas seguían tocando los cuernos de carnero, el Señor hizo que los madianitas lucharan entre sí, y que salieran huyendo hasta Bet-sitá, camino de Sererá, y hasta la frontera de Abel-meholá, junto a Tabat.

23 Entonces se llamó a los israelitas de las tribus de Neftalí, de Aser y de todo Manasés, para que persiguieran a los madianitas.

24 Gedeón mandó mensajeros por los montes de Efraín, ordenando que los hombres de esta tribu bajaran a luchar contra los madianitas y ocuparan los lugares por donde se podía cruzar el río en Bet-bará y en el Jordán, antes de que ellos llegaran. Los de Efraín cumplieron estas órdenes,

25 y además capturaron a dos jefes madianitas llamados Oreb y Zeeb.A Oreb lo mataron en la peña que ahora se conoce como Peña de Oreb. A Zeeb lo mataron en el lugar que lleva su nombre, y que era donde se pisaba la uva para hacer vino. Y después de perseguir a los madianitas, llevaron las cabezas de Oreb y de Zeeb a Gedeón, que estaba al otro lado del Jordán.

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Jueces 8

Gedeón captura a los reyes madianitas

1 Los de la tribu de Efraín se enojaron y discutieroncon Gedeón porque él no los había mandado llamar cuando salió a pelear contra los madianitas.

2 Pero él les contestó:

—¿No se dan cuenta de que ustedes hicieron más aún de lo que yo hice? Lo poco que ustedes hicieron vale más que lo mucho que hicimos nosotros.

3 Dios les entregó a Oreb y a Zeeb,los jefes madianitas. ¿Qué hice yo que se pueda comparar con lo que ustedes hicieron?

Cuando los de Efraín oyeron estas palabras de Gedeón, se les pasó el enojo contra él.

4 Gedeón y sus trescientos hombres llegaron al Jordán y lo cruzaron, aunque estaban rendidos de cansancio por ir persiguiendo al enemigo.

5 En Sucot,Gedeón les pidió a los que allí vivían:

—Por favor, den algo de comer a los que vienen conmigo, porque están rendidos de cansancio. Andamos persiguiendo a los reyes madianitas Zébah y Salmuná.

6 Pero los jefes de Sucot le respondieron:

—¿Acaso ya has capturado a Zébah y Salmuná, para que alimentemos a tu ejército?

7 Y Gedeón les contestó:

—¡Después que el Señor me entregue a Zébah y Salmuná, regresaré y les desgarraré a ustedes la carne con espinas y zarzas del desierto!

8 De allí fue a Penuel,donde pidió lo mismo que en Sucot. Pero como los de Penuel le respondieron igual que los de Sucot,

9 Gedeón les dijo:

—¡Cuando yo regrese vencedor, echaré abajo esa torre!

10 Zébah y Salmuná estaban en Carcorcon unos quince mil hombres, que era todo lo que quedaba del ejército del oriente, pues habían muerto ciento veinte mil de ellos.

11 Gedeón avanzó por el camino que bordea el desierto, al este de Nóbah y Jogbehá,y atacó su campamento cuando ellos menos lo esperaban.

12 Zébah y Salmuná salieron huyendo, pero Gedeón los persiguió y los capturó, y llenó de espanto a todo el ejército.

13 Cuando Gedeón regresaba de la batalla por el paso de Heres,

14 capturó a un joven de Sucot y lo interrogó; y aquel joven le dio por escritolos nombres de los setenta y siete jefes y ancianos de Sucot.

15 Entonces Gedeón fue a Sucot y les dijo a los de este pueblo:

—¿Recuerdan cómo se burlaron de mí por causa de Zébah y de Salmuná? ¿Recuerdan que les negaron pan a mis hombres, que estaban rendidos de cansancio, diciéndonos que todavía no los teníamos cautivos? ¡Pues aquí los tienen!

16 Entonces Gedeón tomó espinas y zarzas del desierto, y con ellas castigó a los ancianos de Sucot.

17 También echó abajo la torre de Penuel, y mató a la gente de esta ciudad.

18 Luego les preguntó a Zébah y a Salmuná:

—¿Cómo eran los hombres que ustedes mataron en Tabor?

Y ellos le contestaron:

—Se parecían a ti. Cada uno de ellos parecía un príncipe.

19 Entonces Gedeón gritó:

—¡Mis hermanos! ¡Mataron a mis propios hermanos!Tan cierto como que el Señor vive, que si ustedes no los hubieran matado, yo tampoco los mataría a ustedes ahora.

20 En seguida le ordenó a Jéter, su hijo mayor:

—¡Levántate y mátalos!

Pero Jéter era todavía muy joven, y no se atrevió a sacar su espada.

21 Entonces Zébah y Salmuná le dijeron a Gedeón:

—¡Pues mátanos tú! ¡Al hombre se le conoce por su valentía!

Gedeón se levantó y los mató, y tomó los adornos que llevaban al cuello los camellos de Zébah y Salmuná.

22 Entonces los israelitas le dijeron:

—Ya que tú nos has librado del poder de los madianitas, queremos que tú y tus descendientes nos gobiernen.

23 Pero Gedeón les contestó:

—Ni yo ni mi hijo los gobernaremos a ustedes. El Señor será quien los gobierne.

24 Lo que sí quiero es pedirles que me den los anillos que han capturado.

Esos anillos de oro los usaban los soldados enemigos, porque eran gente del desierto.

25 Los israelitas, tendiendo una capa en el suelo, echaron en ella los anillos que habían tomado, y le dijeron a Gedeón:

—Aquí los tienes.

26 Todo el oro de los anillos pesó casi diecinueve kilos, sin contar los adornos ni las joyas y telas de púrpura que llevaban los reyes de Madián, ni los collares de sus camellos.

27 Con ese oro Gedeón hizo un efod,que puso en Ofrá, su ciudad, y todo Israel le fue infiel al Señor por causa del efod, el cual se volvió una trampa para Gedeón y su familia.

28 Así fue como los madianitas quedaron sometidos a Israel, y nunca más volvieron a levantar cabeza. Durante cuarenta años, mientras Gedeón vivió, hubo paz en la región.

Muerte de Gedeón

29-30 Jerubaal, o sea Gedeón, se fue a vivir a su propia casa, y tuvo setenta hijos, pues tenía muchas esposas.

31 Una concubina que él tenía en Siquem, también le dio un hijo, y él le puso por nombre Abimélec.

32 Gedeón murió ya entrado en años, y lo enterraron en la tumba de su padre Joás, en Ofrá, ciudad del clan de Abiézer.

33 Después que murió Gedeón, los israelitas volvieron a abandonar a Dios para adorar a las diferentes representaciones de Baal, y escogieron como su dios a Baal-berit.

34 Se olvidaron del Señor su Dios, que los había salvado de todos los enemigos que los rodeaban,

35 y no correspondieron con bondad a la familia de Jerubaal, o sea Gedeón, por todo lo bueno que él había hecho por ellos.

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Jueces 9

Abimélec

1 Abimélec, hijo de Jerubaal,fue a Siquempara hablar con sus parientes por parte de madre. Y les dijo:

2 —En nombre de nuestro parentesco, les ruego que convenzan a la gente de Siquemde que es mejor que los gobierne un solo hombre, y no todos los setenta hijos de Jerubaal.

3 Y como Abimélec era pariente de ellos, se pusieron de parte suya y fueron a convencer a los de Siquem para que lo siguieran.

4 Además, tomaron setenta monedas de plata del templo de Baal-berity se las dieron a Abimélec. Con ese dinero, Abimélec alquiló unos matones para que lo siguieran. Aquellos hombres fueron con él

5 a Ofrá,donde había vivido su padre Jerubaal, y contra una misma piedra mataron a los setenta hermanos de Abimélec. Solo pudo esconderse y salvarse Jotam, el hijo menor de Jerubaal.

6 Después todos los de Siquem y de Bet-milóse reunieron junto a la encina y la piedra sagrada que había en Siquem, y nombraron rey a Abimélec.

7 Cuando Jotam lo supo, subió al monte Guerizim,y desde allí gritó bien fuerte, para que todos le oyeran:

«¡Óiganme bien, hombres de Siquem! ¡Y así Dios los oiga a ustedes!

8 »En cierta ocasión los árboles quisieron tener rey, y le pidieron al olivo que fuera su rey.

9 Pero el olivo les dijo que no, pues para ser rey de los árboles tendría que dejar de dar aceite, el cual sirve para honrar tanto a los hombres como a Dios.

10 »Entonces los árboles le pidieron a la higuera que fuera su rey.

11 Pero la higuera les dijo que no, pues para ser rey de los árboles tendría que dejar de dar sus dulces y sabrosos higos.

12 »Entonces los árboles le pidieron a la vid que fuera su rey.

13 Pero la vid les dijo que no, pues para ser rey de los árboles tendría que dejar de dar su vino, el cual sirve para alegrar tanto a los hombres como a Dios.

14 »Por fin, los árboles le pidieron a un espino que fuera su rey.

15 Y el espino les dijo que, si de veras querían que él fuera su rey, todos tendrían que ponerse bajo su sombra; pero si no querían que él fuera su rey, saldría de él un fuego que destruiría los cedros del Líbano.

16 »Y ahora, yo les pregunto: ¿Han actuado ustedes con verdad y honradez al hacer rey a Abimélec? ¿Han tratado a Jerubaal y a su familia con la misma bondad con que él los trató a ustedes?

17 Porque mi padre arriesgó su vida por ustedes cuando peleó para librarlos del poder de los madianitas;

18 ustedes, en cambio, se han rebelado contra la familia de mi padre, y han matado a sus setenta hijos contra una misma piedra. Por si fuera poco, han nombrado rey a Abimélec, hijo de la concubina de Jerubaal, solo porque él es pariente de ustedes.

19 Pero yo les digo hoy: Si ustedes han tratado con verdad y honradez a Jerubaal y a su familia, que les vaya bien con Abimélec, y a él con ustedes;

20 pero si no, ¡que salga de Abimélec un fuego que destruya a todos los de Siquem y de Bet-miló, y que de Siquem y de Bet-miló salga un fuego que lo destruya a él!»

21 Después de haber dicho esto, Jotam huyó y se fue a vivir en Beer,porque le tenía miedo a su hermano Abimélec.

22 Abimélec dominó a los israelitas durante tres años,

23 pero Dios interpuso un espíritu maligno entre Abimélec y los de Siquem, para que estos se rebelaran contra él

24 y así pagara Abimélec el sangriento asesinato de los setenta hijos de Jerubaal, y los de Siquem pagaran por haberle ayudado.

25 Los de Siquem tenían gente en los montes, que se escondía y asaltaba a todos los que pasaban por el camino cercano.Y Abimélec se enteró de esto.

26 Un día, Gáal, el hijo de Ébed, pasó con sus hermanos por Siquem y se ganó la confianza de los de aquella ciudad,

27 los cuales salieron al campo a recoger la uva e hicieron vino y celebraron una gran fiesta, comiendo y bebiendo en el templo de sus dioses y maldiciendo a Abimélec.

28 Y Gáal decía: «¿Quién se cree este Abimélec? No es más que un hijo de Jerubaal, y Zebul es su ayudante. Y nosotros, los de Siquem, ¿quiénes somos para andar como esclavos delante de ellos? Seamos esclavos de Hamor,el fundador de Siquem, pero no de Abimélec.

29 ¡Ah! ¡Si yo fuera el jefe de ustedes, en seguida me desharía de Abimélec!» Además dijo: «¡Anda, Abimélec, reúne tu ejército y ven a pelear!»

30 Cuando Zebul, gobernador de la ciudad,se enteró de lo que andaba diciendo Gáal, se puso furioso

31 y le envió el siguiente mensaje a Abimélec, que estaba en Arumá:«Gáal, el hijo de Ébed, ha venido con sus hermanos a Siquem, y están predisponiendo a la gente de la ciudad contra ti.

32 Por lo tanto, sal de noche con tus soldados y escóndanse en el campo.

33 Por la mañana, al salir el sol, ataca la ciudad, y cuando Gáal y su gente salgan a pelear contigo, haz con él lo que creas más conveniente.»

34 Así pues, Abimélec y toda su gente salieron de noche y se escondieron alrededor de Siquem, repartidos en cuatro grupos.

35 Cuando Gáal salió a la puerta de la ciudad, Abimélec y su gente salieron de sus escondites.

36 Al verlos, Gáal le dijo a Zebul:

—¡Mira, de los cerros viene bajando un ejército!

—No —le contestó Zebul—. Solo son las sombras de los cerros, que a ti te parecen gente.

37 Pero Gáal siguió diciendo:

—¡También de la colina que llaman “Ombligo de la tierra”viene bajando un ejército! ¡Y otro grupo viene por el camino de la Encina de los Adivinos!

38 —¡Habla ahora, fanfarrón! —le dijo Zebul—. ¡Tú, que decías que Abimélec no era nadie para que fuéramos sus esclavos! Ahí está el ejército que te parecía poca cosa. ¡Anda, sal ahora a pelear contra ellos!

39 Gáal salió al frente de la gente de Siquem a pelear contra Abimélec.

40 Pero Abimélec lo persiguió, y Gáal huyó de él. Hasta en la puerta misma de la ciudad hubo muchos muertos.

41 Abimélec se quedó en Arumá, y Zebul arrojó de Siquem a Gáal y sus hermanos.

42 Al día siguiente, los de Siquem salieron al campo. Cuando Abimélec lo supo,

43 dividió su ejército en tres grupos y se escondió en el campo; y cuando vio que los de Siquem salían de la ciudad, salió de su escondite y los atacó.

44 Él y su grupo se lanzaron a tomar la puerta de la ciudad, mientras los otros dos grupos atacaban y mataban a los que andaban por el campo;

45 y el resto del día lo pasó Abimélec atacando a Siquem, hasta que la tomó. Entonces destruyó la ciudad y mató a todos sus habitantes, y la ciudad misma la sembró de sal.

46 Cuando los de Migdal-siquem se enteraron de lo que había hecho Abimélec, fueron a refugiarse en la fortaleza del templo de El-berit.

47 Y al saber Abimélec que todos estaban reunidos allí,

48 fue con toda su gente al monte Salmón y con un hacha cortó una rama de un árbol; luego se la puso sobre el hombro y dijo a todos sus hombres que hicieran rápidamente lo mismo que él.

49 Todos cortaron sus ramas y siguieron a Abimélec hasta la fortaleza del templo, donde amontonaron todas las ramas y les prendieron fuego, matando así a todos los de Migdal-siquem, que eran unos mil hombres y mujeres.

50 Después Abimélec marchó sobre Tebés,se preparó para atacarla y la tomó.

51 En el centro de aquella ciudad había una torre, y en ella se escondieron todos los habitantes de la ciudad, hombres y mujeres. Cerraron bien las puertas y subieron al techo;

52 pero Abimélec llegó hasta la puerta de la torre y la atacó. Ya se disponía a prenderle fuego,

53 cuando una mujer arrojó una piedra de molino, la cual le cayó en la cabeza y le rompió el cráneo.

54 Abimélec llamó rápidamente a su ayudante de armas y le dijo: «Saca tu espada y mátame, porque no quiero que se diga que una mujer me mató.» Entonces su ayudante lo atravesó con la espada, y así murió.

55 Cuando los israelitas vieron que Abimélec había muerto, regresaron a sus casas.

56 De esta manera Dios hizo pagar a Abimélec el crimen que había cometido contra su padre al matar a sus setenta hermanos.

57 Y Dios hizo también que los de Siquem pagaran por todos sus crímenes. Así se cumplió en ellos la maldición de Jotam, el hijo de Jerubaal.

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Jueces 10

Gobierno de Tolá

1 Después de Abimélec, un hombre de la tribu de Isacar llamado Tolá, hijo de Puáy nieto de Dodó, se levantó para salvar a Israel.Tolá vivía en Samir,en los montes de Efraín,

2 y gobernó a Israel durante veintitrés años, hasta que murió y lo enterraron en Samir.

Gobierno de Jaír

3 Después se levantó Jaír, que era de Galaad,y gobernó a Israel durante veintidós años.

4 Jaír tuvo treinta hijos, cada uno de los cuales montaba en asno y tenía una ciudad en la región de Galaad. Esas treinta ciudades se conocen todavía como «las ciudades de Jaír».

5 Cuando Jaír murió, fue enterrado en Camón.

Los amonitas oprimen a Israel

6 Pero los israelitas volvieron a hacer lo malo a los ojos del Señor, y adoraron a las diferentes representaciones de Baal y de Astarté, lo mismo que a los dioses de Siria, de Sidón, de Moab, de Amón y de los filisteos. Abandonaron al Señor y dejaron de rendirle culto.

7 Por eso el Señor se enfureció contra ellos y los entregó al poder de los filisteos y de los amonitas.

8 Desde entonces, y durante dieciocho años, los filisteos y los amonitas oprimieron cruelmente a todos los israelitas que vivían en Galaad, al otro lado del Jordán, en territorio amorreo.

9 Los amonitas cruzaron el Jordán para pelear también contra las tribus de Judá, Benjamín y Efraín, y los israelitas se vieron en grave aprieto.

10 Entonces le pidieron ayuda al Señor, y le dijeron: «Dios nuestro, hemos pecado contra ti, pues te hemos abandonado por adorar a falsos dioses.»

11 Y el Señor les contestó: «Ustedes fueron oprimidos por los egipcios, los amorreos,los amonitas, los filisteos,

12 los sidonios, los amalecitas y los madianitas; pero cuando ustedes clamaron a mí, yo los salvé.

13 A pesar de eso, ustedes me han abandonado por ir a adorar a otros dioses, así que yo no volveré a salvarlos.

14 ¡Vayan y pidan ayuda a los dioses que se han escogido! ¡Que ellos los salven a ustedes cuando estén en aprietos!»

15 Entonces los israelitas le respondieron al Señor: «Hemos pecado. Haz con nosotros lo que mejor te parezca, pero, ¡por favor, sálvanos ahora!»

16 Y los israelitas se deshicieron de los dioses extranjeros para volver a adorar al Señor, y el Señor ya no pudo soportar que los israelitas siguieran sufriendo.

17 Los amonitas se reunieron y acamparon en Galaad. Los israelitas, por su parte, se reunieron y acamparon en Mispá.

18 Los israelitas que vivían en Galaad, y sus jefes, acordaron entre sí que el que dirigiera la batalla contra los amonitas sería caudillo de todos los habitantes de Galaad.