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Isaías 41

Dios promete la liberación a Israel

1 «Callen ante mí, países del mar.

Naciones, ármense de todo su valor.

Vengan, para que hablemos de este asunto;

vamos a reunirnos para discutirlo.

2 ¿Quién fue el que hizo aparecer en el oriente

a ese reyque siempre sale victorioso?

¿Quién le entrega las naciones

y hace que los reyes se le humillen,

para que con su espada y su arco

los triture y los disperse como a paja?

3 ¿Quién hace que los persiga y que avance tranquilo

como si no tocara el camino con los pies?

4 ¿Quién ha realizado esta obra?

¿Quién, desde el principio,

ha ordenado el curso de la historia?

Yo, el Señor, el único Dios,

el primero y el último.

5 Los países del mar lo vieron

y se llenaron de miedo;

la tierra tembló de un extremo a otro.

Ya se acercan, ya vienen.»

6 Cada artesano ayuda

y anima a su compañero.

7 El escultor anima al joyero;

el que martilla anima al que golpea el yunque,

y dice si la soldadura es buena,

y luego asegura la estatua con clavos

para que no se tambalee.

8 «Escucha, Israel, pueblo de Jacob,

mi siervo, a quien yo he elegido,

pueblo descendiente de mi amigo Abraham:

9 Yo te saqué del extremo de la tierra,

te llamé desde el rincón más alejado

y te dije: “Tú eres mi siervo.”

Yo te elegí y no te he rechazado.

10 No tengas miedo, pues yo estoy contigo;

no temas,pues yo soy tu Dios.

Yo te doy fuerzas, yo te ayudo,

yo te sostengo con mi mano victoriosa.

11 Todos los que te odian

quedarán avergonzados y humillados;

los que luchan contra ti

quedarán completamente exterminados.

12 Buscarás a tus enemigos

y no los encontrarás;

los que te hacen la guerra

serán como si no existieran.

13 Porque yo, el Señor tu Dios,

te he tomado de la mano;

yo te he dicho: “No tengas miedo, yo te ayudo.”»

14 El Señor afirma:

«Israel, pueblo de Jacob,

por pequeño y débil que seas,

no tengas miedo; yo te ayudo.

Yo, el Dios Santo de Israel, soy tu redentor.

15 Haré de ti un instrumento de trillar,

nuevo y con buenos dientes;

trillarás los montes, los harás polvo,

convertirás en paja las colinas.

16 Los aventarás y el viento se los llevará;

el huracán los desparramará.

Entonces tú te alegrarás en el Señor,

estarás orgulloso del Dios Santo de Israel.

17 »La gente pobre y sin recursos busca agua

y no la encuentra.

Tienen la lengua reseca por la sed;

pero yo, el Señor, los atenderé,

yo, el Dios de Israel, no los abandonaré.

18 Haré brotar ríos en los cerros desiertos

y manantiales en medio de los valles;

convertiré el desierto en ciénagas,

haré brotar arroyos en la tierra seca.

19 En el desierto plantaré cedros,

acacias, arrayanes y olivos;

en la tierra seca haré crecer pinos

juntamente con abetos y cipreses,

20 para que todo el mundo vea y sepa,

y ponga atención y entienda

que yo, el Señor, he hecho esto con mi poder,

que yo, el Dios Santo de Israel, lo he creado.»

Dios desafía a los falsos dioses

21 El Señor, el rey de Jacob, dice:

«Vengan, ídolos, a presentar su defensa,

vengan a defender su causa.

22 Vengan a anunciarnos el futuro

y a explicarnos el pasado,

y pondremos atención;

anúnciennos las cosas por venir,

para ver en qué terminan;

23 dígannos qué va a suceder después,

demuéstrennos que en verdad son dioses.

Hagan lo que puedan, bueno o malo,

algo que nos llene de miedo y de terror.

24 ¡Pero ustedes no son nada

ni pueden hacer nada!

Despreciable es aquel que los escoge a ustedes.

25 »Hice aparecer un hombre en el oriente;

lo he llamado por su nombre,

y llega por el norte.

Pisotea a los gobernantes como si fueran barro;

como el alfarero, que amasa el barro con sus pies.

26 ¿Quién anunció esto desde el comienzo,

para que lo supiéramos?

¿Quién lo predijo desde antes,

para que admitiéramos que tiene la razón?

Ninguno de ustedes lo anunció,

nadie les oyó decir una palabra.

27 Yo fui quien lo anuncióa Sión desde el principio,

y quien envió a Jerusalén un mensajero

para decirle que su gente pronto volvería.

28 Miro, y ninguno de los otros dioses aparece;

nadie que pueda dar consejo,

nadie que responda a mis preguntas.

29 ¡Ninguno de ellos es nada!

Nada pueden hacer;

no son más que ídolos vacíos.

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Isaías 42

El siervo del Señor

1 »Aquí está mi siervo,a quien sostengo,

mi elegido, en quien me deleito.

He puesto en él mi espíritu

para que traiga la justicia a todas las naciones.

2 No gritará, no levantará la voz,

no hará oír su voz en las calles,

3 no acabará de romper la caña quebrada

ni apagará la mecha que arde débilmente.

Verdaderamente traerá la justicia.

4 No descansará ni su ánimo se quebrará,

hasta que establezca la justicia en la tierra.

Los países del mar estarán atentos a sus enseñanzas.»

5 Dios, el Señor, que creó el cielo y lo extendió,

que formó la tierra y lo que crece en ella,

que da vida y aliento a los hombres que la habitan,

dice a su siervo:

6 «Yo, el Señor, te llamé

y te tomé por la mano,

para que seas instrumento de salvación;

yo te formé, pues quiero que seas

señal de mi alianza con el pueblo,

luz de las naciones.

7 Quiero que des vista a los ciegos

y saques a los presos de la cárcel,

del calabozo donde viven en la oscuridad.

8 Yo soy el Señor, ese es mi nombre,

y no permitiré que den mi gloria a ningún otro

ni que honren a los ídolos en vez de a mí.

9 Miren cómo se cumplió todo lo que antes anuncié,

y ahora voy a anunciar cosas nuevas;

se las hago saber a ustedes antes que aparezcan.»

Himno de alabanza por la acción salvadora de Dios

10 Canten al Señor un canto nuevo;

desde lo más lejano de la tierra alábenle

quienes navegan por el mar

y los animales que viven en él,

los países del mar y sus habitantes.

11 Que se alegren el desierto y sus ciudades

y los campamentos de la tribu de Quedar.

Que canten de gozo los habitantes de Selá;

que alcen la voz desde las cumbres de los montes.

12 Que den gloria al Señor

y proclamen su alabanza en los países del mar.

13 El Señor saldrá como un héroe

y luchará con ardor como un guerrero;

alzará la voz, dará el grito de batalla

y derrotará a sus enemigos.

14 El Señor dice:

«Por mucho tiempo me quedé callado,

guardé silencio y me contuve;

pero ahora voy a gritar como mujer de parto,

gimiendo y suspirando.

15 Voy a destruir montañas y colinas,

y a dejar seca toda su vegetación;

voy a convertir los ríos en desiertos

y a dejar secas las lagunas.

16 Llevaré a los ciegos por caminos

y senderos que no conocían.

Convertiré la oscuridad en luz delante de ellos,

y en terreno llano los lugares quebrados.

Estas cosas las haré sin falta.

17 Los que confían en un ídolo,

los que a unas estatuas dicen:

“Ustedes son nuestros dioses”,

se alejarán avergonzados.

Ceguera de Israel

18 »Sordos, escuchen;

ciegos, fíjense y vean.

19 Nadie hay tan ciego ni tan sordo

como mi siervo, mi enviado,

nadie tan ciego ni tan sordo

como mi mensajero, el siervo del Señor.

20 Ha visto muchas cosas, pero no se fija en ellas;

puede oír, pero no escucha nada.

21 El Señor, por ser un Dios que salva,

quiso hacer grande y gloriosa su enseñanza;

22 pero a este pueblo lo roban y saquean,

a todos los han hecho caer presos,

los han encerrado en calabozos;

se apoderan de ellos, y no hay quien los libre;

los secuestran, y no hay quien los rescate.»

23 ¿Pero quién de ustedes hace caso de esto?

¿Quién está dispuesto a escuchar lo que va a suceder?

24 ¿Quién permitió que Israel, el pueblo de Jacob,

fuera conquistado y secuestrado?

¿No es verdad que fue el Señor?

Ellos pecaron contra él,

no quisieron seguir por el camino

que él les había señalado,

ni obedecieron su enseñanza.

25 Por eso se enojó con ellos y los castigó

con una guerra violenta que los hizo arder en llamas;

mas ni aun así quisieron entender.

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Isaías 43

El Señor es el único Salvador

1 Pero ahora, Israel, pueblo de Jacob,

el Señor que te creó te dice:

«No temas, que yo te he libertado;

yo te llamé por tu nombre, tú eres mío.

2 Si tienes que pasar por el agua, yo estaré contigo,

si tienes que cruzar ríos, no te ahogarás;

si tienes que pasar por el fuego, no te quemarás,

las llamas no arderán en ti.

3 Pues yo soy tu Señor, tu salvador,

el Dios Santo de Israel.

Yo te he adquirido;

he dado como precio de rescate

a Egipto, a Etiopía y a Sabá,

4 porque te aprecio,

eres de gran valor y yo te amo.

Para tenerte a ti y para salvar tu vida

entrego hombres y naciones.

5 No tengas miedo, pues yo estoy contigo.

Desde oriente y occidente

haré volver a tu gente para reunirla.

6 Diré al norte: “Devuélvelos”,

y al sur: “No te quedes con ellos.

Trae a mis hijos y mis hijas

desde lejos, desde el extremo del mundo,

7 a todos los que llevan mi nombre,

a los que yo creé y formé,

a los que hice para gloria mía.”

8 »Hagan venir a mi pueblo,

que tiene ojos pero está ciego,

y tiene oídos pero está sordo.

9 Reúnanse todos los pueblos,

júntense las naciones.

¿Quién entre ellas había predicho esto,

o había anunciado los sucesos pasados?

Que presenten testigosy prueben tener razón,

para que se oiga y se diga que es la verdad.»

10 El Señor afirma:

«Ustedes son mis testigos,

mis siervos,que yo elegí

para que me conozcan y confíen en mí

y entiendan quién soy.

Antes de mí no ha existido ningún dios,

ni habrá ninguno después de mí.

11 Solo yo soy el Señor;

fuera de mí nadie puede salvar.»

12 El Señor afirma:

«Yo lo anuncié y lo proclamé: yo los he salvado;

no lo hizo un dios extraño,

y ustedes son mis testigos.

13 Desde siempre, yo soy Dios.

Nadie puede librar de mi poder.

Nadie puede deshacer lo que yo hago.»

14 El Señor, el Dios Santo de Israel,

el que les dio la libertad, dice:

«Para salvarlos a ustedes mandaré gente a Babilonia

y haré abrir todas las puertas,

y la alegría de los caldeos se convertirá en dolor.

15 Yo soy el Señor, el creador de Israel,

el Dios Santo y rey de ustedes.»

16 El Señor abrió un camino a través del mar,

un sendero por entre las aguas impetuosas;

17 hizo salir todo un poderoso ejército,

con sus carros y caballos, para destruirlo.

Quedaron derribados y no pudieron levantarse;

se acabaron como mecha que se apaga.

18 Ahora dice el Señor a su pueblo:

«Ya no recuerdes el ayer,

no pienses más en cosas del pasado.

19 Yo voy a hacer algo nuevo,

y verás que ahora mismo va a aparecer.

Voy a abrir un camino en el desierto

y ríos en la tierra estéril.

20 Me honrarán los animales salvajes,

los chacales y los avestruces,

porque hago brotar agua en el desierto,

ríos en la tierra estéril,

para dar de beber a mi pueblo elegido,

21 el pueblo que he formado

para que proclame mi alabanza.

22 »Pero tú, Israel, pueblo de Jacob,

no me invocaste, sino que te cansaste de mí.

23 No me ofreciste holocaustos de ovejas

ni me honraste con sacrificios.

Yo no te cansé pidiéndote ofrendas,

ni te molesté exigiéndote incienso.

24 No has tenido que comprar caña aromática

para traérmela como ofrenda,

ni has tenido que complacerme

con la grasa de animales sacrificados.

Por el contrario, me cansaste con tus pecados;

me molestaste con tus maldades.

25 »Pero yo, por ser tu Dios, borro tus crímenes

y no me acordaré más de tus pecados.

26 Si tienes algo contra mí, sometámoslo a juicio.

Trae tus argumentos, a ver si sales inocente.

27 Tu primer antepasado pecó,

tus maestros se rebelaron contra mí,

28 tus gobernantes profanaron mi templo;

por eso dejé que Israel, el pueblo de Jacob,

fuera destruido e insultado.

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Isaías 44

Fidelidad del Señor, único Dios

1 »Escúchame ahora, Israel, pueblo de Jacob,

mi siervo, mi elegido.

2 Yo soy el Señor, tu creador,

que te formó desde antes de nacery que te ayuda.

No temas, Jesurún,pueblo de Jacob,

mi siervo, mi elegido,

3 porque voy a hacer que corra agua en el desierto,

arroyos en la tierra seca.

Yo daré nueva vida a tus descendientes,

les enviaré mi bendición.

4 Y crecerán como hierba bien regada,

como álamos a la orilla de los ríos.

5 Uno dirá: “Yo soy del Señor”,

otro se llamará descendiente de Jacob,

y otro se grabará en la mano: “Propiedad del Señor”,

y añadirá el nombre de Israel al suyo propio.»

6 El Señor, el rey y redentor de Israel,

el Señor todopoderoso, dice:

«Yo soy el primero y el último;

fuera de mí no hay otro dios.

7 ¿Quién hay igual a mí?

Que hable y me lo explique.

¿Quién ha anunciado desde el principio el futuro,

y dice lo que está por suceder?

8 Pero, ¡ánimo, no tengan miedo!

Yo así lo dije y lo anuncié desde hace mucho,

y ustedes son mis testigos.

¿Hay acaso otro dios fuera de mí?

No hay otro refugio; no conozco ninguno.»

Contra la idolatría

9 Ninguno de los que hacen ídolos vale nada, y para nada sirven los ídolos que ellos tanto estiman. Los que les dan culto son ciegos y estúpidos, y por eso quedarán en ridículo.

10 El que funde una estatua para adorarla como si ella fuera un dios, pierde su tiempo.

11 Todos los que la adoren quedarán en ridículo. Los que fabrican ídolos son simples hombres. Si todos juntos se presentaran a juicio, quedarían humillados y llenos de terror.

12 Veamos qué hace el herrero: toma su cincel y, después de calentar el metal entre las brasas, le da forma a golpes de martillo. Lo trabaja con su fuerte brazo. Pero si el herrero no come, se le acaba la fuerza, y si no bebe agua, se cansa.

13 O veamos al escultor: toma las medidas con su regla, traza el dibujo con lápiz y compás y luego lo trabaja con escoplo; así hace una estatua dándole la figura de una persona e imitando la belleza humana, y luego la instala en un templo.

14 O también, alguien planta cedros y la lluvia los hace crecer; después tendrá cedros para cortar. O si prefiere cipreses o robles, los cuida en el bosque hasta que están bien gruesos.

15 Luego la gente los usa para hacer fuego; se llevan unos pedazos para calentarse con ellos; se llevan otros para cocer pan; y otros pedazos los usan para hacer la estatua de un dios, y se inclinan ante ella para adorarla.

16 O también: la mitad de la madera la pone uno a arder en el fuego, asa carne, se come el asado y queda satisfecho. También se calienta con ella, y dice: «¡Qué bien se está junto al fuego; ya estoy entrando en calor!»

17 Y de la madera sobrante hace la estatua de un dios, se inclina ante ella para adorarla, y suplicante le dice: «¡Sálvame, porque tú eres mi dios!»

18 Esa gente no sabe, no entiende; tienen los ojos tan ciegos que no pueden ver, y el entendimiento tan cerrado que no pueden comprender.

19 No se ponen a pensar, les falta entendimiento para comprender y decir: «La mitad de la madera la puse a arder y en las brasas cocí pan, asé carne y me la comí; del resto hice esta cosa detestable, ¡y lo que estoy adorando es un pedazo de palo!»

20 Verdaderamente, es como comer ceniza. Es dejarse engañar por ideas falsas. Esas personas no podrán salvarse. No serán capaces de entender que lo que tienen en sus manos es pura mentira.

El Señor perdona y salva a Israel

21 «Israel, pueblo de Jacob,

recuerda que tú eres mi siervo;

tú eres mi siervo, pues yo te formé.

Israel, no te olvides de mí.

22 Yo he hecho desaparecer tus faltas y pecados,

como desaparecen las nubes.

Vuélvete a mí, pues yo te he libertado.»

23 ¡Cielo, grita de alegría por lo que el Señor ha hecho!

¡Lancen vivas, abismos de la tierra!

¡Montañas y bosques con todos sus árboles,

griten llenos de alegría,

porque el Señor ha mostrado su gloria

libertando a Israel, el pueblo de Jacob!

24 Esto dice el Señor, tu redentor,

el que te formó desde antes que nacieras:

«Yo soy el Señor, creador de todas las cosas,

yo extendí el cielo y afirmé la tierra

sin que nadie me ayudara.

25 Yo no dejo que se cumplan

las predicciones de los falsos profetas;

yo hago que los adivinos pierdan la razón.

Yo hago que los sabios se contradigan

y que sus conocimientos resulten pura tontería.

26 Pero hago que se cumplan las palabras de mis siervos

y que salgan bien los planes de mis enviados.

Yo declaro que Jerusalén volverá a ser habitada

y que las ciudades de Judá serán reconstruidas.

Yo haré que se levanten de sus ruinas.

27 Yo puedo ordenar que se seque el océano

y que sus ríos se queden sin agua.

28 Yo le digo a Ciro:“Tú eres mi pastor,

tú harás todo lo que yo quiero”;

y le digo a Jerusalén: “Tú serás reconstruida”;

y al templo: “Se pondrán tus cimientos.”»

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Isaías 45

El Señor confía una misión a Ciro

1 El Señor consagróa Cirocomo rey,

lo tomó de la mano

para que dominara las naciones

y desarmara a los reyes.

El Señor hace que delante de Ciro

se abran las puertas de las ciudades

sin que nadie pueda cerrárselas.

Y ahora le dice:

2 «Yo iré delante de ti,

derribaré las alturas,

romperé las puertas de bronce

y haré pedazos las barras de hierro.

3 Yo te entregaré tesoros escondidos,

riquezas guardadas en lugares secretos,

para que sepas que yo soy el Señor,

el Dios de Israel, que te llama por tu nombre.

4 Por consideración a mi siervo Jacob,

al pueblo de Israel, que he elegido,

te he llamado por tu nombre

y te he dado el título de honor que tienes,

sin que tú me conocieras.

5 Yo soy el Señor, no hay otro;

fuera de mí no hay Dios.

Yo te he preparado para la lucha

sin que tú me conocieras,

6 para que sepan todos, de oriente a occidente,

que fuera de mí no hay ningún otro.

Yo soy el Señor, no hay otro.

7 Yo creo la luz y la oscuridad,

produzco el bienestar y la desgracia.

Yo, el Señor, hago todas estas cosas.

El poder soberano de Dios

8 »Yo enviaré de lo alto mi victoria,

como rocío del cielo y lluvia de las nubes,

y la tierra la recibirá;

como fruto producirá la salvación

y a su lado florecerá la justicia.»

9 Una vasija de barro, igual a otra cualquiera,

no se pone a discutir con quien la hizo.

El barro no dice al que lo trabaja:

«¿Qué estás haciendo?»,

ni el objeto hecho por él le dice:

«Tú no sabes trabajar.»

10 Tampoco puede un hijo reprochar a sus padres

el haberlo traído a este mundo.

11 El Señor, el Dios Santo de Israel,

quien lo formó, dice:

«¿Van acaso ustedes a pedirme cuentas de mis hijos,

o a darme lecciones de cómo hacer mis cosas?

12 Yo creé la tierra y sus habitantes,

extendí el cielo con mis manos

y mandé que aparecieran todos los astros.

13 Yo hice aparecer a Ciro para que triunfe,

y voy a hacerle fáciles todos los caminos;

él reconstruirá mi ciudad

y dejará en libertad a mis desterrados,

sin exigir pago ni compensación.»

El Señor todopoderoso ha hablado.

14 El Señor dice a Israel:

«Los campesinos de Egipto,

los comerciantes de Etiopía,

y la gente de Sabá, de alta estatura,

se rendirán a ti y serán esclavos tuyos;

irán encadenados detrás de ti,

se arrodillarán delante de ti y te suplicarán:

“Ciertamente que Dios está entre ustedes,

y no hay más, no hay otro dios.”»

15 Sin embargo, tú eres un Dios invisible,

Dios salvador de Israel.

16 Todos los que hacen ídolos

quedarán avergonzados, humillados y en ridículo.

17 Pero a Israel lo salvó el Señor,

lo salvó para siempre,

y jamás quedará avergonzado ni humillado.

18 El creador del cielo,

el que es Dios y Señor,

el que hizo la tierra y la formó,

el que la afirmó,

el que la creó, no para que estuviera vacía

sino para que tuviera habitantes, dice:

«Yo soy el Señor, y no hay otro.

19 Yo no hablo en secreto ni en lugares oscuros de la tierra.

Yo no digo a los descendientes de Jacob:

“Búsquenme donde no hay nada.”

Yo, el Señor, hablo la verdad,

digo lo que es justo.

El Señor se enfrenta a los ídolos

20 »Reúnanse y vengan,

acérquense todos los sobrevivientes de los pueblos.

Son unos ignorantes quienes llevan en procesión

sus ídolos de madera

y se ponen a orar a un dios

que no puede salvarlos.

21 Hablen y presenten sus pruebas,

consúltense, si quieren, unos con otros:

¿Quién predijo estas cosas desde el principio?

¿Quién las anunció desde hace tiempo?

¿No fui acaso yo, el Señor?

Y no hay Dios fuera de mí.

Fuera de mí no hay Dios victorioso y salvador.

22 »Vengan a mí, que yo los salvaré,

pueblos del extremo de la tierra,

pues yo soy Dios, y no hay otro.

23 Yo lo juré por mí mismo,

hice una promesa de triunfo,

y esa promesa se cumplirá:

que ante mí todos doblarán la rodilla,

y por mí jurarán todos

24 y dirán: “Solamente en el Señor

están la victoria y el poder.”

Todos los que me odian

quedarán en ridículo.

25 Gracias a mí, todo el pueblo de Israel

saldrá triunfante y estará orgulloso de mí.»

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Isaías 46

1 El dios Belse dobla,

y el dios Nebocae al suelo.

Los ídolos son cargados sobre bestias,

y son pesada carga para animales cansados.

2 Los dioses se doblan y caen al suelo

sin poder salvarse,

y ellos mismos van al destierro.

3 «Óiganme, descendientes de Jacob,

todos los que quedan del pueblo de Israel:

Yo he cargado con ustedesdesde antes que nacieran;

yo los he llevado en brazos,

4 y seguiré siendo el mismo cuando sean viejos;

cuando tengan canas, todavía los sostendré.

Yo los hice, y seguiré cargando con ustedes;

yo los sostendré y los salvaré.

5 »¿Con quién pueden ustedes compararme?

¿A quién piensan que puedo parecerme?

6 Hay quienes sacan mucho oro de sus bolsas,

y pesan plata en la balanza;

luego contratan a un artesano que les haga un dios

para inclinarse ante él y adorarlo.

7 Lo cargan sobre los hombros y se lo llevan;

lo colocan sobre un soporte

y ahí se queda, sin moverse de su sitio.

Por más que gritan pidiéndole ayuda, no les responde

ni puede salvarlos de sus angustias.

8 »Recuerden esto, pecadores,

no se hagan ilusiones, piénsenlo bien;

9 recuerden lo que ha pasado desde tiempos antiguos.

Yo soy Dios, y no hay otro;

soy Dios, y no hay nadie igual a mí.

10 Yo anuncio el fin desde el principio;

anuncio el futuro desde mucho antes.

Yo digo: Mis planes se realizarán;

yo haré todo lo que me propongo.

11 He llamado a un hombre del oriente,

que vendrá de lejos como un ave de rapiña

y llevará a cabo mis planes.

Lo he dicho y así lo haré,

he hecho mi plan y lo cumpliré.

12 Escúchenme, gente obstinada,

que piensan que la liberación está muy lejos:

13 Yo hago que se acerque mi acción liberadora;

mi salvación no se demora, no está lejos.

Yo daré a Sión la salvación,

yo daré a Israel mi honor.

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Isaías 47

Caída de Babilonia

1 »Baja, joven Babilonia, todavía sin marido,

y siéntate en el polvo;

baja de tu trono, joven Caldea,

y siéntate en el suelo,

porque ya no volverán a llamarte

tierna y delicada.

2 Toma la piedra de moler

y muele la harina,

quítate el velo,

recógete las faldas,

desnúdate las piernas,

pasa a pie los ríos;

3 que se te vea el cuerpo desnudo,

sí, que quede tu sexo al descubierto.

Voy a vengarme,

y nadie podrá impedirlo con sus ruegos.»

4 Nuestro redentor,

el Dios Santo de Israel,

cuyo nombre es Señor todopoderoso, dice:

5 «Siéntate en silencio,

joven Caldea,

métete en la oscuridad,

porque ya no volverán a llamarte

“reina de las naciones”.

6 Cuando estuve enojado con mi pueblo,

entregué mi propia nación a la deshonra

y los dejé caer en tu poder.

Tú no tuviste compasión de ellos,

y pusiste sobre los ancianos tu pesado yugo.

7 Dijiste: “Seré reina siempre”;

no reflexionaste sobre estas cosas

ni pensaste cómo habrían de terminar.

8 Por eso, escucha ahora esto,

mujer amante del lujo, que estás tranquila en tu trono,

que piensas en tu interior:

“Yo y nadie más que yo;

yo no seré viuda

ni me quedaré sin hijos.”

9 De repente, en un mismo día,

te vendrán ambas desgracias:

quedarás viuda y sin hijos, a pesar de tus muchas brujerías

y de tus incontables magias.

10 Tú te sentías segura en tu maldad,

y pensaste: “Nadie me ve.”

Tu sabiduría y tus conocimientos te engañaron.

Pensaste en tu interior:

“Yo y nadie más que yo.”

11 Pero va a venir la desgracia sobre ti,

y no podrás impedirlo con tu magia;

caerá sobre ti un desastre

que no podrás evitar;

una calamidad que no esperabas

vendrá de repente sobre ti.

12 Sigue con tus hechicerías

y con las muchas brujerías

que has practicado desde tu juventud,

a ver si te sirven de algo,

a ver si logras que la gente te tenga miedo.

13 Has tenido consejeros en abundancia, hasta cansarte.

¡Pues que se presenten tus astrólogos,

los que adivinan mirando las estrellas,

los que te anuncian el futuro mes por mes,

y que traten de salvarte!

14 Pero, mira, son iguales a la paja:

el fuego los devora,

no pueden salvarse de las llamas.

Porque no es un fuego de brasas,

para sentarse frente a él y calentarse.

15 En eso pararon tus hechiceros,

con los que tanto trato has tenido toda tu vida.

Cada uno por su lado siguió su falso camino

y no hay nadie que te salve.

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Isaías 48

El Señor anuncia cosas nuevas

1 »Escucha esto, familia de Jacob,

que llevas el nombre de Israel

y eres descendiente de Judá;

que juras por el nombre del Señor;

que invocas al Dios de Israel,

aunque sin honradez ni rectitud;

2 que dices ser de la ciudad santa

y apoyarte en el Dios de Israel,

cuyo nombre es Señor todopoderoso:

3 Desde el principio te anuncié las cosas del pasado;

yo mismo las di a conocer.

De pronto actué, y se hicieron realidad.

4 Como yo sabía que eres tan terca,

que eres dura como el hierro

e inflexible como el bronce,

5 te lo anuncié desde hace mucho,

te lo comuniqué antes de que sucediera.

Así no podrías decir: “Fue mi ídolo el que lo hizo,

la estatua que hice fue quien lo dispuso.”

6 Tú has oído todo esto; fíjate en ello,

y tendrás que admitir que es cierto.

Ahora te voy a anunciar cosas nuevas,

cosas secretas que no conocías,

7 cosas creadas ahora, no en tiempos antiguos,

de las que no habías oído hablar hasta hoy.

Así no podrás decir: “Ya lo sabía.”

8 Tú no habías oído hablar de ellas,

ni las conocías,

porque siempre has tenido los oídos sordos.

Yo sabía que eres infiel,

que te llaman rebelde desde que naciste.

9 »Pero tuve paciencia por respeto a mí mismo,

por mi honor me contuve y no te destruí.

10 Yo te purifiqué, pero no como se hace con la plata,

sino que te probé en el horno del sufrimiento.

11 Por mi honor, por mi honor lo he hecho,

pues mi nombre no puede ser profanado.

No permitiré que den mi gloria a ningún otro.

El Señor salvará a su pueblo

12 »Óyeme, Israel, pueblo de Jacob,

a quien he llamado:

Yo soy el único Dios,

yo soy el primero y el último.

13 Con mi mano afirmé la tierra,

con mi mano extendí el cielo;

en cuanto pronuncié su nombre, empezaron a existir.

14 Reúnanse todos ustedes y escuchen:

¿Quién de ustedes anunció esto que va a suceder:

que el hombre a quien he escogido

hará lo que he pensado hacer con Babilonia

y con la razade los caldeos?

15 Yo fui quien lo dijo, yo lo llamé,

yo lo hice venir,

y por donde vaya tendrá éxito.

16 Acérquense a mí y escuchen esto:

Desde el principio, yo nunca hablé en secreto;

y cuando todo esto sucedía, yo estaba presente.

Y ahora yo, el Señor, le he dado mi poder

y lo he enviado.»

17 Así dice el Señor, tu redentor,

el Dios Santo de Israel:

«Yo soy el Señor tu Dios;

yo te enseño lo que es para tu bien,

yo te guío por el camino que debes seguir.

18 ¡Ojalá hubieras hecho caso de mis órdenes!

Tu bienestar iría creciendo como un río,

tu prosperidad sería como las olas del mar,

19 tus descendientes serían numerosos,

incontables como la arena del mar;

yo nunca los hubiera destruido,

ni los hubiera apartado de mi vista.»

20 Salgan de Babilonia,huyan de los caldeos.

Anuncien esta noticia con gritos de alegría,

y denla a conocer hasta el extremo de la tierra.

Digan: «¡El Señor ha libertado

a Jacob su siervo!»

21 Aunque los hizo pasar por lugares desiertos,

no tuvieron sed;

él partió la roca

e hizo brotar torrentes de agua.

22 Para los malos, en cambio, no hay bienestar.

El Señor lo ha dicho.

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Isaías 49

El siervo del Señor, luz de las naciones

1 Óiganme, países del mar,

préstenme atención, naciones lejanas:

El Señor me llamó desde antes de que yo naciera;

pronunció mi nombre

cuando aún estaba yo en el seno de mi madre.

2 Convirtió mi lengua en espada afilada,

me escondió bajo el amparo de su mano,

me convirtió en una flecha aguda

y me guardó en su aljaba.

3 Me dijo: «Israel,tú eres mi siervo,

en ti me mostraré glorioso.»

4 Y yo que había pensado: «He pasado trabajos en vano,

he gastado mis fuerzas sin objeto, para nada.»

En realidad mi causa está en manos del Señor,

mi recompensa está en poder de mi Dios.

5 He recibido honor delante del Señor mi Dios,

pues él ha sido mi fuerza.

El Señor, que me formó desde el seno de mi madre

para que fuera su siervo,

para hacer que Israel, el pueblo de Jacob,

se vuelva y se una a él,

6 dice así:

«No basta que seas mi siervo

solo para restablecer las tribus de Jacob

y hacer volver a los sobrevivientes de Israel;

yo haré que seas la luz de las naciones,

para que lleves mi salvación

hasta las partes más lejanas de la tierra.»

7 El Señor, el redentor,

el Dios Santo de Israel,

dice al pueblo que ha sido totalmente despreciado,

al que los otros pueblos aborrecen,

al que ha sido esclavo de los tiranos:

«Cuando los reyes y los príncipes te vean,

se levantarán y se inclinarán delante de ti

porque yo, el Señor, el Dios Santo de Israel,

te elegí y cumplo mis promesas.»

Anuncio de la reconstrucción de Jerusalén

8 El Señor dice:

«Vino el momento de mostrar mi bondad, y te respondí;

llegó el día de la salvación, y te ayudé.

Yo te protegí

para establecer por ti mi alianza con el pueblo,

para reconstruir el país,

para hacer que tomen posesión de las tierras arrasadas,

9 para decir a los presos: “Queden libres”,

y a los que están en la oscuridad: “Déjense ver.”

Junto a todos los caminos encontrarán pastos,

y en cualquier monte desierto

tendrán alimento para su ganado.

10 «No tendrán hambre ni sed,

ni los molestará el sol ni el calor,

porque yo los amo y los guío,

y los llevaré a manantiales de agua.

11 Abriré un camino a través de las montañas

y haré que se allanen los senderos.»

12 ¡Miren! Vienen de muy lejos:

unos del norte, otros de occidente,

otros de la región de Asuán.

13 ¡Cielo, grita de alegría!

¡Tierra, llénate de gozo!

¡Montañas, lancen gritos de felicidad!

Porque el Señor ha consolado a su pueblo,

ha tenido compasión de él en su aflicción.

14 «Sión decía:

“El Señor me abandonó,

mi Dios se olvidó de mí.”

15 Pero ¿acaso una madre olvida

o deja de amar a su propio hijo?

Pues aunque ella lo olvide,

yo no te olvidaré.

16 Yo te llevo grabada en mis manos,

siempre tengo presentes tus murallas.

17 Los que te reconstruyen van más de prisa

que los que te destruyeron;

ya se han ido los que te arrasaron.

18 Levanta los ojos y mira alrededor,

mira cómo se reúnen todos

y vuelven hacia ti.

«Yo, el Señor, juro por mi vida

que todos ellos serán como joyas que te pondrás,

como los adornos de una novia.

19 Tu país estaba en ruinas,

destruido, arrasado;

pero ahora tu territorio

será pequeño para tus habitantes.

Los que te destruyeron están lejos.

20 Los hijos que dabas por perdidos

te dirán al oído:

“Este país es demasiado pequeño para nosotros;

haznos lugar para vivir.”

21 Y tú dirás en tu interior:

“¿Quién me ha dado estos hijos?

Yo no tenía hijos, ni podía tenerlos;

estaba desterrada y apartada,

¿quién los crió?

Me habían dejado sola,

¿de dónde vinieron?”»

22 El Señor dice:

«Voy a dar órdenes a las naciones;

voy a dar una señal a los pueblos

para que traigan en brazos a tus hijos,

y a tus hijas las traigan sobre los hombros.

23 Los reyes serán tus padres adoptivos,

y las princesas tus niñeras.

Se inclinarán hasta el suelo delante de ti,

y lamerán el polvo de tus pies.

Y reconocerás que yo soy el Señor,

y que los que en mí confían no quedan defraudados.»

24 ¿Se le puede arrebatar a un hombre fuerte

lo que ha ganado en la batalla?

¿O puede un preso escapar de un tirano?

25 El Señor afirma que sí:

«Al hombre fuerte le arrebatarán lo conquistado,

y al tirano le quitarán lo ganado.

Yo me enfrentaré con los que te buscan pleito;

yo mismo salvaré a tus hijos.

26 Obligaré a tus opresores a comer su propia carne

y a emborracharse con su sangre, como si fuera vino.

Así toda la humanidad sabrá

que yo, el Señor, soy tu salvador;

que yo, el Poderoso de Jacob,soy tu redentor.»

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Isaías 50

1 El Señor dice:

«¡No crean que yo repudié a Israel, madre de ustedes,

como un hombre repudia a su mujer,

o que los vendí a ustedes como esclavos

porque tuviera deudas con alguno!

Ustedes fueron vendidos porque pecaron;

Israel, la madre de ustedes, fue repudiada

porque ustedes fueron rebeldes.

2 ¿Por qué, cuando yo vine, no encontré a nadie?

¿Por qué, cuando llamé, nadie me contestó?

¿Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos?

¿Creyeron acaso que no podía libertarlos?

Basta una orden mía para que se seque el mar

y los ríos se conviertan en desierto;

para que los peces se mueran de sed

y se pudran por falta de agua.

3 Yo visto el cielo de luto

y lo cubro con vestido de tristeza.»

Confianza del siervo del Señor en medio del sufrimiento

4 El Señor me ha instruido

para que yo consuele a los cansados

con palabras de aliento.

Todas las mañanas me hace estar atento

para que escuche dócilmente.

5 El Señor me ha dado entendimiento,

y yo no me he resistido

ni le he vuelto las espaldas.

6 Ofrecí mis espaldas para que me azotaran

y dejé que me arrancaran la barba.

No retiré la cara

de los que me insultaban y escupían.

7 El Señor es quien me ayuda:

por eso no me hieren los insultos;

por eso me mantengo firme como una roca,

pues sé que no quedaré en ridículo.

8 A mi lado está mi defensor:

¿Alguien tiene algo en mi contra?

¡Vayamos juntos ante el juez!

¿Alguien se cree con derecho a acusarme?

¡Que venga y me lo diga!

9 El Señor es quien me ayuda;

¿quién podrá condenarme?

Todos mis enemigos desaparecerán

como vestido comido por la polilla.

10 Ustedes que honran al Señor

y escuchan la voz de su siervo:

si caminan en la oscuridad,

sin un rayo de luz,

pongan su confianza en el Señor;

apóyense en su Dios.

11 Pero todos los que prenden fuego

y preparan flechas encendidas,

caerán en las llamas de su propio fuego,

bajo las flechas que ustedes mismos encendieron.

El Señor les enviará este castigo

y quedarán tendidos en medio de tormentos.