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San Lucas 17

El peligro de caer en pecado

1 Jesús dijo a sus discípulos: «No se puede evitar que haya incitaciones al pecado;pero ¡ay del hombre que haga pecar a los demás!

2 Mejor le sería que lo echaran al mar con una piedra de molino atada al cuello, que hacer caer en pecado a uno de estos pequeñitos.

3 ¡Tengan cuidado!

»Si tu hermano peca, repréndelo; pero si cambia de actitud, perdónalo.

4 Aunque peque contra ti siete veces en un día, si siete veces viene a decirte: “No lo volveré a hacer”, debes perdonarlo.»

El poder de la fe

5 Los apóstoles pidieron al Señor:

—Danos más fe.

6 El Señor les contestó:

—Si ustedes tuvieran fe, aunque solo fuera del tamaño de una semilla de mostaza, podrían decirle a este árbol: “Arráncate de aquí y plántate en el mar”, y les haría caso.

El deber del que sirve

7 »Si uno de ustedes tiene un criado que regresa del campo después de haber estado arando o cuidando el ganado, ¿acaso le dice: “Pasa y siéntate a comer”?

8 No, sino que le dice: “Prepárame la cena, y dispónte a atenderme mientras yo como y bebo. Después podrás tú comer y beber.”

9 Y tampoco le da las gracias al criado por haber hecho lo que le mandó.

10 Así también ustedes, cuando ya hayan cumplido todo lo que Dios les manda, deberán decir: “Somos servidores inútiles, porque no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación.”

Jesús sana a diez leprosos

11 En su camino a Jerusalén, pasó Jesús entre las regiones de Samaria y Galilea.

12 Y llegó a una aldea, donde le salieron al encuentro diez hombres enfermos de lepra,los cuales se quedaron lejos de él

13 gritando:

—¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!

14 Cuando Jesús los vio, les dijo:

—Vayan a presentarse a los sacerdotes.

Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad.

15 Uno de ellos, al verse limpio, regresó alabando a Dios a grandes voces,

16 y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Este hombre era de Samaria.

17 Jesús dijo:

—¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve?

18 ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios?

19 Y le dijo al hombre:

—Levántate y vete; por tu fe has sido sanado.

Cómo llegará el reino de Dios

20 Los fariseos le preguntaron a Jesús cuándo había de llegar el reino de Dios, y él les contestó:

—La venida del reino de Dios no es algo que todo el mundo pueda ver.

21 No se va a decir: “Aquí está”, o “Allí está”; porque el reino de Dios ya está entre ustedes.

22 Y dijo a sus discípulos:

—Llegará el tiempo en que ustedes querrán ver siquiera uno de los días del Hijo del hombre,y no lo verán.

23 Algunos dirán: “Aquí está”, o “Allí está”; pero no vayan ni los sigan.

24 Porque así como el relámpago, al brillar, ilumina el cielo de uno a otro lado, así será el Hijo del hombre en el día de su regreso.

25 Pero primero tiene que sufrir mucho y ser rechazado por la gente de este tiempo.

26 Como pasó en los tiempos de Noé,así pasará también en los días en que regrese el Hijo del hombre.

27 La gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en la barca, y llegó el diluvio y todos murieron.

28 Lo mismo sucedió en los tiempos de Lot:la gente comía y bebía, compraba y vendía, sembraba y construía casas;

29 pero cuando Lot salió de la ciudad de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y todos murieron.

30 Así será el día en que el Hijo del hombre aparezca.

31 »En aquel día, el que se encuentre en la azoteay tenga sus cosas dentro de la casa, que no baje a sacarlas; y el que esté en el campo, que no regrese a su casa.

32 Acuérdense de la mujer de Lot.

33 El que trate de conservar su vida, la perderá; pero el que la pierda, la conservará.

34 »Les digo que en aquella noche, de dos que estén en una misma cama, uno será llevado y el otro será dejado.

35 De dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra será dejada.»

37 Le preguntaron entonces:

—¿Dónde ocurrirá eso, Señor?

Y él les contestó:

—Donde esté el cadáver, allí se juntarán los buitres.

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San Lucas 18

La parábola de la viuda y el juez

1 Jesús les contó una parábola para enseñarles que debían orar siempre, sin desanimarse.

2 Les dijo: «Había en un pueblo un juez que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres.

3 En el mismo pueblo había también una viuda que tenía un pleito y que fue al juez a pedirle justiciacontra su adversario.

4 Durante mucho tiempo el juez no quiso atenderla, pero después pensó: “Aunque ni temo a Dios ni respeto a los hombres,

5 sin embargo, como esta viuda no deja de molestarme, la voy a defender, para que no siga viniendo y acabe con mi paciencia.”»

6 Y el Señor añadió: «Esto es lo que dijo el juez malo.

7 Pues bien, ¿acaso Dios no defenderá también a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Los hará esperar?

8 Les digo que los defenderá sin demora. Pero cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará todavía fe en la tierra?»

La parábola del fariseo y el cobrador de impuestos

9 Jesús contó esta otra parábola para algunos que, seguros de sí mismos por considerarse justos, despreciaban a los demás:

10 «Dos hombres fueron al templo a orar:el uno era fariseo,y el otro era uno de esos que cobran impuestos para Roma.

11 El fariseo, de pie, oraba así:“Oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás, que son ladrones, malvados y adúlteros, ni como ese cobrador de impuestos.

12 Yo ayunodos veces a la semana y te doy la décima partede todo lo que gano.”

13 Pero el cobrador de impuestos se quedó a cierta distancia, y ni siquiera se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pechoy decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí,que soy pecador!”

14 Les digo que este cobrador de impuestos volvió a su casa ya justo,pero el fariseo no. Porque el que a sí mismo se engrandece, será humillado; y el que se humilla, será engrandecido.»

Jesús bendice a los niños

15 También le llevaban niñitos a Jesús, para que los tocara; pero cuando los discípulos lo vieron, comenzaron a reprender a quienes los llevaban.

16 Entonces Jesús los llamó y dijo:

—Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de Dios es de quienes son como ellos.

17 Les aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

Un hombre rico habla con Jesús

18 Uno de los jefesle preguntó a Jesús:

—Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?

19 Jesús le contestó:

—¿Por qué me llamas bueno? Bueno solamente hay uno: Dios.

20 Ya sabes los mandamientos: “No cometas adulterio, no mates, no robes, no digas mentiras en perjuicio de nadie, y honra a tu padre y a tu madre.”

21 El hombre le dijo:

—Todo eso lo he cumplido desde joven.

22 Al oír esto, Jesús le contestó:

—Todavía te falta una cosa: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres. Así tendrás riqueza en el cielo. Luego ven y sígueme.

23 Pero cuando el hombre oyó esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

24 Al verlo así, Jesús dijo:

—¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios!

25 Es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios.

26 Los que lo oyeron preguntaron:

—¿Y quién podrá salvarse?

27 Jesús les contestó:

—Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios.

28 Pedro le dijo:

—Señor, nosotros hemos dejado todas nuestras cosas y te hemos seguido.

29 Él les respondió:

—Les aseguro que cualquiera que por causa del reino de Dios haya dejado casa, o esposa, o hermanos, o padres, o hijos,

30 recibirá mucho más en la vida presente, y en la vida venidera recibirá la vida eterna.

Jesús anuncia por tercera vez su muerte

31 Jesús llamó aparte a los doce discípulos, y les dijo: «Ahora vamos a Jerusalén,donde se cumplirá todo lo que los profetas escribieron acerca del Hijo del hombre.

32 Pues lo van a entregar a los extranjeros,y se burlarán de él, lo insultarán y lo escupirán.

33 Lo golpearán y lo matarán; pero al tercer día resucitará.»

34 Ellos no entendieron nada de esto, ni sabían de qué les hablaba, pues eran cosas que no podían comprender.

Jesús sana a un ciego en Jericó

35 Cuando ya se encontraba Jesús cerca de Jericó, un ciego que estaba sentado junto al camino pidiendo limosna,

36 al oír que pasaba mucha gente, preguntó qué sucedía.

37 Le dijeron que Jesús de Nazaret pasaba por allí,

38 y él gritó:

—¡Jesús, Hijo de David,ten compasión de mí!

39 Los que iban delante lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más todavía:

—¡Hijo de David, ten compasión de mí!

40 Jesús se detuvo y mandó que se lo trajeran. Cuando lo tuvo cerca, le preguntó:

41 —¿Qué quieres que haga por ti?

El ciego contestó:

—Señor, quiero recobrar la vista.

42 Jesús le dijo:

—¡Recóbrala! Por tu fe has sido sanado.

43 En aquel mismo momento el ciego recobró la vista, y siguió a Jesús alabando a Dios. Y toda la gente que vio esto, también alababa a Dios.

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San Lucas 19

Jesús y Zaqueo

1 Jesús entró en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad.

2 Vivía allí un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma.

3 Este quería conocer a Jesús, pero no conseguía verlo porque había mucha gente y Zaqueo era pequeño de estatura.

4 Por eso corrió adelante y, para alcanzar a verlo, se subió a un árbolcerca de donde Jesús tenía que pasar.

5 Cuando Jesús pasaba por allí, miró hacia arriba y le dijo:

—Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa.

6 Zaqueo bajó aprisa, y con gusto recibió a Jesús.

7 Al ver esto, todos comenzaron a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en la casa de un pecador.

8 Zaqueo se levantó entonces y le dijo al Señor:

—Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo; y si le he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.

9 Jesús le dijo:

—Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham.

10 Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.

La parábola del dinero

11 La gente estaba oyendo a Jesús decir estas cosas, y él les contó una parábola, porque ya estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el reino de Dios iba a llegar en seguida.

12 Les dijo: «Había un hombre de la nobleza, que se fue lejos, a otro país, para ser nombrado rey y regresar.

13 Antes de salir, llamó a diez de sus empleados,entregó a cada uno de ellos una gran cantidad de dineroy les dijo: “Hagan negocio con este dinero hasta que yo vuelva.”

14 Pero la gente de su país lo odiaba, y mandaron tras él una comisión encargada de decir: “No queremos que este hombre sea nuestro rey.”

15 »Pero él fue nombrado rey, y regresó a su país. Cuando llegó, mandó llamar a los empleados a quienes había entregado el dinero, para saber cuánto había ganado cada uno.

16 El primero se presentó y dijo: “Señor, su dinero ha producido diez veces más.”

17 El rey le contestó: “Muy bien; eres un buen empleado; ya que fuiste fiel en lo poco, te hago gobernador de diez pueblos.”

18 Se presentó otro y dijo: “Señor, su dinero ha producido cinco veces más.”

19 También a este le contestó: “Tú serás gobernador de cinco pueblos.”

20 »Pero otro se presentó diciendo: “Señor, aquí está su dinero. Lo guardé en un pañuelo;

21 pues tuve miedo de usted, porque usted es un hombre duro, que recoge donde no entregó y cosecha donde no sembró.”

22 Entonces le dijo el rey: “Empleado malo, con tus propias palabras te juzgo. Si sabías que soy un hombre duro, que recojo donde no entregué y cosecho donde no sembré,

23 ¿por qué no llevaste mi dinero al banco, para devolvérmelo con los intereses a mi regreso a casa?”

24 Y dijo a los que estaban allí: “Quítenle el dinero y dénselo al que ganó diez veces más.”

25 Ellos le dijeron: “Señor, ¡pero si él ya tiene diez veces más!”

26 El rey contestó: “Pues les digo que al que tiene, se le dará más; pero al que no tiene, hasta lo poco que tiene se le quitará.

27 Y en cuanto a mis enemigos que no querían tenerme por rey, tráiganlos acá y mátenlos en mi presencia.”»

Jesús entra en Jerusalén

28 Después de decir esto, Jesús siguió su viaje a Jerusalén.

29 Cuando ya había llegado cerca de Betfagé y Betania, junto al monte que se llama de los Olivos,envió a dos de sus discípulos,

30 diciéndoles:

—Vayan a la aldea que está enfrente, y al llegar encontrarán un burro atado, que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo.

31 Y si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle que el Señor lo necesita.

32 Los discípulos fueron y lo encontraron todo como Jesús se lo había dicho.

33 Mientras estaban desatando el burro, los dueños les preguntaron:

—¿Por qué lo desatan?

34 Ellos contestaron:

—Porque el Señor lo necesita.

35 Y poniendo sus capas sobre el burro, se lo llevaron a Jesús y lo hicieron montar.

36 Conforme Jesús avanzaba, la gente tendía sus capas por el camino.

37 Y al acercarse a la bajada del Monte de los Olivos, todos sus seguidores comenzaron a gritar de alegría y a alabar a Dios por todos los milagros que habían visto.

38 Decían:

—¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor!¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!

39 Entonces algunos fariseos que había entre la gente le dijeron:

—Maestro, reprende a tus seguidores.

40 Pero Jesús les contestó:

—Les digo que si estos se callan, las piedras gritarán.

41 Cuando llegó cerca de Jerusalén, al ver la ciudad,Jesús lloró por ella,

42 diciendo: «¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo.

43 Pues van a venir para ti días malos, en que tus enemigos harán un muro a tu alrededor, y te rodearán y atacarán por todos lados,

44 y te destruirán por completo. Matarán a tus habitantes, y no dejarán en ti ni una piedra sobre otra,porque no reconociste el momento en que Dios vino a visitarte.»

Jesús purifica el templo

45 Después de esto, Jesús entró en el templo y comenzó a echar de allí a los que estaban vendiendo,

46 y les dijo:

—En las Escrituras se dice: “Mi casa será casa de oración”,pero ustedes han hecho de ella una cueva de ladrones.

47 Todos los días Jesús enseñaba en el templo,y los jefes de los sacerdotes, los maestros de la ley y también los jefes del pueblo andaban buscando cómo matarlo.

48 Pero no encontraban la manera de hacerlo, porque toda la gente estaba pendiente de lo que él decía.

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San Lucas 20

La autoridad de Jesús

1 Un día, mientras Jesús estaba en el templo enseñando a la gente y anunciando la buena noticia, llegaron los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, junto con los ancianos,

2 y le dijeron:

—¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te dio esta autoridad?

3 Jesús les contestó:

—Yo también les voy a hacer una pregunta. Respóndanme:

4 ¿Quién envió a Juan a bautizar, Dios o los hombres?

5 Comenzaron a discutir unos con otros: «Si respondemos que Dios lo envió, va a decir: “¿Por qué no le creyeron?”

6 Y no podemos decir que fueron los hombres, porque la gente nos matará a pedradas, ya que todos están seguros de que Juan era un profeta.»

7 Así que respondieron que no sabían quién había enviado a Juan a bautizar.

8 Entonces Jesús les contestó:

—Pues yo tampoco les digo con qué autoridad hago esto.

La parábola de los labradores malvados

9 Luego empezó Jesús a hablar a la gente, y contó esta parábola:

—Un hombre plantó un viñedo,lo alquiló a unos labradores y emprendió un largo viaje.

10 A su debido tiempo, mandó un criado a pedir a los labradores la parte de la cosecha que le correspondía; pero ellos lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías.

11 Entonces el dueño mandó otro criado; pero también a este lo insultaron, lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías.

12 Volvió a mandar otro, pero los labradores también lo hirieron y lo echaron fuera.

13 »Por fin el dueño del terreno dijo: “¿Qué haré? Mandaré a mi hijo querido;tal vez lo respetarán.”

14 Pero cuando los labradores lo vieron, se dijeron unos a otros: “Este es el que ha de recibir la herencia; matémoslo, para que la propiedad pase a poder nuestro.”

15 Así que lo sacaron del viñedo y lo mataron.

»¿Y qué creen ustedes que hará con ellos el dueño del viñedo?

16 Pues irá y matará a esos labradores, y dará el viñedo a otros.

Al oír esto, dijeron:

—¡Eso jamás!

17 Pero Jesús los miró, y dijo:

—Entonces ¿qué significa esto que dicen las Escrituras?:

“La piedra que los constructores despreciaron

se ha convertido en la piedra principal.”

18 Cualquiera que caiga sobre esa piedra, quedará hecho pedazos; y si la piedra cae sobre alguien, lo hará polvo.

19 Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley quisieron arrestar a Jesús en aquel mismo momento, porque comprendieron que al decir esta parábola se refería a ellos. Pero tenían miedo de la gente.

La pregunta sobre los impuestos

20 Mandaron a unos espías que, aparentando ser hombres honrados, hicieran decir a Jesús algo que les diera pretexto para ponerlo bajo el poder y la jurisdicción del gobernador romano.

21 Estos le preguntaron:

—Maestro, sabemos que lo que tú dices y enseñas es correcto, y que no buscas dar gusto a los hombres. Tú enseñas de veras el camino de Dios.

22 ¿Está bien que paguemos impuestos al emperador romano, o no?

23 Jesús, dándose cuenta de la mala intención que llevaban, les dijo:

24 —Enséñenme una moneda de denario.¿De quién es la cara y el nombre que aquí está escrito?

Le contestaron:

—Del emperador.

25 Jesús les dijo:

—Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios.

26 Y en nada de lo que él decía delante de la gente encontraron pretexto para arrestarlo, así que admirados de su respuesta se callaron.

La pregunta sobre la resurrección

27 Después algunos saduceos fueron a ver a Jesús. Los saduceos niegan que los muertos resuciten;por eso le presentaron este caso:

28 —Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre casado muere sin haber tenido hijos con su mujer, el hermano del difunto deberá tomar por esposa a la viuda para darle hijos al hermano que murió.

29 Pues bien, había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó, pero murió sin dejar hijos.

30 El segundo

31 y el tercero se casaron con ella, y lo mismo hicieron los demás, pero los siete murieron sin dejar hijos.

32 Finalmente murió también la mujer.

33 Pues bien, en la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa esta mujer, si los siete estuvieron casados con ella?

34 Jesús les contestó:

—En la vida presente, los hombres y las mujeres se casan;

35 pero aquellos que Dios juzgue que merecen gozar de la vida venidera y resucitar, sean hombres o mujeres, ya no se casarán,

36 porque ya no pueden morir. Pues serán como los ángeles, y serán hijos de Dios por haber resucitado.

37 Hasta el mismo Moisés, en el pasaje de la zarza que ardía, nos hace saber que los muertos resucitan. Allí dice que el Señor es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

38 ¡Y él no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos están vivos!

39 Algunos maestros de la ley le dijeron entonces:

—Bien dicho, Maestro.

40 Y ya no se atrevieron a hacerle más preguntas.

¿De quién desciende el Mesías?

41 Jesús les preguntó:

—¿Por qué dicen que el Mesías desciende de David?

42 Pues David mismo, en el libro de los Salmos, dice:

“El Señor dijo a mi Señor:

Siéntate a mi derecha,

43 hasta que yo haga de tus enemigos

el estrado de tus pies.”

44 ¿Cómo puede entonces el Mesías descender de David, si David mismo lo llama Señor?

Jesús denuncia a los maestros de la ley

45 Toda la gente estaba escuchando, y Jesús dijo a sus discípulos:

46 «Cuídense de los maestros de la ley, pues les gusta andar con ropas largas, y quieren que los saluden con todo respeto en las plazas. Buscan los asientos de honor en las sinagogas y los mejores lugares en las comidas;

47 y les quitan sus casas a las viudas,y para disimularlo hacen largas oraciones. Ellos recibirán mayor castigo.»

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San Lucas 21

La ofrenda de la viuda pobre

1 Jesús estaba viendo a los ricos echar dinero en los cofres de las ofrendas,

2 y vio también a una viuda pobre que echaba dos moneditas de cobre.

3 Entonces dijo:

—De veras les digo que esta viuda pobre ha dado más que todos;

4 pues todos dan ofrendas de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir.

Jesús anuncia que el templo será destruido

5 Algunos estaban hablando del templo, de la belleza de sus piedras y de las ofrendas votivas que lo adornaban.Jesús dijo:

6 —Vendrán días en que de todo esto que ustedes están viendo no quedará ni una piedra sobre otra. Todo será destruido.

Señales antes del fin

7 Entonces le preguntaron:

—Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto? ¿Cuál será la señal de que estas cosas ya están a punto de suceder?

8 Jesús contestó:

—Tengan cuidado para no dejarse engañar. Porque vendrán muchos haciéndose pasar por mí. Dirán: “Yo soy”, y “Ahora es el tiempo.” Pero ustedes no los sigan.

9 Y cuando tengan noticias de guerras y revoluciones, no se asusten, pues esto tiene que ocurrir primero; sin embargo, aún no habrá llegado el fin.

10 Siguió diciéndoles:

—Una nación peleará contra otra y un país hará guerra contra otro.

11 Habrá grandes terremotos, y hambres y enfermedades en diferentes lugares, y en el cielo se verán cosas espantosas y grandes señales.

12 »Pero antes de esto, a ustedes les echarán mano y los perseguirán. Los llevarán a juzgar en las sinagogas, los meterán en la cárcel y los presentarán ante reyes y gobernadores por causa mía.

13 Así tendrán oportunidad de dar testimonio de mí.

14 Háganse el propósito de no preparar de antemano su defensa,

15 porque yo les daré palabras tan llenas de sabiduría que ninguno de sus enemigos podrá resistirlos ni contradecirlos en nada.

16 Pero ustedes serán traicionados incluso por sus padres, sus hermanos, sus parientes y sus amigos.A algunos de ustedes los matarán,

17 y todo el mundo los odiará por causa mía;

18 pero no se perderá ni un cabello de su cabeza.

19 ¡Manténganse firmes, para poder salvarse!

20 »Cuando vean a Jerusalén rodeada de ejércitos, sepan que pronto será destruida.

21 Entonces, los que estén en Judea, que huyan a las montañas; los que estén en Jerusalén, que salgan de la ciudad, y los que estén en el campo, que no regresen a ella.

22 Porque serán días de castigo,en que se cumplirá todo lo que dicen las Escrituras.

23 ¡Pobres mujeres aquellas que en tales días estén embarazadas o tengan niños de pecho! Porque habrá mucho dolor en el país, y un castigo terrible contra este pueblo.

24 Unos morirán a filo de espada y a otros los llevarán prisioneros por todas las naciones; y los paganos pisotearán a Jerusalén hasta que se cumpla el tiempo que les ha sido señalado.

El regreso del Hijo del hombre

25 »Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas;y en la tierra las naciones estarán confusas y se asustarán por el terrible ruido del mar y de las olas.

26 La gente se desmayará de miedo al pensar en lo que va a sucederle al mundo; pues hasta las fuerzas celestiales serán sacudidas.

27 Entonces se verá al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y gloria.

28 Cuando comiencen a suceder estas cosas, anímense y levanten la cabeza, porque muy pronto serán libertados.

29 También les puso esta comparación:

—Fíjense en la higuera, o en cualquier otro árbol.

30 Cuando ven que brotan las hojas, se dan cuenta ustedes de que ya está cerca el verano.

31 De la misma manera, cuando vean que suceden estas cosas, sepan que el reino de Dios ya está cerca.

32 »Les aseguro que todo esto sucederá antes que muera la gente de este tiempo.

33 El cielo y la tierra dejarán de existir, pero mis palabras no dejarán de cumplirse.

34 »Tengan cuidado y no dejen que sus corazones se hagan insensibles por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre ustedes

35 como una trampa. Porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra.

36 Estén ustedes preparados, orando en todo tiempo,para que puedan escapar de todas estas cosas que van a suceder y para que puedan presentarse delante del Hijo del hombre.»

37 Jesús enseñaba de día en el templo,y de noche se quedaba en el monte que se llama de los Olivos.

38 Y toda la gente iba temprano al templo a oírlo.

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San Lucas 22

Conspiración para arrestar a Jesús

1 Estaba ya cerca la fiesta en que se come el pan sin levadura, o sea la fiesta de la Pascua.

2 Los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que tenían miedo de la gente,buscaban la manera de matar a Jesús.

3 Entonces Satanás entró en Judas,uno de los doce discípulos, al que llamaban Iscariote.

4 Este fue a ver a los jefes de los sacerdotes y a los oficiales del templo, y habló con ellos sobre cómo entregarles a Jesús.

5 Ellos se alegraron y prometieron darle dinero a Judas.

6 Y él aceptó y comenzó a buscar un momento oportuno, en que no hubiera gente, para entregarles a Jesús.

La Cena del Señor

7 Llegó el día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero de Pascua.

8 Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo:

—Vayan a prepararnos la cena de Pascua.

9 Ellos le preguntaron:

—¿Dónde quieres que la preparemos?

10 Jesús les contestó:

—Cuando entren ustedes en la ciudad, encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua.Síganlo hasta la casa donde entre,

11 y digan al dueño de la casa: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es el cuarto donde voy a comer con mis discípulos la cena de Pascua?”

12 Él les mostrará en el piso alto un cuarto grande y arreglado para la cena.Preparen allí lo necesario.

13 Ellos fueron y lo encontraron todo como Jesús se lo había dicho, y prepararon la cena de Pascua.

14 Cuando llegó la hora,Jesús y los apóstoles se sentarona la mesa.

15 Jesús les dijo:

—¡Cuánto he querido celebrar con ustedes esta cena de Pascua antes de mi muerte!

16 Porque les digo que no la celebraré de nuevo hasta que se cumpla en el reino de Dios.

17 Entonces tomó en sus manos una copay, habiendo dado gracias a Dios, dijo:

—Tomen esto y repártanlo entre ustedes;

18 porque les digo que no volveré a beber del producto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.

19 Después tomó el pan en sus manos y, habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo:

—Esto es mi cuerpo,entregado a muerte en favor de ustedes. Hagan esto en memoria de mí.

20 Lo mismo hizo con la copa después de la cena, diciendo:

—Esta copa es la nueva alianza confirmada con mi sangre,la cual es derramada en favor de ustedes.

21 Pero ahora la mano del que me va a traicionar está aquí, con la mía, sobre la mesa.

22 Pues el Hijo del hombre ha de recorrer el camino que se le ha señalado,pero ¡ay de aquel que lo traiciona!

23 Entonces comenzaron a preguntarse unos a otros quién sería el traidor.

¿Quién es el más importante?

24 Los discípulos tuvieron una discusión sobre cuál de ellos debía ser considerado el más importante.

25 Jesús les dijo: «Entre los paganos, los reyes gobiernan con tiranía a sus súbditos, y a los jefes se les da el título de benefactores.

26 Pero ustedes no deben ser así. Al contrario, el más importante entre ustedes tiene que hacerse como el más joven, y el que manda tiene que hacerse como el que sirve.

27 Pues ¿quién es más importante, el que se sienta a la mesa a comer o el que sirve? ¿Acaso no lo es el que se sienta a la mesa? En cambio yo estoy entre ustedes como el que sirve.

28 »Ustedes han estado siempre conmigo en mis pruebas.

29 Por eso, yo les doy un reino, como mi Padre me lo dio a mí,

30 y ustedes comerán y beberán a mi mesa en mi reino, y se sentarán en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.»

Jesús anuncia que Pedro lo negará

31 Dijo también el Señor:

—Simón, Simón, mira que Satanás los ha pedido a ustedes para sacudirloscomo si fueran trigo;

32 pero yo he rogado por ti, para que no te falte la fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí,ayuda a tus hermanos a permanecer firmes.

33 Simón le dijo:

—Señor, estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel, y hasta a morir contigo.

34 Jesús le contestó:

—Pedro, te digo que hoy mismo, antes que cante el gallo,tres veces negarás que me conoces.

Se acerca la hora de la prueba

35 Luego Jesús les preguntó:

—Cuando los mandé sin dinero ni provisiones ni sandalias,¿acaso les faltó algo?

Ellos contestaron:

—Nada.

36 Entonces les dijo:

—Ahora, en cambio, el que tenga dinero, que lo traiga, y también provisiones; y el que no tenga espada, que venda su abrigo y se compre una.

37 Porque les digo que tiene que cumplirse en mí esto que dicen las Escrituras: “Y fue contado entre los malvados.”Pues todo lo que está escrito de mí, tiene que cumplirse.

38 Ellos dijeron:

—Señor, aquí hay dos espadas.

Y él contestó:

—Basta ya de hablar.

Jesús ora en Getsemaní

39 Luego Jesús salió y, según su costumbre, se fue al Monte de los Olivos; y los discípulos lo siguieron.

40 Al llegar al lugar, les dijo:

—Oren, para que no caigan en tentación.

41 Se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra, y se puso de rodillas para orar.

42 Dijo: «Padre, si quieres, líbrame de este trago amargo;pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

[

43 En esto se le apareció un ángel del cielo, para darle fuerzas.

44 En medio de su gran sufrimiento, Jesús oraba aún más intensamente, y el sudor le caía a tierra como grandes gotas de sangre.]

45 Cuando se levantó de la oración, fue a donde estaban los discípulos, y los encontró dormidos, vencidos por la tristeza.

46 Les dijo:

—¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren, para que no caigan en tentación.

Arrestan a Jesús

47 Todavía estaba hablando Jesús, cuando llegó mucha gente. El que se llamaba Judas, que era uno de los doce discípulos, iba a la cabeza. Este se acercó a besar a Jesús,

48 pero Jesús le dijo:

—Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?

49 Los que estaban con Jesús, al ver lo que pasaba, le preguntaron:

—Señor, ¿atacamos con espada?

50 Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha.

51 Jesús dijo:

—Déjenlos; ya basta.

Y le tocó la oreja al criado, y lo sanó.

52 Luego dijo a los jefes de los sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos, que habían venido a llevárselo:

—¿Por qué han venido ustedes con espadas y con palos, como si yo fuera un bandido?

53 Todos los días he estado con ustedes en el templo,y no trataron de arrestarme. Pero esta es la hora de ustedes, la hora del poder de las tinieblas.

Pedro niega conocer a Jesús

54 Arrestaron entonces a Jesús y lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía de lejos.

55 Allí, en medio del patio, habían hecho fuego, y se sentaron alrededor; y Pedro se sentó también entre ellos.

56 En esto, una sirvienta, al verlo sentado junto al fuego, se quedó mirándolo y dijo:

—También este estaba con él.

57 Pero Pedro lo negó, diciendo:

—Mujer, yo no lo conozco.

58 Poco después, otro lo vio y dijo:

—Tú también eres de ellos.

Pedro contestó:

—No, hombre, no lo soy.

59 Como una hora después, otro insistió:

—Seguro que este estaba con él. Además es de Galilea.

60 Pedro dijo:

—Hombre, no sé de qué hablas.

En ese mismo momento, mientras Pedro aún estaba hablando, cantó un gallo.

61 Entonces el Señor se volvió y miró a Pedro, y Pedro se acordó de que el Señor le había dicho: «Hoy, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.»

62 Y salió Pedro de allí y lloró amargamente.

Se burlan de Jesús

63 Los hombres que estaban vigilando a Jesús se burlaban de él y lo golpeaban.

64 Le taparon los ojos, y le preguntaban:

—¡Adivina quién te pegó!

65 Y lo insultaban diciéndole otras muchas cosas.

Jesús ante la Junta Suprema

66 Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos de los judíos, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, y llevaron a Jesús ante la Junta Suprema.Allí le preguntaron:

67 —Dinos, ¿eres tú el Mesías?

Él les contestó:

—Si les digo que sí, no me van a creer.

68 Y si les hago preguntas, no me van a contestar.

69 Pero desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del Dios todopoderoso.

70 Luego todos le preguntaron:

—¿Así que tú eres el Hijo de Dios?

Jesús les contestó:

—Ustedes mismos han dicho que lo soy.

71 Entonces ellos dijeron:

—¿Qué necesidad tenemos de más testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de sus propios labios.

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San Lucas 23

Jesús ante Pilato

1 Todos se levantaron, y llevaron a Jesús ante Pilato.

2 En su presencia comenzaron a acusarlo, diciendo:

—Hemos encontrado a este hombre alborotando a nuestra nación. Dice que no debemos pagar impuestos al emperador,y además afirma que él es el Mesías, el Rey.

3 Pilato le preguntó:

—¿Eres tú el Rey de los judíos?

—Tú lo has dicho —contestó Jesús.

4 Entonces Pilato dijo a los jefes de los sacerdotes y a la gente:

—No encuentro en este hombre razón para condenarlo.

5 Pero ellos insistieron con más fuerza:

—Con sus enseñanzas está alborotando a todo el pueblo. Comenzó en Galilea, y ahora sigue haciéndolo aquí, en Judea.

Jesús ante Herodes

6 Al oír esto, Pilato preguntó si el hombre era de Galilea.

7 Y al saber que Jesús era de la jurisdicción de Herodes,se lo envió, pues él también se encontraba aquellos días en Jerusalén.

8 Al ver a Jesús, Herodes se puso muy contento, porque durante mucho tiempo había querido verlo, pues había oído hablar de él y esperaba verlo hacer algún milagro.

9 Le hizo muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada.

10 También estaban allí los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley, que lo acusaban con gran insistencia.

11 Entonces Herodes y sus soldados lo trataron con desprecio, y para burlarse de él lo vistieron con ropas lujosas, como de rey. Luego Herodes lo envió nuevamente a Pilato.

12 Aquel día se hicieron amigos Pilato y Herodes, que antes eran enemigos.

Jesús es sentenciado a muerte

13 Pilato reunió a los jefes de los sacerdotes, a las autoridades y al pueblo,

14 y les dijo:

—Ustedes me trajeron a este hombre, diciendo que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no lo he encontrado culpable de ninguna de las faltas de que lo acusan.

15 Ni tampoco Herodes, puesto que nos lo ha devuelto. Ya ven, no ha hecho nada que merezca la pena de muerte.

16 Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.

18 Pero todos juntos comenzaron a gritar:

—¡Fuera con ese! ¡Déjanos libre a Barrabás!

19 A este Barrabás lo habían metido en la cárcel por una rebelión ocurrida en la ciudad, y por un asesinato.

20 Pilato, que quería dejar libre a Jesús, les habló otra vez;

21 pero ellos gritaron más alto:

—¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!

22 Por tercera vez Pilato les dijo:

—Pues ¿qué mal ha hecho? Yo no encuentro en él nada que merezca la pena de muerte. Lo voy a castigar y después lo dejaré libre.

23 Pero ellos insistían a gritos, pidiendo que lo crucificara; y tanto gritaron que consiguieron lo que querían.

24 Pilato decidió hacer lo que le estaban pidiendo;

25 así que dejó libre al hombre que habían escogido, el que estaba en la cárcel por rebelión y asesinato, y entregó a Jesús a la voluntad de ellos.

Jesús es crucificado

26 Cuando llevaron a Jesús a crucificarlo, echaron mano de un hombre de Cirene llamado Simón, que venía del campo, y lo hicieron cargar con la cruz y llevarla detrás de Jesús.

27 Mucha gente y muchas mujeres que lloraban y gritaban de tristeza por él, lo seguían.

28 Pero Jesús las miró y les dijo:

—Mujeres de Jerusalén, no lloren por mí, sino por ustedes mismas y por sus hijos.

29 Porque vendrán días en que se dirá: “Dichosas las que no pueden tener hijos, las mujeres que no dieron a luz ni tuvieron hijos que criar.”

30 Entonces comenzará la gente a decir a los montes: “¡Caigan sobre nosotros!”, y a las colinas: “¡Escóndannos!”

31 Porque si con el árbol verde hacen todo esto, ¿qué no harán con el seco?

32 También llevaban a dos criminales, para crucificarlos junto con Jesús.

33 Cuando llegaron al sitio llamado La Calavera,crucificaron a Jesús y a los dos criminales, uno a su derecha y otro a su izquierda. [

34 Jesús dijo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»]

Y los soldados echaron suertes para repartirse entre sí la ropa de Jesús.

35 La gente estaba allí mirando; y hasta las autoridades se burlaban de él, diciendo:

—Salvó a otros; que se salve a sí mismo ahora, si de veras es el Mesías de Dios y su escogido.

36 Los soldados también se burlaban de Jesús. Se acercaban y le daban a beber vino agrio,

37 diciéndole:

—¡Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo!

38 Y había un letrero sobre su cabeza, que decía: «Este es el Rey de los judíos.»

39 Uno de los criminales que estaban colgados, lo insultaba:

—¡Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y sálvanos también a nosotros!

40 Pero el otro reprendió a su compañero, diciéndole:

—¿No tienes temor de Dios, tú que estás bajo el mismo castigo?

41 Nosotros estamos sufriendo con toda razón, porque estamos pagando el justo castigo de lo que hemos hecho; pero este hombre no hizo nada malo.

42 Luego añadió:

—Jesús, acuérdate de mí cuando comiences a reinar.

43 Jesús le contestó:

—Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.

Muerte de Jesús

44 Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad.

45 El sol dejó de brillar, y el velodel templo se rasgó por la mitad.

46 Jesús gritó con fuerza y dijo:

—¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!

Y al decir esto, murió.

47 Cuando el capitán romano vio lo que había pasado, alabó a Dios, diciendo:

—De veras, este hombre era inocente.

48 Toda la multitud que estaba presente y que vio lo que había pasado, se fue de allí golpeándose el pecho.

49 Todos los conocidos de Jesús se mantenían a distancia;también las mujeres que lo habían seguido desde Galileaestaban allí mirando.

Jesús es sepultado

50-51 Había un hombre bueno y justo llamado José, natural de Arimatea, un pueblo de Judea. Pertenecía a la Junta Suprema de los judíos. Este José, que esperaba el reino de Dios y que no estuvo de acuerdo con lo que la Junta había hecho,

52 fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

53 Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana de lino y lo puso en un sepulcro excavado en una peña,donde todavía no habían sepultado a nadie.

54 Era el día de la preparación para el sábado, que ya estaba a punto de comenzar.

55 Las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea,fueron y vieron el sepulcro, y se fijaron en cómo habían puesto el cuerpo.

56 Cuando volvieron a casa, prepararon perfumes y ungüentos.

Anuncio de la resurrección de Jesús

Las mujeres descansaron el sábado, conforme al mandamiento,

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San Lucas 24

1 pero el primer día de la semanaregresaron al sepulcro muy temprano, llevando los perfumes que habían preparado.

2 Al llegar, se encontraron con que la piedra que tapaba el sepulcro no estaba en su lugar;

3 y entraron, pero no encontraron el cuerpo del Señor Jesús.

4 No sabían qué pensar de esto, cuando de pronto vieron a dos hombres de pie junto a ellas, vestidos con ropas brillantes.

5 Llenas de miedo, se inclinaron hasta el suelo; pero aquellos hombres les dijeron:

—¿Por qué buscan ustedes entre los muertos al que está vivo?

6 No está aquí, sino que ha resucitado.Acuérdense de lo que les dijo cuando todavía estaba en Galilea:

7 que el Hijo del hombre tenía que ser entregado en manos de pecadores, que lo crucificarían y que al tercer día resucitaría.

8 Entonces ellas se acordaron de las palabras de Jesús,

9 y al regresar del sepulcro contaron todo esto a los once apóstoles y a todos los demás.

10 Las que llevaron la noticia a los apóstoles fueron María Magdalena, Juana, María madre de Santiago, y las otras mujeres.

11 Pero a los apóstoles les pareció una locura lo que ellas decían, y no querían creerles.

12 Sin embargo, Pedro se fue corriendo al sepulcro; y cuando miró dentro, no vio más que las sábanas. Entonces volvió a casa, admirado de lo que había sucedido.

En el camino a Emaús

13 Aquel mismo día, dos de los discípulosse dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén.

14 Iban hablando de todo lo que había pasado.

15 Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos.

16 Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era.

17 Jesús les preguntó:

—¿De qué van hablando ustedes por el camino?

Se detuvieron tristes,

18 y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó:

—¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días?

19 Él les preguntó:

—¿Qué ha pasado?

Le dijeron:

—Lo de Jesús de Nazaret, que era un profetapoderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo;

20 y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran.

21 Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso.

22 Aunque algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro,

23 y como no encontraron el cuerpo, volvieron a casa. Y cuentan que unos ángeles se les han aparecido y les han dicho que Jesús vive.

24 Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como las mujeres habían dicho, pero a Jesús no lo vieron.

25 Entonces Jesús les dijo:

—¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas!

26 ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?

27 Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.

28 Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante.

29 Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo:

—Quédate con nosotros, porque ya es tarde. Se está haciendo de noche.

Jesús entró, pues, para quedarse con ellos.

30 Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio.

31 En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;pero él desapareció.

32 Y se dijeron el uno al otro:

—¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?

33 Sin esperar más, se pusieron en camino y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a sus compañeros,

34 que les dijeron:

—De veras ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón.

35 Entonces ellos dos les contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús cuando partió el pan.

Jesús se aparece a los discípulos

36 Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo:

—Paz a ustedes.

37 Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu.

38 Pero Jesús les dijo:

—¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón?

39 Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo.

40 Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies.

41 Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó:

—¿Tienen aquí algo que comer?

42 Le dieron un pedazo de pescado asado,

43 y él lo aceptó y lo comió en su presencia.

44 Luego les dijo:

—Lo que me ha pasado es aquello que les anuncié cuando estaba todavía con ustedes: que había de cumplirsetodo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos.

45 Entonces hizo que entendieran las Escrituras,

46 y les dijo:

—Está escrito que el Mesías tenía que morir, y resucitar al tercer día,

47 y que en su nombre se anunciará a todas las naciones que se vuelvan a Dios, para que él les perdone sus pecados. Comenzando desde Jerusalén,

48 ustedes deben dar testimonio de estas cosas.

49 Y yo enviaré sobre ustedes lo que mi Padre prometió.Pero ustedes quédense aquí, en la ciudad de Jerusalén, hasta que reciban el poder que viene del cielo.

Jesús sube al cielo

50 Luego Jesús los llevó fuera de la ciudad, hasta Betania,y alzando las manos los bendijo.

51 Y mientras los bendecía, se apartó de ellos y fue llevado al cielo.

52 Ellos, después de adorarlo,volvieron a Jerusalén muy contentos.

53 Y estaban siempre en el templo, alabando a Dios.

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San Juan

San Juan 1

1 En el principio ya existía la Palabra;y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.

2 Él estaba en el principio con Dios.

3 Por medio de él, Dios hizo todas las cosas; nada de lo que existe fue hecho sin él.

4 En él estaba la vida,y la vida era la luz de la humanidad.

5 Esta luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no han podido apagarla.

6 Hubo un hombre llamado Juan,a quien Dios envió

7 como testigo, para que diera testimonio de la luz y para que todos creyeran por lo que él decía.

8 Juan no era la luz, sino uno enviado a dar testimonio de la luz.

9 La luz verdadera que alumbra a toda la humanidad venía a este mundo.

10 Aquel que es la Palabra estaba en el mundo; y, aunque Dios hizo el mundo por medio de él, los que son del mundo no lo reconocieron.

11 Vino a su propio mundo, pero los suyos no lo recibieron.

12 Pero a quienes lo recibieron y creyeron en él,les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios.

13 Y son hijos de Dios,no por la naturaleza ni los deseos humanos, sino porque Dios los ha engendrado.

14 Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivióentre nosotros. Y hemos visto su gloria,la gloria que recibió del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad.

15 Juan dio testimonio de él, diciendo: «Este es aquel a quien yo me refería cuando dije que el que viene después de mí es más importante que yo, porque existía antes que yo.»

16 De su abundancia todos hemos recibido un don en vez de otro;

17 porque la ley fue dada por medio de Moisés, pero el amor y la verdad se han hecho realidad por medio de Jesucristo.

18 Nadie ha visto jamás a Dios;el Hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer.

Juan el Bautista da testimonio de Jesucristo

19 Este es el testimonio de Juan, cuando las autoridades judíasenviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle a Juan quién era él.

20 Y él confesó claramente:

—Yo no soy el Mesías.

21 Le volvieron a preguntar:

—¿Quién eres, pues? ¿El profeta Elías?

Juan dijo:

—No lo soy.

Ellos insistieron:

—Entonces, ¿eres el profeta que ha de venir?

Contestó:

—No.

22 Le dijeron:

—¿Quién eres, pues? Tenemos que llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué nos puedes decir de ti mismo?

23 Juan les contestó:

—Yo soy una voz que grita en el desierto: “Abran un camino derecho para el Señor”, tal como dijo el profeta Isaías.

24 Los que fueron enviados por los fariseos a hablar con Juan,

25 le preguntaron:

—Pues si no eres el Mesías, ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas?

26 Juan les contestó:

—Yo bautizo con agua; pero entre ustedes hay uno que no conocen

27 y que viene después de mí. Yo ni siquiera merezco desatarle la correa de sus sandalias.

28 Todo esto sucedió en el lugar llamado Betania,al otro lado del río Jordán, donde Juan estaba bautizando.

Jesús, el Cordero de Dios

29 Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo: «¡Miren, ese es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!

30 A él me refería yo cuando dije: “Después de mí viene uno que es más importante que yo, porque existía antes que yo.”

31 Yo mismo no sabía quién era; pero he venido bautizando con agua precisamente para que el pueblo de Israel lo conozca.»

32 Juan también declaró: «He visto al Espíritu Santo bajar del cielo como una paloma, y reposar sobre él.

33 Yo todavía no sabía quién era; pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: “Aquel sobre quien veas que el Espíritu baja y reposa, es el que bautiza con Espíritu Santo.”

34 Yo ya lo he visto, y soy testigo de que es el Hijo de Dios.»

Los primeros discípulos de Jesús

35 Al día siguiente, Juan estaba allí otra vez con dos de sus seguidores.

36 Cuando vio pasar a Jesús, Juan dijo:

—¡Miren, ese es el Cordero de Dios!

37 Los dos seguidores de Juan lo oyeron decir esto, y siguieron a Jesús.

38 Jesús se volvió, y al ver que lo seguían les preguntó:

—¿Qué están buscando?

Ellos dijeron:

—Maestro, ¿dónde vives?

39 Jesús les contestó:

—Vengan a verlo.

Fueron, pues, y vieron dónde vivía, y pasaron con él el resto del día, porque ya eran como las cuatro de la tarde.

40 Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús, era Andrés, hermano de Simón Pedro.

41 Al primero que Andrés se encontró fue a su hermano Simón, y le dijo:

—Hemos encontrado al Mesías (que significa: Cristo).

42 Luego Andrés llevó a Simón a donde estaba Jesús;cuando Jesús lo vio, le dijo:

—Tú eres Simón, hijo de Juan, pero tu nombre será Cefas (que significa: Pedro).

Jesús llama a Felipe y a Natanael

43 Al día siguiente, Jesús decidió ir a la región de Galilea. Encontró a Felipe, y le dijo:

—Sígueme.

44 Este Felipe era del pueblo de Betsaida, de donde eran también Andrés y Pedro.

45 Felipe fue a buscar a Natanael, y le dijo:

—Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en los libros de la ley, y de quien también escribieron los profetas.Es Jesús, el hijo de José,el de Nazaret.

46 Dijo Natanael:

—¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?

Felipe le contestó:

—Ven y compruébalo.

47 Cuando Jesús vio acercarse a Natanael, dijo:

—Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño.

48 Natanael le preguntó:

—¿Cómo es que me conoces?

Jesús le respondió:

—Te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera.

49 Natanael le dijo:

—Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios,tú eres el Rey de Israel!

50 Jesús le contestó:

—¿Me crees solamente porque te he dicho que te vi debajo de la higuera? Pues vas a ver cosas más grandes que estas.

51 También dijo Jesús:

—Les aseguro que ustedes verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

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San Juan

San Juan 2

Una boda en Caná de Galilea

1 Al tercer día hubo una bodaen Caná, un pueblo de Galilea. La madre de Jesúsestaba allí,

2 y Jesús y sus discípulos fueron también invitados a la boda.

3 Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo:

—Ya no tienen vino.

4 Jesús le contestó:

—Mujer,¿por qué me dices esto? Mi horano ha llegado todavía.

5 Ella dijo a los que estaban sirviendo:

—Hagan todo lo que él les diga.

6 Había allí seis tinajas de piedra, para el agua que usan los judíos en sus ceremonias de purificación.En cada tinaja cabían de cincuenta a setenta litrosde agua.

7 Jesús dijo a los sirvientes:

—Llenen de agua estas tinajas.

Las llenaron hasta arriba,

8 y Jesús les dijo:

—Ahora saquen un poco y llévenselo al encargado de la fiesta.

Así lo hicieron.

9 El encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde había salido; solo los sirvientes lo sabían, pues ellos habían sacado el agua. Así que el encargado llamó al novio

10 y le dijo:

—Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido bastante, entonces se sirve el vino corriente. Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora.

11 Esto que hizo Jesús en Caná de Galilea fue la primera señal milagrosacon la cual mostró su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

12 Después de esto se fue a Cafarnaúm,acompañado de su madre, sus hermanosy sus discípulos; y allí estuvieron unos cuantos días.

Jesús purifica el templo

13 Como ya se acercaba la fiesta de la Pascuade los judíos, Jesús fue a Jerusalén.

14 Y encontró en el templo a los vendedores de novillos, ovejas y palomas, y a los que estaban sentados en los puestos donde se le cambiaba el dinero a la gente.

15 Al verlo, Jesús tomó unas cuerdas, se hizo un látigo y los echó a todos del templo, junto con sus ovejas y sus novillos. A los que cambiaban dinero les arrojó las monedas al suelo y les volcó las mesas.

16 A los vendedores de palomas les dijo:

—¡Saquen esto de aquí! ¡No hagan un mercado de la casa de mi Padre!

17 Entonces sus discípulos se acordaron de la Escritura que dice: «Me consumirá el celo por tu casa.»

18 Los judíos le preguntaron:

—¿Qué prueba nos das de tu autoridad para hacer esto?

19 Jesús les contestó:

—Destruyan este templo, y en tres días volveré a levantarlo.

20 Los judíos le dijeron:

—Cuarenta y seis años se ha trabajado en la construcción de este templo,¿y tú en tres días lo vas a levantar?

21 Pero el templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo.

22 Por eso, cuando resucitó, sus discípulos se acordaron de esto que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras de Jesús.

Jesús conoce a todos

23 Mientras Jesús estaba en Jerusalén, en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en él al ver las señales milagrosas que hacía.

24 Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos.

25 No necesitaba que nadie le dijera nada acerca de la gente, pues él mismo conocía el corazón del hombre.