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Isaías 51

Palabras de consuelo a Jerusalén

1 Óiganme todos los que quieren vivir con rectitud

y me buscan —dice el Señor.

Miren la roca de donde fueron cortados,

la cantera de donde fueron sacados;

2 miren a Abraham, su padre,

y a Sara, la que les dio la vida.

Cuando yo lo llamé, era uno solo,

pero lo bendije y le di muchos descendientes.

3 Yo seré bondadoso con Sión,

la ciudad que estaba toda en ruinas.

Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín,

como el jardín que el Señor plantó en Edén.

Allí habrá felicidad y alegría,

cantos de alabanza y son de música.

4 «Pueblos, préstenme atención,

escúchenme, naciones:

yo publicaré mi enseñanza

y mis mandamientos alumbrarán a los pueblos.

5 Mi victoria está cercana,

mi acción salvadora está en camino;

con mi poder gobernaré a los pueblos.

Los países del mar esperarán en mí

y confiarán en mi poder.

6 »Levanten los ojos al cielo,

y miren abajo, a la tierra:

el cielo se desvanecerá como el humo,

la tierra se gastará como un vestido

y sus habitantes morirán como mosquitos.

Pero mi salvación será eterna,

mi victoria no tendrá fin.

7 »Escúchenme, ustedes que saben lo que es justo,

pueblo que toma en serio mi enseñanza.

No teman las injurias de los hombres,

no se dejen deprimir por sus insultos,

8 porque perecerán como un vestido apolillado,

como lana roída por gusanos.

Pero mi victoria será eterna,

mi salvación durará por siempre.»

9 Despierta, despierta, brazo del Señor,

ármate de fuerza;

despierta como lo hiciste en el pasado,

en tiempos muy lejanos.

Tú despedazaste a Rahab,el monstruo marino;

10 secaste el mar,

el agua del profundo abismo,

y convertiste el fondo del mar en camino

para que pasaran los libertados.

11 Así también regresarán los rescatados por el Señor,

y entrarán en Sión dando gritos de alegría;

sus rostros estarán siempre alegres;

encontrarán felicidad y dicha,

y el dolor y el llanto desaparecerán.

12 «Yo, yo mismo, te doy ánimo.

¿A quién tienes miedo? ¿A los hombres?

¿A los hombres mortales, que no son más que hierba?

13 ¿Vas a olvidarte del Señor, tu creador,

que extendió el cielo y afirmó la tierra?

¿Vas a temblar continuamente, a todas horas,

por la furia de los opresores,

que están listos para destruirte?

Pero, ¿dónde está esa furia?

14 El que sufría la opresión,

pronto quedará libre;

no morirá en el calabozo

ni le faltará su pan.

15 »Yo soy el Señor tu Dios,

mi nombre es Señor todopoderoso;

yo agité el mar

y rugieron las olas,

16 extendíel cielo

y afirmé la tierra.

Yo puse en tu boca mis palabras

y te protegí al amparo de mi mano.

Yo dije a Sión: “Tú eres mi pueblo.”»

17 Despierta, despierta,

Jerusalén, levántate.

Tú sufriste la ira del Señor

como quien bebe una copa,

y la bebe hasta el fondo,

hasta quedar borracho.

18 Entre todos los hijos que has tenido,

no hay ninguno que te guíe;

entre todos los hijos que criaste,

no hay ninguno que te lleve de la mano.

19 Estas dos desgracias vinieron sobre ti:

tu país fue destruido y saqueado,

y tu gente murió por el hambre y la guerra.

¿Quién tendrá lástima de ti?

¿Quién te consolará?

20 Como antílopes atrapados en la red,

tus hijos están sin fuerzas,

tendidos en la esquina de cualquier calle,

heridos por la ira del Señor,

por la corrección de tu Dios.

21 Por eso, ciudad desdichada, escucha esto,

tú que estás borracha, pero no de vino;

22 tu Señor y tu Dios,

el que defiende la causa de su pueblo, dice:

«Te voy a quitar de la mano

esa copa con que te has emborrachado;

ya no volverás a beber más la copa de mi ira.

23 Yo se la daré

a los que te atormentaron,

a los que te decían:

“Échate al suelo, que vamos a pasar sobre ti”;

y tú te tendiste en el suelo

para que te pisotearan como al polvo.»

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Isaías 52

Anuncio de liberación a Jerusalén

1 Despierta, Sión,despierta,

ármate de fuerza;

Jerusalén, ciudad santa,

vístete tu ropa más elegante,

porque los paganos, gente impura,

no volverán a entrar en ti.

2 Levántate, Jerusalén,

sacúdete el polvo,

siéntate en el trono.

Sión, joven prisionera,

quítate ya el yugo del cuello.

3 El Señor dice:

«Ni un centavo recibí

cuando ustedes fueron llevados como esclavos;

pues ni un centavo daré

ahora que yo los rescate.

4 Al principio mi pueblo fue a Egipto

y vivió allí como extranjero;

después Asiria lo oprimió sin motivo.

5 Y ahora, ¿qué es lo que veo?

Sin motivo se han llevado mi pueblo a Babilonia.

Quienes lo dominan, gritan orgullosos

y me ofenden sin cesar.

6 Pero vendrá el día en que mi pueblo reconozca

y sepa que yo, que le he hablado, soy el Señor.»

7 ¡Qué hermoso es ver llegar por las colinas

al que trae buenas noticias,

al que trae noticias de paz,

al que anuncia la liberación

y dice a Sión: «Tu Dios es rey»!

8 ¡Escucha! Tus centinelas levantan la voz

y a una dan gritos de triunfo,

porque ven con sus propios ojos

cómo vuelve el Señor a Sión.

9 ¡Estallen en gritos de triunfo,

ruinas de Jerusalén,

porque el Señor ha tenido compasión de su pueblo,

ha liberado a Jerusalén!

10 El Señor ha mostrado su poder

a la vista de todas las naciones.

Por toda la tierra se sabrá

que nuestro Dios nos ha salvado.

11 ¡Salgan, salgan ya de Babilonia,

no toquen nada impuro,

salgan ya de Babilonia!

¡Consérvense limpios

los que transportan los utensilios del Señor!

12 Pero no tendrán que salir a toda prisa,

no tendrán que salir huyendo,

porque el Señor, el Dios de Israel,

los protegerá por todos lados.

Sufrimientos y triunfo del siervo del Señor

13 Mi siervo tendrá éxito,

será levantado y puesto muy alto.

14 Así como muchos se asombraron de él,

al ver su semblante, tan desfigurado

que había perdido toda apariencia humana,

15 así también muchas naciones se quedarán admiradas;

los reyes, al verlo, no podrán decir palabra,

porque verán y entenderán

algo que nunca habían oído.

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Isaías 53

1 ¿Quién va a creer lo que hemos oído?

¿A quién ha revelado el Señor su poder?

2 El Señor quiso que su siervo

creciera como planta tierna

que hunde sus raíces en la tierra seca.

No tenía belleza ni esplendor,

su aspecto no tenía nada atrayente;

3 los hombres lo despreciaban y lo rechazaban.

Era un hombre lleno de dolor,

acostumbrado al sufrimiento.

Como a alguien que no merece ser visto,

lo despreciamos, no lo tuvimos en cuenta.

4 Y sin embargo él estaba cargado con nuestros sufrimientos,

estaba soportando nuestros propios dolores.

Nosotros pensamos que Dios lo había herido,

que lo había castigado y humillado.

5 Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía,

fue atormentado a causa de nuestras maldades;

el castigo que sufrió nos trajo la paz,

por sus heridas alcanzamos la salud.

6 Todos nosotros nos perdimos como ovejas,

siguiendo cada uno su propio camino,

pero el Señor cargó sobre él la maldad de todos nosotros.

7 Fue maltratado, pero se sometió humildemente,

y ni siquiera abrió la boca;

lo llevaron como cordero al matadero,

y él se quedó callado, sin abrir la boca,

como una oveja cuando la trasquilan.

8 Se lo llevaron injustamente,

y no hubo quien lo defendiera;

nadie se preocupó de su destino.

Lo arrancaron de esta tierra,

le dieron muerte por los pecados de mi pueblo.

9 Lo enterraron al lado de hombres malvados,

lo sepultaron con gente perversa,

aunque nunca cometió ningún crimen

ni hubo engaño en su boca.

10 El Señor quiso oprimirlo con el sufrimiento.

Y puesto que él se entregó en sacrificio por el pecado,

tendrá larga vida

y llegará a ver a sus descendientes;

por medio de él tendrán éxito los planes del Señor.

11 Después de tanta aflicción verá la luz,

y quedará satisfecho al saberlo;

el justo siervo del Señor liberará a muchos,

pues cargará con la maldad de ellos.

12 Por eso Dios le dará un lugar entre los grandes,

y con los poderosos participará del triunfo,

porque se entregó a la muerte

y fue contado entre los malvados,

cuando en realidad cargó con los pecados de muchos

e intercedió por los pecadores.

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Isaías 54

Amor eterno de Dios

1 Da gritos de alegría, mujer estéril y sin hijos;

estalla en cantos de gozo,

tú que nunca has dado a luz,

porque el Señor dice:

«La mujer abandonada tendrá más hijos

que la mujer que tiene esposo.»

2 Agranda tu tienda de campaña,

extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives;

alarga las cuerdas, clava bien las estacas,

3 porque te vas a extender a derecha e izquierda;

tus descendientes conquistarán muchas naciones

y poblarán las ciudades ahora desiertas.

4 No tengas miedo, no quedarás en ridículo;

no te insultarán ni tendrás de qué avergonzarte.

Olvidarás la vergüenza de tu juventud

y no te acordarás más de la deshonra de tu viudez,

5 porque tu creador te tomará por esposa.

Su nombre es Señor todopoderoso;

tu redentor es el Dios Santo de Israel,

el Dios de toda la tierra.

6 Eras como una esposa joven

abandonada y afligida,

pero tu Dios te ha vuelto a llamar y te dice:

7 «Por un corto instante te abandoné,

pero con bondad inmensa te volveré a unir conmigo.

8 En un arranque de enojo, por un momento, me oculté de ti,

pero con amor eterno te tuve compasión.»

Lo dice el Señor, tu redentor.

9 «Así como juré a Noé, cuando el diluvio,

no volver a inundar la tierra,

así juro ahora

no volver a enojarme contigo

ni volver a amenazarte.

10 Aunque las montañas cambien de lugar

y los cerros se vengan abajo,

mi amor por ti no cambiará

ni se vendrá abajo mi alianza de paz.»

Lo dice el Señor, que se compadece de ti.

La nueva Jerusalén

11 «¡Desdichada ciudad, azotada por la tempestad,

sin nadie que te consuele!

Yo pondré tus piedras sobre azabache

y tus cimientos sobre zafiro;

12 de rubíes haré tus torres

y de berilo tus puertas,

y de piedras preciosas todas tus murallas.

13 Yo instruiré a todos tus hijos;

todos ellos tendrán gran bienestar.

14 La justicia te hará fuerte,

quedarás libre de opresión y miedo,

y el terror no volverá a inquietarte.

15 Si alguien te ataca, no será por causa mía,

pero tú vencerás al que te ataque.

16 »Mira, yo he creado al herrero

que aviva el fuego en las brasas

y hace armas para diversos usos;

yo también he creado al hombre destructor

para que cause ruina;

17 pero nadie ha hecho el arma

que pueda destruirte.

Dejarás callado a todo el que te acuse.

Esto es lo que yo doy a los que me sirven: la victoria.»

El Señor es quien lo afirma.

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Isaías 55

Ofrecimiento generoso del Señor

1 «Todos los que tengan sed, vengan a beber agua;

los que no tengan dinero, vengan,

consigan trigo de balde y coman;

consigan vino y leche sin pagar nada.

2 ¿Por qué dar dinero a cambio de lo que no es pan?

¿Por qué dar su salario por algo que no deja satisfecho?

Óiganme bien y comerán buenos alimentos,

comerán cosas deliciosas.

3 Vengan a mí y pongan atención,

escúchenme y vivirán.

Yo haré con ustedes una alianza eterna,

cumpliendo así las promesas que por amor hice a David.

4 Yo lo puse a él como testigo para las naciones,

como jefe e instructor de los pueblos.

5 Tú llamarás a pueblos desconocidos;

pueblos que no te conocían irán corriendo a ti,

porque yo, tu Señor, el Dios Santo de Israel,

te he honrado.

6 »Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo,

llámenlo mientras está cerca.

7 Que el malvado deje su camino,

que el perverso deje sus ideas;

vuélvanse al Señor, y él tendrá compasión de ustedes;

vuélvanse a nuestro Dios, que es generoso para perdonar.

8-9 Porque mis ideas no son como las de ustedes,

y mi manera de actuar no es como la suya.

Así como el cielo está por encima de la tierra,

así también mis ideas y mi manera de actuar

están por encima de las de ustedes.»

El Señor lo afirma.

10 «Así como la lluvia y la nieve bajan del cielo,

y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,

la fecundan y la hacen germinar,

y producen la semilla para sembrar

y el pan para comer,

11 así también la palabra que sale de mis labios

no vuelve a mí sin producir efecto,

sino que hace lo que yo quiero

y cumple la orden que le doy.

12 »Ustedes saldrán de allí con alegría,

volverán a su país con paz.

Al verlos, los montes y las colinas

estallarán en cantos de alegría

y todos los árboles del campo aplaudirán.

13 En vez de zarzas crecerán pinos,

en vez de ortigas crecerán arrayanes;

esto hará glorioso el nombre del Señor;

será una señal eterna, indestructible.»

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Isaías 56

Recompensa de la fidelidad a la alianza

1 El Señor dice:

«Practiquen la justicia,

hagan lo que es recto,

porque pronto voy a llevar a cabo la liberación;

voy a mostrar mi poder salvador.

2 Dichoso el hombre que sigue estos mandatos

y los cumple con fidelidad,

que respeta el sábadoy no lo profana,

que tiene buen cuidado de no hacer nada malo.»

3 Si un extranjerose entrega al Señor,

no debe decir:

«El Señor me tendrá separado de su pueblo.»

Ni tampoco el eunuco debe decir:

«Yo soy un árbol seco.»

4 Porque el Señor dice:

«Si los eunucosrespetan mis sábados,

y si cumplen mi voluntad

y se mantienen firmes en mi alianza,

5 yo les daré algo mejor que hijos e hijas;

les concederé que su nombre quede grabado para siempre

en mi templo, dentro de mis muros;

les daré un nombre eterno,

que nunca será borrado.

6 Y a los extranjeros que se entreguen a mí,

para servirme y amarme,

para ser mis siervos,

si respetan el sábado y no lo profanan

y se mantienen firmes en mi alianza,

7 yo los traeré a mi monte sagrado

y los haré felices en mi casa de oración.

Yo aceptaré en mi altar sus holocaustos y sacrificios,

porque mi casa será declarada

casa de oración para todos los pueblos.

8 Yo haré que vuelvan y se reúnan

los que aún están en el destierro.»

Esto lo afirma el Señor,

que hace que vuelvan a reunirse

los israelitas que estaban dispersos.

Reproches a los malos jefes

9 Vengan, fieras salvajes;

vengan, animales del bosque,

a devorar el rebaño;

10 porque los guardianes de mi puebloestán ciegos,

no se dan cuenta de nada.

Todos ellos son perros mudos, que no pueden ladrar;

se pasan la vida echados y soñando;

les encanta dormir.

11 Son perros hambrientos que nunca se llenan,

son pastores que no entienden nada;

cada uno sigue su propio camino,

solo busca sus propios intereses.

12 Dicen: «Vamos a buscar vino y bebidas fuertes

para emborracharnos.

Y hagamos mañana lo mismo que hoy,

o mucho más aún.»

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Isaías 57

1 Los hombres honrados mueren

y nadie se preocupa;

los hombres buenos desaparecen,

y nadie entiende

que al morir se ven libres de los males

2 y entran en la paz.

Habían seguido un camino recto

y ahora descansan en sus tumbas.

Contra los cultos idolátricos

3 Acérquenseustedes, hijos de hechicera,

nacidos de un adúltero y una prostituta:

4 ¿De quién se burlan ustedes?

¿A quién le hacen gestos de desprecio?

¿A quién le enseñan la lengua?

Ustedes son hijos de pecado, gente mentirosa;

5 debajo de los robles y de todo árbol frondoso

se entregan a actos inmorales,

y sacrifican niñosjunto a los arroyos,

en las grietas de las rocas.

6 «Israel,

tú prefieres dar culto a las piedras lisasdel arroyo,

pues allí tienes un lugar destinado para ti.

A ellas les has derramado ofrendas de vino,

les has ofrecido cereales.

¿Y después de todo esto voy a sentirme contento?

7 En un monte alto y empinadopusiste tu cama,

y allá también has subido a ofrecer sacrificios.

8 Detrás de la puerta de tu casa

pusiste tus ídolosobscenos.

Te olvidaste de mí, te desnudaste

y te acostaste en tu ancha cama;

hiciste tratos con los hombres

con quienes querías acostarte,

y mirabas al ídolo.

9 »Corriste hacia el dios Mélecllevando aceite

y gran cantidad de perfumes;

enviaste mensajeros hasta muy lejos,

los hiciste bajar hasta el reino de la muerte.

10 Te cansaste de tantos viajes,

pero no reconociste que todo era inútil.

Tenías a la mano el sustento,

y por eso no te cansabas.

11 »¿Quiénes son esos dioses que tú temías y honrabas,

para que me fueras infiel

y me olvidaras por completo?

Cuando tú no me honrabas,

yo callaba y disimulaba.

12 Pero voy a denunciar tu conducta,

que tú crees tan perfecta.

13 Cuando grites pidiendo auxilio,

tus ídolos no te ayudarán ni te librarán.

A todos ellos se los llevará el viento;

un soplo los hará desaparecer.

En cambio, el que confía en mí

habitará en el país

y vivirá en mi monte santo.»

Castigo y curación de Israel

14 Entonces se oirá decir:

«Preparen un camino bien llano,

quiten los obstáculos para que pase mi pueblo.»

15 Porque el Altísimo,

el que vive para siempre

y cuyo nombre es santo, dice:

«Yo vivo en un lugar alto y sagrado,

pero también estoy con el humilde y afligido,

y le doy ánimo y aliento.

16 No estaré siempre acusando a mi pueblo,

ni estaré enojado todo el tiempo;

pues haría que los hombres que he creado

perdieran el ánimo ante mí.

17 A causa del pecado de Israel

estuve enojado un tiempo,

y lo castigué y me aparté de él;

pero él se rebeló y se dejó llevar de sus caprichos.

18 He visto su conducta,

pero lo sanaré y le daré descanso

y tranquilidad completa.

Yo consolaré a los tristes,

19 y diré a todos:

“¡Paz a los que están lejos,

y paz a los que están cerca!

¡Yo sanaré a mi pueblo!”

20 Pero los malos son como un mar agitado,

que no puede calmarse

y que arroja entre sus olas lodo y suciedad.

21 Para los malos no hay bienestar.»

Dios lo ha dicho.

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Isaías 58

El verdadero ayuno

1 El Señor me dijo:

«Grita fuertemente, sin miedo,

alza la voz como una trompeta;

reprende a mi pueblo por sus culpas,

al pueblo de Jacob por sus pecados.

2 Diariamente me buscan

y están felices de conocer mis caminos,

como si fueran un pueblo que hace el bien

y que no descuida mis leyes;

me piden leyes justas

y se muestran felices de acercarse a mí,

3 y, sin embargo, dicen:

“¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve?

¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?”

El día de ayunolo dedican ustedes a hacer negocios

y a explotar a sus trabajadores;

4 el día de ayuno lo pasan en disputas y peleas

y dando golpes criminales con los puños.

Un día de ayuno así, no puede lograr

que yo escuche sus oraciones.

5 ¿Creen que el ayuno que me agrada

consiste en afligirse,

en agachar la cabeza como un junco

y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza?

¿Eso es lo que ustedes llaman “ayuno”,

y “día agradable al Señor”?

6 Pues no lo es.

El ayuno que a mí me agrada consiste en esto:

en que rompas las cadenas de la injusticia

y desates los nudos que aprietan el yugo;

en que dejes libres a los oprimidos

y acabes, en fin, con toda tiranía;

7 en que compartas tu pan con el hambriento

y recibas en tu casa al pobre sin techo;

en que vistas al que no tiene ropa

y no dejes de socorrer a tus semejantes.

8 Entonces brillará tu luz como el amanecer

y tus heridas sanarán muy pronto.

Tu rectitud irá delante de ti

y mi gloria te seguirá.

9 Entonces, si me llamas, yo te responderé;

si gritas pidiendo ayuda, yo te diré: “Aquí estoy.”

Si haces desaparecer toda opresión,

si no insultas a otros

ni les levantas calumnias,

10 si te das a ti mismo en servicio del hambriento,

si ayudas al afligido en su necesidad,

tu luz brillará en la oscuridad,

tus sombras se convertirán en luz de mediodía.

11 Yo te guiaré continuamente,

te daré comida abundante en el desierto,

daré fuerza a tu cuerpo

y serás como un jardín bien regado,

como un manantial al que no le falta el agua.

12 Tu pueblo reconstruirá las viejas ruinas

y afianzará los cimientos puestos hace siglos.

Llamarán a tu pueblo:

“reparador de muros caídos”,

“reconstructor de casa en ruinas”.

Sobre el sábado

13 «Respeta el sábado;

no te dediques a tus negocios en mi día santo.

Considera este día como día de alegría,

como día santo del Señor y digno de honor;

hónralo no dedicándote a tus asuntos,

ni buscando tus intereses y haciendo negocios.

14 Si haces esto, encontrarás tu alegría en mí,

y yo te llevaré en triunfo sobre las alturas del país

y te haré gozar de la herencia de tu padre Jacob.»

El Señor mismo lo ha dicho.

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Isaías 59

Culpa y castigo de Israel

1 El poder del Señor no ha disminuido

como para no poder salvar,

ni él se ha vuelto tan sordo

como para no poder oír.

2 Pero las maldades cometidas por ustedes

han levantado una barrera entre ustedes y Dios;

sus pecados han hecho que él se cubra la cara

y que no los quiera oír.

3 Ustedes tienen las manos manchadas de sangre

y los dedos manchados de crímenes;

sus labios dicen mentiras,

su lengua emite maldad.

4 Nadie hace denuncias justas,

ni va a juicio con honradez.

Confían más bien en la mentira

y en palabras falsas;

están preñados de maldad

y dan a luz el crimen.

5 Incuban huevos de víbora

y tejen telarañas;

el que come esos huevos, se muere,

y si uno los aplasta, salen serpientes venenosas.

6 Con esas telarañas no se hacen vestidos;

nadie puede vestirse con lo que ellos tejen.

Sus acciones son todas criminales:

sus manos trabajan para hacer violencia,

7 sus pies les sirven para correr al mal,

para darse prisa a derramar sangre inocente.

Sus pensamientos se dirigen al crimen,

y a su paso solo dejan destrucción y ruina.

8 No conocen el camino de la paz,

no hay rectitud en sus acciones.

Los caminos que siguen son torcidos;

los que andan por ellos no encuentran la paz.

9 Por eso la salvación se ha alejado de nosotros

y la liberación no se nos acerca;

esperábamos la luz, y no hay más que oscuridad;

esperábamos la claridad, y andamos en tinieblas.

10 Andamos a tientas, como ciegos junto a una pared,

como si no tuviéramos ojos;

en pleno mediodía tropezamos como si fuera de noche;

teniendo salud, estamos como muertos.

11 Todos nosotros gruñimos como osos,

gemimos como palomas;

esperamos la salvación, pero no llega;

esperamos la liberación, pero está lejos.

12 Nosotros te hemos ofendido mucho,

y nuestros propios pecados nos acusan;

tenemos presentes nuestras culpas

y conocemos nuestras maldades.

13 Hemos sido rebeldes e infieles al Señor,

no quisimos seguir a nuestro Dios,

hemos hablado de violencia y de traición,

hemos hecho planes para engañar a los demás.

14 La justicia ha sido despreciada,

la rectitud se mantiene a distancia,

la sinceridad tropieza en la plaza pública

y la honradez no puede presentarse.

15 La sinceridad ha desaparecido,

y al que se aparta del mal le roban lo que tiene.

El Señor se ha disgustado

al ver que no hay justicia.

16 El Señor quedó asombrado

al ver que nadie ponía remedio a esto;

entonces actuó con su propio poder,

y él mismo obtuvo la victoria.

17 Se cubrió de triunfo como con una coraza,

se puso la salvación como un casco en la cabeza,

se vistió de venganza como con una túnica

y se envolvió de ira como con un manto.

18 El Señor dará a cada cual su merecido;

castigará a sus enemigos.

A quienes lo odian, les dará lo que se merecen;

aun a los que viven en los países del mar.

19 Todo el mundo, desde oriente hasta occidente,

respetará al Señor, al ver su majestad,

porque él vendrá como un río crecido

movido por un viento poderoso.

20 Vendrá como redentor de Sión

y de todos los descendientes de Jacob

que se arrepientan de sus culpas.

El Señor lo afirma.

21 El Señor dice:

«Yo hago una alianza con ustedes y les prometo

que mi poder y las enseñanzas que les he dado

no se apartarán jamás de ustedes

ni de sus descendientes

por toda la eternidad.»

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Isaías 60

La gloria de la nueva Jerusalén

1 Levántate, Jerusalén, envuelta en resplandor,

porque ha llegado tu luz

y la gloria del Señor brilla sobre ti.

2 La oscuridad cubre la tierra,

la noche envuelve a las naciones,

pero el Señor brillará sobre ti

y sobre ti aparecerá su gloria.

3 Las naciones vendrán hacia tu luz,

los reyes vendrán hacia el resplandor de tu amanecer.

4 Levanta los ojos, y mira a tu alrededor:

todos se reúnen y vienen hacia ti.

Tus hijos vendrán desde lejos;

tus hijas serán traídas en brazos.

5 Tú, al verlos, estarás radiante de alegría,

tu corazón se llenará de gozo;

te traerán los tesoros de los países del mar,

te entregarán las riquezas de las naciones.

6 Te verás cubierta de caravanas de camellos

que vienen de Madián y de Efá;

vendrán todos los de Sabá,

cargados de oro y de incienso,

y proclamarán las acciones gloriosas del Señor.

7 Todos los rebaños de Quedarserán para ti;

los carneros de Nebaiotestarán a tu servicio,

para que los ofrezcas al Señor en su altar

como ofrendas agradables,

y él hará aún más bello su hermoso templo.

8 ¿Quiénes son esos que vuelan como nubes,

que van como palomas a sus palomares?

9 Son barcos que vienen juntos,

con las naves de Tarsis a la cabeza,

trayendo de lejos a tus hijos,

con su oro y su plata,

en honor de tu Señor, el Dios Santo de Israel,

quien te hizo gloriosa.

10 Gente extranjera reconstruirá tus murallas,

y sus reyes te servirán;

pues aunque en su ira el Señor te castigó,

ahora en su bondad te ha tenido compasión.

11 Tus puertas estarán siempre abiertas;

no se cerrarán de día ni de noche,

para que puedan traerte las riquezas de las naciones

y entren los reyes con su comitiva.

12 El país que no te sirva, perecerá;

naciones enteras serán destruidas.

13 El Señor dice a Jerusalén:

«Las riquezas del Líbanovendrán a ti:

pinos, abetos y cipreses,

para embellecer mi templo,

para dar gloria al lugar donde pongo mis pies.

14 Los hijos de los que te oprimieron

vendrán a humillarse delante de ti,

y todos los que te despreciaban

se arrodillarán a tus pies

y te llamarán “Ciudad del Señor”,

“Sión del Dios Santo de Israel”.

15 Ya no estarás abandonada,

odiada y sola,

sino que yo te haré gloriosa eternamente,

motivo de alegría para siempre.

16 Las naciones te darán sus mejores alimentos

y los reyes te traerán sus riquezas;

y reconocerás que yo, el Señor, soy tu salvador,

que yo, el Poderoso de Jacob,soy tu redentor.

17 »En vez de bronce te daré oro,

en vez de hierro, plata,

en vez de madera, bronce,

y en vez de piedras, hierro.

Haré que la paz te gobierne

y que la rectitud te dirija.

18 En tu tierra no se volverá a oír

el ruido de la violencia,

ni volverá a haber destrucción y ruina en tu territorio,

sino que llamarás a tus murallas “Salvación”

y a tus puertas “Alabanza”.

19 »Ya no necesitarás que el sol te alumbre de día,

ni que la luna te alumbre de noche,

porque yo, el Señor, seré tu luz eterna;

yo, tu Dios, seré tu esplendor.

20 Tu sol no se ocultará jamás

ni tu luna perderá su luz,

porque yo, el Señor, seré tu luz eterna;

tus días de luto se acabarán.

21 »Todos los de tu pueblo serán gente honrada,

serán dueños de su país por siempre,

retoños de una planta que yo mismo he plantado,

obra que he hecho con mis manos

para mostrar mi gloria.

22 Este puñado tan pequeño se multiplicará por mil;

este pequeño número será una gran nación.

Yo soy el Señor,

yo haré que se realice pronto,

a su debido tiempo.»